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viernes, 18 de marzo de 2016

Unidimensionalidad


                Tal como leí hace poco, uno de los mecanismos de control de la sociedad actual consiste en explotar la apetencia humana por las verdades absolutas y las racionalizaciones fáciles. Las verdades absolutas ya no vienen hoy en día impartidas por las autoridades eclesiásticas, como sucedía en otras épocas (me refiero a occidente; en otras latitudes no solo las verdades absolutas sino los castigos por no observar tales verdades vienen impartidos por tales autoridades). En occidente las verdades absolutas vienen ahora reguladas por las autoridades científicas (o lo que la población ingenuamente asume por ello). Y tales verdades absolutas desembocan, sin excepción, en la dicotomía más primaria que existe: la que divide cualquier asunto, sean los alimentarios, médicos, sociales, culturales, psicológicos o espirituales en dos grupos: el de los buenos y el de los malos. Como las tele-series policíacas o las novelas de masas, que muestran a sus personajes de forma unidimensional: simplemente una línea con un límite que divide los buenos y los malos. No estoy defendiendo, por supuesto, que cualquier hábito, idea, creencia, sea clasificable a voluntad de cada cual. Simplemente defiendo la complejidad del mundo y el hecho de que no existen verdades absolutas, bien que las verdades puedan ser relativizadas en base a una escala comparativa no absoluta (¡A Dioscorides me remito!). La creencia en la existencia de asuntos buenos y asuntos malos está ligada, sin duda, a la creencia de que la ciencia descubre verdades absolutas. Si los gobiernos siguen empeñados en eliminar la filosofía y las humanidades de la educación secundaria no será difícil convencer –siquiera de forma inconsciente- a la población en general de que esto es claro y diáfano. Hace unos días ha fallecido Hilary Putnam, el influyente filósofo americano. Leo que su padre tuvo sus escarceos con el partido comunista americano de los años treinta. A ver si tendrá razón el memo que hace también unos días ha dicho, desde la regidoría de una alcaldía, que habría que suprimir la carrera de Filosofía y Letras, porque era un nido de marxistas-leninistas….

viernes, 26 de febrero de 2016

Preferencias


                 Es sobremanera difícil de entender plenamente algún fenómeno sin participar, en cierta manera, de él. Si se analiza desde fuera siempre se tiende a referenciarlo o a englobarlo dentro de nuestros referentes, por abstractos e intangibles que éstos sean. Algo de esto me sucede personalmente cuando trato de escuchar la música popular de nuestros días. No me refiero a la que escribieron John Lennon, Tom Jobim, Jacques Brel o Thelonius Monk, por poner ejemplos diversos (aunque todos ellos hacen malvas hace tiempo), sino a canciones que considero muy flojas porque las analizo bajo una perspectiva que quizás no les corresponde. Me pregunto como es que pueden tener tanto éxito. Y mi autorespuesta es: la publicidad. La fascinación que sentimos por los llamados fenómenos virales –al contrario que por las infecciones biológicas- explica su propagación. También la narrativa que en general acompaña a la “cultura popular”, que la sitúa cerca del común humano medio, al contrario que le “gran cultura” que ha quedado –especialmente después de la época de las vanguardias radicales de hace 65 años- restringida a las “clases dominantes”. Compro esta narrativa solo parcialmente. A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas que no pertenecían a ninguna “clase dominante” –y es urgente redefinir este término- con fuertes inclinaciones y apetencias hacia la tal “gran cultura” (dentro de la que, evidentemente, también hay grados de dificultad en cuanto a su degustación). Las canciones a las que me refiero no necesitan demasiado cacumen para ser construidas. Simplemente a base de unas cuantos elementos pregrabados, cuatro acordes y una línea melódica anodina que acompañe a un texto cualquiera (todo ello amplificado electrónicamente para sordos) ya se puede aspirar a ganar un premio de ventas. Quizás me pase un poco como lo que describe Ortega y Gasset a propósito del estreno del Hernani de Victor Hugo. Según escribe el filósofo en La deshumanización del Arte, el gran público abucheó la obra porque no entendió su romanticismno incipiente, mientras que los viejas pelucas que asistieron al acto abuchearon la obra porque sí la entendieron.

