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lunes, 11 de febrero de 2008

simultaneidad y diacronismo


El estructuralismo atomizó la riqueza y la organicidad de las estructuras relacionales, asumidas de forma progresiva e inconsciente por parte de una civilización, en forma de códigos semánticos, en una especie de afán digitalizador de los diferentes lenguajes que, de nuevo, va asociado con una incesante operación de objetualización de cualquier aspecto de la experiencia histórica humana. Pero los códigos semánticos, desde el momento en que son utilizados, crean a su alrededor una especie de foco de cristalización a partir del cual se genera una “microcultura” que organiza la significación. El post-estructuralismo, o postmodernidad, a pesar de reivindicar una componente histórica o diacrónica en su discurso, por oposición al descriptivo o sincrónico estructuralismo, peca –en su obsesión por mantener una asepsia libre de cualquier metalenguaje que achaca precisamente al propio estructuralismo- del mismo mal: intenta la objetivización a toda costa aunque sea para después colgarle al objeto la etiqueta del relativismo. La única opción posible de avance viene ahora dada por un término clave: simultaneidad. Ese nuevo todo resultante de la presentación simultánea de las múltiples e inconmensurables visiones se sitúa en una dimensión de orden superior. No es el aristotélico todo-como-suma-de-las-partes sino la emergencia de una nueva estructura noética en donde los términos perspectiva y relativismo han perdido su significación.

2 comentarios:

david santos dijo...

Hola, Carles!
Bela postagene y un gran texto.
gracias por hacerlo

carles p dijo...

Muchas gracias, David.
Anima mucho comprobar que tus elucubraciones sirven para algo...

Saludos