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jueves, 26 de enero de 2006

Simposiomania


La tendencia morbosa y enfermiza hacia el exceso de reuniones constituye todo un síntoma de los males que afectan a nuestra civilización y que se manifiesta, por tanto, en nuestro día a día más cotidiano. ¿Trabaja usted en la industria del calzado, en una compañía financiera, en el campo de la cultura, de la información? ¿Forma usted parte de alguna jerarquía religiosa, de un gabinete jurídico, se dedica a la investigación científica ó al comercio al por mayor? ¿Acaso se mueve en el sector sanitario, agrario, educativo, deportivo? Seguro que se reúne en exceso y que las reuniones a las que asiste son de puro exhibicionismo narcisista. Una de las formas más sofisticadas –por tanto, perversas- de ejercer el poder en la actualidad consiste en reunir a sus subordinados para que presencien un happening oficiado por usted mismo. Es el triunfo del narciso-histrionismo (con sus variantes de convocatorias lúdicas fuera de horas de trabajo, etc). La estima que usted tanto anhela –pero busca en lugar erróneo- generar entre sus subordinados es, evidentemente, falsa, con lo cual su carencia no tan sólo no se ve compensada, sino que resulta reforzada. En los casos de perversión mayor la reunión cobra visos de curso de formación ¡en la cual se asiste a todo un compendio de flatlands wilberianas al servicio del fascismo rosa!
Where's the wisdom we've lost in knowledge?
Where's the knowledge we've lost in information?

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