viernes, 19 de febrero de 2016

Teenetes, o de la circularidad del mundo


                  Después de disfrutar de un opíparo banquete coronado con dosis variables de alkaseltzer y perbocaciones, nuestro peripatético grupo de dialogantes se aposentó en una sala vecina al atrio de villa Paprika con objeto de degustar lentamente el exquisito té lila que Primula –a la que su difunto esposo había dejado la vida solucionada tras su desaparición- importaba directamente de la Manchuria francófona. Teenetes tomó entonces la palabra: –“La vida es/deviene –como decíamos esta mañana-, y el conocimiento es circular; independientemente de la dimensión en que nos movamos. Si lo hacemos en una dimensión, es como una circunferencia, si en dos, como un círculo, si en tres, como una esfera, si en cuatro, una hiperesfera, y así sucesivamente. Los razonamientos siempre acaban dando la vuelta al espacio n-dimensional en que nos hallemos, y nos vienen a encontrar de nuevo. Es por eso que nuestro cometido evolutivo consiste en ir añadiendo nuevas dimensiones a nuestras apreciaciones una vez exploradas las dimensiones inferiores. Con ello aumentaremos siempre el orden de nuestro mundo, nuestro entorno y nuestros referentes. Cada orden dimensional, sin embargo, nos parecerá inconcluso y misterioso, y esa es una de las mayores grandezas de la vida. Nunca disiparemos el misterio porque a cada nuevo ascenso dimensional el mundo nos parecerá nuevo e inexplorado. Cuando nos apegamos a una dimensión sin promover el ascenso es cuando nos encontramos con racionalizaciones como el cientifismo –que nada tiene que ver con la auténtica ciencia-, reduccionismos como la postmodernidad –la cual, sin duda, no tiene en absoluto autoconciencia de su propia limitación-, e incluso cautividades en esferas mucho más primitivas –es decir, que pueden ser percibidas como patológicas- como la mítica y la mágica. –“Permíteme una puntuación, buen Teenetes, -interrumpió Olecrania, nunca del todo satisfecha con las visiones integrales- el caso es que tú todavía contemplas tu objeto, que en este caso es el propio conocimiento, con ojos de sujeto ¿o acaso el conocimiento se sitúa fuera de las hiperesferas de las que con tanta soltura hablas? –“Gentil Olecrania, sabes bien que considero que el propio conocimiento se ve sometido a la progresión que he descrito. Cuando el propio conocimiento se intenta situar fuera del esquema es cuando aparecen la narrativas. Te pondré un ejemplo. En el último mes le ha tocado un premio importante de la loteria española y otro de la catalana a la misma persona. Podemos pensar que la persona había comprado gran exceso de números de lotería, que  se trata de un golpe de suerte, de un capricho del destino, de la curvatura privilegiada de un campo mórfico, de una singularidad fractal, de una mera casualidad, de una influencia astral, de la presencia de un atractor caótico o de un regalo de los dioses. Todas y cada estas posibilidades corresponde a una narrativa (si: ¡todas!). Que cada cual elija la que más le aplique. Cada una se puede asociar a un estadio de evolución del pensamiento, a una dimensión de la famosa esfera…” –“Querido Teenetes, ¡esto huele ya a cuerno quemado! –intervino el joven Epistaxio-. Con todo tu montaje sofista lo único que aseguras es que, cualquiera que sea la situación, tú mismo tienes bien firmes las riendas de la argumentación; es decir, del poder. ¡Te dedicas simplemente a capturar todo el terreno imaginable con objeto de desarmar a tus adversarios! –“Serenate, oh exaltado Epistaxio, y pon un poco de cordura a tus –por otra parte bien necesarios- ardores juveniles” –contestó, con suavidad, Teenetes-. “Llevas razón: mis argumentaciones son inclusivas, pero también te equivocas: no es mi deseo participar en un torneo de argumentos y mucho menos en una lucha de poderes. En esto llevaba razón Olecrania: la inclusividad, la síntesis, la (¡siempre necesariamente inconclusa!) integralidad forman parte de mis debilidades intelectuales o, mejor dicho, de mis señas de identidad noológica. Piensa que siempre los mayores enemigos no son los que ostentan visiones o apetencias antagónicas o  complementarias, sino precisamente los que comparten las ansias de poder pero cada uno lo ve desde su propia perspectiva personal”. –No había apenas Teenetes acabado su frase cuando el recién incorporado Podialgio, que estaba en ese momento comiéndose con fruición una zalacca, comenzó a balbucir con fuerza mientras gesticulaba como un loco. Los presentes se quedaron estupefactos e inmóviles mientras la situación empeoraba por momentos. Solamente el joven Epistaxio tuvo la rapidez de reflejos para aplicar sobre su amigo la maniobra de Heimlich, cosa que lo liberó de una asfixia casi inmediata. –“Sé bienvenido de nuevo al mundo, goloso Podialgio, y agradece como es debido a tu joven amigo Epistaxio el que puedas seguir viendo salir el sol por las mañanas”, sentenció Olecrania. Apenas se hubo recuperado Podialgio de su aparatosa congestión, se dirigió así a su salvador: –“Amigo Epistaxio, estoy en intensa y duradera deuda contigo ya que, desengañaos todos, sabios Diaximenes, Dioscorides y Teenetes: la realidad se ve en primera persona; todas vuestras teorizaciones no son más que pálidos reflejos de la vida, que constantemente nos ofrece sus mil facetas para ser vividas, sentidas e incorporadas”. Los concurrentes se sumaron a la alegría de Podialgio y Epistaxio y esa misma crepúsculo se entregaron a una celebración báquica que duró hasta bien entrada la madrugada. 


