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viernes, 27 de abril de 2007

EL APERSPECTIVISMO EN LA MUSICA DEL S XX 7/ Epílogo. La Transtonalidad


En la secuencia histórica que hemos estado recorriendo desde principio de siglo el proceso evolutivo ha mostrado una dirección –o más propiamente, varias direcciones, que en ocasiones han convergido- en la que no se han apreciado grandes fisuras ó vueltas atrás (no según el particular concepto de vuelta atrás de T. Adorno). Y si los ha habido, han sido debidos principalmente a causas externas digamos que circunstanciales, como las dictaduras políticas que han acompañado una parte demasiado importante del desarrollo histórico del S XX. Tras la experiencia del serialismo integral, sin embargo, y a partir de principios de los años setenta, se puede entrever algo que puede parecer una regresión si se observa con una perspectiva de tiempo demasiado corta.

Desde nuestra posición situada a principios del S. XXI podemos observar el recorrido sufrido por la música durante el último siglo con una perspectiva mucho más amplia de lo que nos era posible hace, digamos, unos veinte años. Si nos enmarcamos en un modelo posmodernista y afirmamos que la música no es tan solo una combinación de sonidos sino que comporta además una forma de percibirlos, podemos intuir que nos hallamos en los comienzos de un nuevo metaparadigma (el “post-tonal”), sea cual sea este desarrollo, todavía poco conocido por nosotros. El metaparadigma de la tonalidad empieza en una época pre-tonal, digamos alrededor del S. XII; se fue desarrollando hasta establecer unes bases muy claras con el Clasicismo en la segunda mitad del S. XVIII y, a partir de aquí, comienza un proceso de alejamiento con la progresiva incorporación de la modalidad y del cromatismo. Estas tendencias conducen, respectivamente, ya entrado el S. XX, hacia la “tonalidad ampliada” y la atonalidad, siendo ésta después formalizada con el dodecafonismo y el serialismo. Estas corrientes, aunque per se se alejen de la tonalidad, son percibidas todavía por sus contemporáneos dentro del metaparadigma tonal; escuchamos a Bartók, Berg, Schönberg ó Dallapiccola con el oído de la tonalidad. Pero hete aquí que, después de unos años de evolución ininterrumpida hacia un progresivo alejamiento, por allá en los años setenta asistimos a lo que entonces parecía una involución ó un abandono por parte de las vanguardias de la combatividad que las había caracterizado a partir de 1950. Sin embargo, ahora nuestra perspectiva se ha ampliado y somos capaces de distinguir entre involución y cambio de metaparadigma. La nueva perspectiva, como sucede en toda evolución del conocimiento, amplía la visión anterior, integrándola de una manera dialéctica dentro del conjunto de la historia. A propósito de sus Études para piano (1985-2001), György Ligeti ha afirmado que no se trata de música tonal ni atonal, aunque, por ejemplo, el nº 15 esté casi enteramente construido sobre las teclas blancas. Una cosa similar le sucede a la obra más reciente de Mauricio Kagel ó a la música de compositores como Thomas Adès ó, entre nosotros, la del prematuramente desaparecido Jep Nuix. Los primeros “musicanautas transtonales”, además de parte de los vanguardistas clásicos de los años cincuenta (Boulez, Nono, Stockhausen, Maderna,...) pueden ser John Cage (recordemos la advertencia de Schönberg) ó también una parte de la obra del período intermedio de O Messiaen (aunque en este caso un trasfondo modal siempre ha estado, de hecho, presente).

Nos hallamos aún demasiado cerca del nacimiento de este nuevo desarrollo y probablemente nuestra consciencia se halla todavía demasiado enraizada alrededor de la tonalidad. El director de orquesta E. Ansermet, en su monumental –y bastante aburrido- tratado “Les Fondements de la Musique dans la Conscience Humaine” (1961), sostiene –fruto en parte de una rabieta más ó menos inconsciente contra el Stravinsky postwebernista- que la tonalidad es el lenguaje musical natural, basando esta apreciación en que refleja el fenómeno físico de las series armónicas. Si tal fuera ello, ¡No habría cosa más antinatural que la música tradicional de la India!

