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lunes, 8 de mayo de 2006

Clichés


Resulta sobremanera interesante analizar los mecanismos de generación y transmisión de clichés. Tal estudio es el único que nos puede permitir superar la tendencia natural al transcurso por caminos machacados y abrirnos a nuevas formas de percepción. Conviene aclarar, de entrada, la diferencia entre lugar común ó sendero trillado y terreno delimitado. La delimitación de un terreno implica la fijación de límites, lo que a menudo supone una ayuda para un nuevo cartografiado. Si no hay una cierta resistencia, es difícil caminar equilibradamente. Nuestro actual culto a la ultraracionalidad puede dar lugar –y, de hecho, lo está haciendo-, a un gigantesco sistema de pensamiento mecánico. El propio término racionalidad deriva de razón, ó proporción. El razonamiento sería, pues, el proceso según el cual percibimos que podemos aplicar una proporción conocida a una nueva contingencia. Es decir, que podemos aplicar la igualdad A/B = C/D. De ahí inferimos la proporción ó razón, que nos servirá cuando detectemos una situación ó modelo que nos parezca similar. El problema del abuso de tal norma nos puede llevar a la creación de clichés. Este proceso pasa por la generación de categorías, que se van anquilosando y acaban convirtiéndose en cajas a través de las cuales discurre un único camino. En vez de abstraer razones, las aplicamos mecánicamente, para acabar pareciéndonos a aquellos hamsters enjaulados que giran perpetuamente alrededor de una noria. Existe otra causa, más interna, que alimenta el proceso de encorsetamiento de la racionalidad. Consiste en la ignorancia por lo que hace a las funciones no racionales, que son impulsadas hacia el inconsciente y reaparecen como exabruptos inarmónicos que salpican nuestra magnífica racionalidad con veneno subjetivo no reconocido como tal.

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