viernes, 12 de febrero de 2016

Dioscorides, o del fractal de las cajas chinas


                   El alba del siguiente día pudo observar como Teenetes practicaba sus ejercicios de yoga matinales, sus abluciones y su ofrenda a los dioses antes de bajar a desayunar a la sala Luis XV de villa Paprika, que a esa hora y debido al sol naciente, ofrecía a los madrugadores huéspedes un milagroso espectáculo lumínico. Primula, observando atentamente, indicaba al personal las necesidades de sus invitados. En la gran mesa circular se hallaban ya Diaximenes y Octopa, ésta última interpretando los sueños que puntualmente le relataba su anciano interlocutor. Pronto se unieron al grupo Dioscorides y Teenetes, que se habían encontrado en el ascensor. Epistaxio todavía dormia y Podialgio, después de pasar una mala noche, había conseguido ser llevado en brazos de Morfeo a una hora que le prevenía bajar temprano a la colación matinal. –“Como te iba diciendo, ¡oh Teenetes!, ayer estuve, durante la duermevela hipnagógica, digiriendo las palabras que utilizaste en tu argumento en contra de mi defensa de la evolución, y un segundo antes de caer en el sueño todo el panorama se ensambló en mi pensamiento de forma clara y distinta”. –“Descríbenos la narrativa de tal ensamblaje, honrado Dioscorides”, -suplicó Olecrania, siempre en busca de nuevos argumentos. –“Pues bien, mi argumento se basa en el descentramiento, en el paso de una perspectiva limitada a una más amplia que limita la primera a un corte n-1 dimensional de la segunda”.-“aclara tus palabras, Dioscorides, o acabaras en el club de los pensadores oscuros”-apostilló Teenetes. -“Lo siento, Teenetes, mi lengua no alcanza a expresar prontamente el entramado con que la intuición me ha obsequiado… digamos que lo que veo es que esa extraña y escurridiza percepción a la que llamamos tiempo y a la que habitualmente relegamos como un elemento que nada tiene que ver con nuestras habituales coordenadas espaciales está relacionada con el descentramiento de orden n+1 al que aludía.”-“¡No fastidies que acabas de reinventar la relatividad restringida, Dioscorides!” –gritó, decepcionada, Olecrania-. “-¿Para esto has utilizado un preámbulo tan ampuloso?”. –“Comprendo tu decepción, Olecrania, pero antes de juzgar mis balbuceos déjame terminar, te lo suplico” –contestó un hemiavergonzado Dioscorides-.“No hace tantos años que todavía se debatía sobre la biogénesis en términos de panspermia, de generación espontánea, de hecho aislado, de hecho no observable por científicos de las más variadas corrientes de pensamiento. Curiosamente, al abandonarse la hipótesis de la generación espontánea –que hoy en día parece que hace reír a casi todo el mundo- se retrocedió también en la hipótesis de la evolución desde la no-vida, y se substituyó por la hipótesis panspérmica –que refiere, sin duda, al mito- o la consideración de la biogénesis como un accidente de probabilidad mesurable nula –que refiere a una negación escéptica con pocas probabilidades de desarrollo ulterior”. –“A-a-a-a-ahora s-s-s-si que he pe-pe-perdido el hilo, Dioscorides” –confesó Diaximenes, recién sumado a la deambulante argumentación de su contertulio-. –“Intenta