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Carles, segui aténtamente tus posts sobre el aperspectivismo musical y realmente un placer leerlos (y reelerlos).
Me quedé con las ganas de tu visión, un poco más detallada, sobre el Minimalismo, en cuanto al lugar que ocupa en el desarrollo de la música actual, y porque no que tendencias vez en un futuro a mediano y largo plazo.
En fin es muy bueno encontrar articulos interesantes para pensar, y más si es sobre un tema tan apasionante como la música.
Saludos desde Argentina.

carles p dijo...

Muchas gracias por tu comentario; anima mucho el comprobar que alguien se dedica a leer tus reflexiones, y todavía más si lo hace desde un punto geográficamente tan lejano. Respecto a tus comentarios sobre el minimalismo creo que es uno de los puntos que hay que ampliar más, aunque de hecho espero poder ir amplificando todas las ideas que aparecen porque están muy comprimidas en general. Respecto al futuro el último post, la transtonalidad, hace alguna referencia a alguna de las posibles derivaciones que puede seguir la música en un futuro.
Una vez más, gracias por tus comentarios y un saludo desde Barcelona.

Anónimo dijo...

Hola Carles, saludos nuevamente desde la argentina. Me tomo el atrevimiento de aconsejarte que leas una nota donde se hace un paralelismo entre el serialismo integral y algunos acontecimientos politicos surgidos en el siglo pasado. Aunque discrepo totalmente con el punto de partida y conclusiones del autor, no deja de ser un ejercicio intelectual interesante. Quien firma la nota es un periodista de nuestro pais, perteneciente a un diario "progresista", quien no me dió tiempo a contestarle, ya que falleció recientemente.
Espero te interes. El link es
http://www.harrymagazine.com/200207/07_subversion_en_la_musica_clasica.htm

Como siempre espectacular tu Blog
Saludos, Martin

carles p dijo...

Hola Martín,

He estado leyendo el artículo al que aludías. Creo que está más escrito con el estómago que con la cabeza, lo cual lleva en muchas ocasiones a callejones sin salida. Además, mezcla muchos temas: los totalitarismos políticos, los escritos de Adorno, la popularidad de las vanguardias...Respecto a Adorno, cada vez que releo fragmentos de Philosophie der neue Musik u otros escritos suyos de tema musical me reafirmo en mi primera impresión. Son obras escritas también con el estómago, cosa perdonable en un periodista pero no en un filósofo. Y es el estómago de un centroeuropeo incapaz de ver más allá de su mundo privado, constituido por la música de su maestro Berg y la de sus predecesores. Adorno no ensalza el método dodecafónico, sino el expresionismo. No habla de música, sino de civilización. Y dentro de ese concepto, evidentemente, Le Sacre du Printemps, no puede caber de ninguna manera. A partir de ahí deduce las historias más peregrinas sobre la doncella elegida, etc.
Cuando Claudio Uriarte relaciona, sin más, vanguardia musical con totalitarismos políticos da un salto en el vacío difícilmente salvable. Y cuando califica a algunos de los más grandes compositores del S XX (Debussy, Stravinsky, Bartok, Milhaud o Messiaen) como “intermedios entre los más conservadores y las vanguardias” da muestras de una miopía considerable. En la lista de los compositores que “integran el S XX mucho más convincentemente que los vanguardistas”, entre varios buenos compositores (muchos de ellos de segunda fila), propone unos cuantos maestros –W. Schuman, A.Copland, F. Martin e incluso en alguna ocasión el propio Britten- que utilizaron la escritura de doce sonidos.
El problema de la popularidad de la música del S XX es muy complejo de tratar. He intentado dar alguna pincelada suave en algún post, como Intercambio de experiencias (26/04/06) ó Repertorio(31/07/06).

Encantado de recibir tus sugerencias y consejos (¿No dispones de un blog?).

Saludos muy cordiales,

Carles