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lunes, 3 de abril de 2006

Experiencia


Cuando leemos un libro que nos complace especialmente no adquirimos experiencia como tal, pero sí que resonamos con su contenido; se nos activa toda una serie de conocimientos que ya parecían estar latentes en nosotros. Gracias a la persona que ha sabido conceptualizar y poner en términos de lenguaje una idea, la hemos recordado ó actualizado. Sucede algo parecido cuando aprehendemos una obra artística con la que podemos identificarnos en un alto grado. Quizá el descubrimiento de la obra de un gran creador nos puede abrir un mundo nuevo que configure todo un campo de experiencias. En este caso no se trata de una simple conceptualización que utiliza el lenguaje, sino de algo más: este lenguaje está escrito sobre un soporte directamente perceptible por nuestros sentidos. La unión de carne y espíritu que conlleva la obra artística puede dar lugar a toda una profunda experiencia situada más allá de la conceptualización. En ciertos contextos, se considera a la música como una forma de meditación.

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