revolver un poco toda mi palabrería anterior, ¡oh Diaximenes!, y dejar que dé lugar a un nuevo aroma: Todos los protagonistas del debate pasaban por alto el hecho de que el proceso de biogénesis se dilata lo suficientemente en el tiempo como para considerar que no ha acabado aún de desarrollarse. Cualquier consideración, por teórica que fuera, no constituía más que una foto fija. Nuestra observación de los fenómenos del mundo, con toda su dinámica, su sistémica y sus constelaciones, no deja de ser también la observación por parte de un entomólogo de una caja de mariposas clavadas con alfileres. Enlazando ya con las consideraciones de ayer puedo comprehender vuestras notables aportaciones con la idea de que 1/ el invariante de Teenentes con que cotejar los estados evolutivos tiene la misma naturaleza de corte epistemológico que los estados, pero en un orden de dimensión n+1 y 2/ las metaposiciones que apoyan cualquier narrativa se hallan en el mismo orden dimensional que la narrativa original”. –“O sea que –prosiguió Olecrania- llegas a la filosofía de Heráclito 2500 años más tarde, pero con un condimento de relatividad, de autogeneración de sistemas y de recurrencias gödelianas ”. -“Ni más ni menos, sagaz Olecrania”. –“Pero ya sabes bien, audaz Dioscorides, que la cultura occidental, de la cual procedían los precedentes que has enumerado, tuvo siempre una fijación con el ser de Parménides más que con el devenir de Heráclito”. –“Pero con muchas y notables excepciones, amable Olecrania: Hegel, Nieztsche, Heidegger, … Se podría decir que la visión del ser y la del devenir son mundos que se autocontienen simultáneamente, como el ying y el yang. Yo te acabo de describir la visión desde una de las perspectivas. Te podría de la misma manera describir la visión complementaria, la que tú llamas habitual a lo largo de la historia de occidente. La visión que da origen a los términos evolución y comparación entre estados evolutivos que discutíamos ayer. Fíjate cuan cosida tenemos esta visión a nuestra epidermis que somos incapaces de ver la visión alternativa que acabo de tratar”. –“Pero entonces, querido Dioscorides, ambas visiones representarían la misma realidad vista desde ángulos diferentes?” –intervino, entre retador e irónico Teenetes-. “Querido Teenetes: sé hacia donde me quieres conducir: hacia una nueva dicotomía que englobe mi juego sofista. Mi respuesta es ésta: ambas visiones no son ni complementarias ni antagónicas: se autocontienen una a la otra hasta el infinito, como el huevo y la gallina. ¿Es ésta una respuesta conforme a tu alta concepción del razonamiento o debo sacar más conejos de la chistera?”-En este punto todos los concurrentes fueron incapaces de reprimir una sonora carcajada, incluyendo a Primula, que, una vez organizada la velada, se había sumado pasivamente al diálogo. Únicamente Epistaxio, que justo acababa de llegar a la sesión -y también a la mayoría de edad-, se sintió desconcertado, mientras Podialgio seguía descansando en sus aposentos. Primula invitó entonces a sus huéspedes a disfrutar del jardín de plasma que había instalado en el ala este de su villa para entretenerlos con diversas maravillas hasta la hora de comer.


viernes, 5 de febrero de 2016

Diaximenes, o de la relatividad del relativismo


                      Cuando Teenetes apareció por la esquina de la bocacalle que había enfrente mismo de la parada del autobús la asamblea levantó un murmullo de aprobación. Primula y Octopa, especialmente, mostraron su alegría por la llegada de quien consideraban el alma de su grupo. Con Teenetes las cosas tomaban vida y nada alrededor parecía indiferente a sus disquisiciones. En la parada, como cada día a esa hora, un abuelo esperaba con impaciencia la llegada del transporte, pese a lo intempestivo del horario. No para cogerlo, sino para extraer un ejemplar gratuito de la prensa del día con que la empresa de transportes obsequiaba a sus usuarios. Cuando el autobús apareció a lo lejos, el iaio empezó a impacientarse y no se sosegó hasta que pudo conseguir su botín gracias a la complicidad de una usuaria con aspecto andino, quien renunció así a su obsequio. El conductor connivió con toda la operación, que acabó otorgando así el periódico a quien no era usuario de la línea. Hipostarco tomó entonces la palabra y comenzó así el diálogo con esta observación: -“Lo que habéis observado no es un hecho aislado, sino que cada día tiene lugar puntualmente. Y cuando la cómplice del abuelo no es la chica andina la persona que la reemplaza le suele alargar un periódico y tomar otro para ella. ¿Qué os parece, pues, mejor y más deseable: la justicia social que ofrece periódicos a los viajeros o la caridad que procura un ejemplar al viejo no viajero? –“La caridad no es necesaria cuando la justicia social se imparte de forma equitativa, Hipostarco” –dijo el joven Epistaxio- “y el hecho de que nos hagas esta pregunta responde a la cuestión sobre el estado de la justicia social en nuestra sociedad”. –“Pero nota bien, Epistaxio” –prosiguió Teenetes- “que la mujer andina renuncia a su obsequio y anula así la injusticia social que tu pareces advertir en el hecho que denuncias”. “Todo depende de la percepción cultural desde la que observemos el hecho” –terció Octopa, que hasta entonces se había mantenido en silencio mientras se mostraba muy atenta a las palabras de los dialogantes-, “Los pueblos afectuosos como los andinos perciben al abuelo como un ser necesitado de cariño y es por ello que realizan de forma natural su obra de caridad. No ven tan claro el tema de que el periódico es un servicio que se ofrece a los viajeros y que se está perjudicando a uno de ellos. Un centroeuropeo percibiría injusticia donde un andino percibe caridad.” Teenetes recogió la última aportación: -“dices bien, Octopa: yo añadiría que la justicia social viene a ser un trasunto masificado y despersonalizado de la caridad. Es absolutamente necesaria, pero también lo es la caridad, que transforma, al revés que la justicia social, que simplemente corrige.” No había acabado su frase Teenetes cuando el bus llegó a la siguiente parada y allí lo tomó Olecrania, cuya unión al grupo provocó una reacción positiva en Teenetes. –“Sé bienvenida, Olecrania, y toma asiento entre nosotros uniéndote a nuestra conversación”. Olecrania mostró en seguida la fina ironía que hacía las delicias de Teenetes: -“No sabía, Teenetes, que estabas promoviendo los diálogos peripatéticos motorizados!”. –“Sí, es un homenaje conjunto a Platón, Aristóteles y General Motors, una nueva experiencia sinestésica”, terció rápidamente Teenetes devolviendo la ironía. –“Promuevo estos diálogos pero veinticinco siglos más tarde que nuestros antepasados, en una época post-kantiana, post-existencialista y, ad fortiori, post-moderna”, siguió Teenetes. –“Y post-gödeliana, no lo olvides, Teenetes”-añadió Dioscorides. -“Así, los principios de la lógica aristotélica han pasado a no ser más que un caso especial de algo más extenso que los engloba”. –“Pero entonces ¡¿ya no hay nada sólido bajo nuestros pies?!”-concluyó, consternado, Podialgio; -“¡Ya no podemos confiar ni en el viejo Platón!”. Olecrania rió para sus adentros mientras Dioscorides frenaba los impulsos desaforados de Podialgio: -“No saques conclusiones chiripitifláuticas de la chistera de la práctica común, amigo Podialgio!. Como bien sabes, el buen Albert Einstein, firme visionario de nuevos mundos pero huésped permanente de otros mundos viejos, ideó un experimento teórico con el que, por reductio ad absurdum, desbaratar el edificio de la indeterminación de los físicos cuánticos”. –“Todos conocemos la historia del gato de Schrödinger, ¡oh, Discorides!”, -contestó Podialgio. –“Pues bien, podemos construir aquí también un modelo gatuno del conocimiento”, -siguió Dioscorides. –“Todo acto de conocimiento es un colapso; una mera foto del gato entrando por la ventana. En cuanto el gato entra, la estancia cambia completamente. En otras palabras, el conocimiento modifica nuestra manera de aprehenderlo. Y la gente, en la vida diaria, cree a pies juntillas que su mecanismo de aprehensión y de percepción queda invariable ad infinitum después de cada acto de conocimiento. Los filósofos que nos han precedido, los de la  Postmodernidad, han ido más allá y han aprendido que no existen hechos (gatos) sino interpretaciones (estancias). Esta constatación, Podialgio, es la que provoca en ti la náusea que hace poco has experimentado. Para tu consuelo puedo añadir que la única medida es el grado de cambio de una estancia a la siguiente: lo que llamamos evolución, que no se mide frente a un fondo inmóvil de estrellas fijas sino comparando estados sucesivos”. –“Tus oscuras metáforas, Dioscorides –sugirió Teenetes-, más que ilustrar despistan a la concurrencia ya que ¿cómo medir las diferencias entre dos estados sucesivos sin contar con la existencia de un invariante con que cotejarlos? El tartamudo Diaximenes, que hasta entonces no había tomado la palabra, reaccionó por fin al último comentario: -“buen Tee-e-e-netes, por querer sa-a-a-alir apresuradamente de la post-mo-mo-mo-modernidad ¡no caigas tú también en la tra-a-a-ampa de la regresión a la moderni-ni-ni-nidad! Como el agudo Diosco-co-corides insinuaba hac-c-c-ce poco, los filósofos de la post-modernidad han v-v-vivido una época post-gödeliana y ellos mismos han consta-ta-ta-ta-tado lo que el brillante matemático y el no menos brillante lógico Tarski int-t-t-tuyeron en sus campos de acción: no existen si-si-si-si-sistemas que puedan, por sí mismos, autoexplicarse ni autom-m-m-mesurarse. Cualquier sistema precisa apoyarse en un me-me-me-metasistema para sostenerse. Los postmodernistas decían que no existen metaposiciones; los transmodernistas decimos que t-t-t-t-to-toodo son metaposiciones”.-“En efecto, sabio Diaxímenes, y lo divertido del caso –añadió Olecrania-, es que este argumento, o alguno parecido, ha sido empleado a la vez por los místicos orientales y los nihilistas occidentales a lo largo de los siglos”. –“Todo, entonces, es incierto!” –Podialgio volvió a panicar-. El autobús llegó por fin a la villa Paprika, propiedad de la encantadora Primula. Los viajeros, tras descender del autobús, fueron conducidos a los baños en donde realizaron sus pediluvios, y posteriormente, tras cambiar sus túnicas, hacia la suntuosa estancia en donde una exquisita cena había sido servida. Los comensales se aposentaron entonces y siguieron con sus afiladas conversaciones menos Teenetes, que se retiró discretamente a meditar a sus aposentos. 


viernes, 29 de enero de 2016

Conexión



                        ¡Cuan poca gente, todavía, es capaz de salir de sus coordenadas mentales más inmediatas y tener una visión más integral del mundo! Y no me refiero, evidentemente, a un apartarse cuantitativo, de un tomar más distancia, sino a un ascenso cualitativo, dialéctico. Quien todavía vive en la Modernidad da por sentado que las trazas, los thumbs, el engramado de las ideas, de los objetos, del conocimiento, de la percepción, de las creencias, de la belleza o de la comunicación simplemente no existen y que la res extensa y la res cogitans constituyen mundos estancos. Los que viven en la Post-Modernidad han captado el relativismo de la Modernidad y no solamente perciben los engramados sino que en todo momento acompañan sus constructos con ellos, en un sinfín de explicaciones que a veces rozan el ridículo. Los que viven en la Trans-Modernidad se han percatado de que los engramados no se construyen ab initio, desde la nada objetiva, sino que todo se halla sometido a la evolución, y los telones de fondo blanco absoluto, simplemente, no existen. El que haya entendido mi fugaz descripción habrá entendido el 85% de este blog.

viernes, 22 de enero de 2016

Ambitos


                        La evolución, por regla general y a largo término, comporta un aumento de  la complejidad. Y con ella el aumento de posibilidades tanto para lo mejor como para lo peor. Hablo en general, tanto de los sistemas biológicos como de los noológicos. Nuestro estado de evolución en cuanto a los medios de comunicación no es una excepción y actualmente la red nos permite acercar tanto a las cimas del arte, del pensamiento y de la ciencia como efectuar un descenso a las simas más miserables del narcisismo, la necedad, la locura o la sinrazón. Los sistemas biológicos, por supuesto, también acusan la doble consecuencia del aumento de la complejidad, volviéndose a la vez más capaces pero en cierta manera también más frágiles. La gran diferencia de los sistemas actuales de comunicación estriba, a mi parecer, en la rápida configuración y modificación de su ecología. Hace solamente cincuenta años, el hecho de publicar un libro, opúsculo o incluso folleto de propaganda era un proceso limitado y más o menos costoso desde diversos puntos de vista. Y este hecho, en cierta manera, limitaba la generación de basura (que también, evidentemente, se publicaba). El nicho ecológico resultaba, así, limitado, y solamente las obras de envergadura alcanzaban una difusión importante. Hoy en día cualquier memo puede escribir estupideces en la red o, peor aún, colgar vídeos tóxicos o simplemente idiotas que alcanzan una difusión extraordinaria (aunque extraordinariamente efímera, también). No entro ya en el tema de los mensajes subliminales o los que tienen por objeto el lavado de cerebro de los receptores. Y la estupidez tiene, así, un efecto multiplicativo importante. Es la celebración masiva de la ignorancia, nuestro becerro de oro particular. 

viernes, 15 de enero de 2016

Artificiosidad


            A lo largo de la historia de occidente se han sucedido épocas de más tendencia a la artificiosidad con otras en que se ha ido en dirección contraria. En mi primera juventud las chicas que no iban con la cara lavada (además de falda escocesa, botas camperas y capazo al hombro) eran consideradas una anomalía y eran rápidamente calificadas como reaccionarias. Hoy en dia observamos gustos y estéticas opuestos (las de la cara lavada son consideradas frikies; la palabra reaccionario ha caído prácticamente en desuso). Hace unos treinta años la mitad de los spots televisivos contenía la palabra natural (algunos de ellos la usaban de forma muy chusca: “es como muy natural”) como sinónimo de producto poco elaborado (mentían como cosacos; se trataba de una 'naturalidad' de lo más artificioso). Qué quiero decir con todo ello? Pues que ni naturalidad ni artificiosidad tienen per se ninguna connotación peyorativa o meliorativa. Una obra tan artificiosa como el mozartiano Cosi fan tutte contiene chispas de clarividencia sobre la psicología humana que obras naturalistas como Cavalleria Rusticana son incapaces de mostrar (la comparación es falaz, lo reconozco). En el mundo del cine sucede una cosa similar con los decorados. En la época en que los decorados no suponían una imposibilidad de producción, si el director tenía suficiente genio como para integrar su estética en la narrativa, su utilización revelaba aspectos profundos que el decorado natural no ofrece por si sólo (a no ser que otro director con genio los integre de forma similar). Los mares de plástico de Amarcord o E la nave va son infinitamente más expresivos que muchos mares reales. Hoy en día, de todas maneras, más que vivir en una realidad artificial, vivimos en una hiperrealidad. Todos nuestros constrictivos constructos racionalizadores (¡que no racionales!), nuestras simulaciones, nuestras sobreexplicaciones y nuestra tendencia a considerar nuestro pequeño espacio como el universo vacío y neutro contra el que pinchamos con alfileres nuestras consideraciones no tienen nada con ver que lo que llamo artificiosidad. Como la estética del reality show televisivo, que no es artificiosa sino falsa hasta la médula.

viernes, 8 de enero de 2016

Boulez est mort


                 En 1952, un año después de la desaparición del fundador de dodecafonismo, el entonces joven Pierre Boulez publicó un opúsculo en la revista musical británica The Score en la que, más que homenajear a su antecesor, declaraba el alejamiento de su estética. La gran cuestión en la vida y obra de Schoenberg había sido la ruptura –en cierta manera, fallida- con la estética expresionista de la que había surgido la atonalidad. La fijación del dodecafonismo a mediados de los años 20 fue un hito mayor en este alejamiento pero no consiguió per se la superación de tal estética. Mientras que la música de Webern sí consiguió prender la mecha de la siguiente generación (e incluso reavivar la vieja; caso de Stravinsky) y la música de Berg quedó definitivamente ligada al expresionismo de entreguerras, la música de Schoenberg siempre osciló entre los dos mundos. En la época del artículo las primeras obras de Boulez ya habían impactado fuertemente en el mundo musical del momento. Era la vanguardia de Darmstadt, que execraba del neoclasicismo pero también del expresionismo. Boulez se constituyó rápidamente en su jefe de fila, imponiendo el serialismo como única forma “históricamente consecuente” del hacer musical del momento. Que Boulez fue uno de los grandes compositores de la historia no cabe la menor duda. Mirando retrospectivamente la producción de las vanguardias de los cincuentas su pieza Le Marteau sans Maître sigue pareciéndonos una de las más significativas y grandes del período. A pesar de los dictados del “Robespierre de la música”, sin embargo, en los propios años cincuenta-sesenta aparecieron vanguardias no necesariamente ligadas al serialismo (Xenakis y después Ligeti o Kagel). Más tarde, con el advenimiento de la postmodernidad, el propio Boulez adoptó estéticas mucho menos radicales generando obras mucho menos áridas y más fácilmente accesibles. De esta época me quedo con Rituel (1975), Répons (1981) y ...explosante-fixe... (1993), obra por la que siento una gran debilidad. En esa época Boulez fue identificado por el gran público como un director de orquesta exigente y poco convencional, como mostraron su paso por la New York Philarmonic (1972-1976) o la dirección de la famosa Tetralogia wagneriana del centenario en Bayreuth (1976). Personalmente considero a Boulez un buen director, pero no excepcional (él mismo decía que, comparada con la composición, la dirección ocupaba una posición secundaria en su carrera). A mediados de los setenta, con la fundación del IRCAM y, posteriormente, del Ensemble InterContemporain, la cultura oficial gala acabó reconociendo el genio de Boulez quien, fiel a sus orígenes estéticos, acaba de morir en su residencia habitual de Baden-Baden, cercana a su dorado Darmstadt de juventud. Muertos ya Stockhausen, Nono, Berio, Maderna, Pousseur y ahora Boulez poco queda ya de aquella agresiva y tonificante vanguardia que apareció a finales de los cuarenta, en un intento por parte de las autoridades de la recién fundada Bundesrepublik de superar el pasado cultural nazi.