Desde principios de 2026 han proliferado en progresión geométrica los canales de YouTube generados con este nuestro inefable totem al que llamamos IA. Al principio -y me estoy refiriendo a canales con contenido crítico centrado alrededor de sistemas de pensamiento de figuras ilustres (del campo de las ciencias naturales o la filosofía, pongamos por caso), se podía detectar la intervención de la IA a través de algunas referencias que chirriaban (en el caso de que conocieras mínimamente al autor sobre el que versaban). Actualmente se dan canales de este tipo cuyos contenidos no chirrían (el único indicio de IA lo muestra el frenético ritmo de aparición de nuevos videos). Hoy, sin embargo, no voy a hablar de la IA. En uno de estos canales he sido expuesto recientemente a un video sobre la Relatividad Restringida que me parece digno de mención. Lo digo porque, en la mayoría de los casos, cuando se divulga sobre este tema, se acaba hablando de paradojas que resultan, lógicamente, de contrastar nuestra percepción convencional (Clásica) con las consecuencias del modelo relativista. Estas explicaciones, lejos de dar un aroma del paradigma que pretenden ilustrar, más bien refuerzan nuestro paradigma clásico añadiendo un condimento que, según a menudo explican, sólo tiene relevancia cuando consideramos grandes distancias y velocidades enormes. De esta manera no se produce el cambio de mentalidad y el oyente se queda atascado en su posición antigua. Como cuando se discute largamente sobre el Big Bang y después alguien pregunta sobre qué había cinco minutos antes. Una vez más: la evolución del pensamiento -del conocimiento, de la conciencia- no puede darse por la mera inclusión de nuevos contenidos, sino por la verdadera modificación de nuestra manera de pensar. Y esto aplica también, sin duda, a nuestra vida más prosaica.
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miércoles, 28 de octubre de 2026
sábado, 26 de septiembre de 2026
Liminalidades
La liminalidad temporal aplica a aquellos períodos que se sitúan entre dos zonas cronológicamente bien definidas pero que no participan de las cualidades de ninguna de ellas. Puede referirse a un evento concreto (como la 2ª Sinfonía de Beethoven, que parte ya de los presupuestos de la haydiniana 1ª Sinfonía pero no alcanza la ruptura que supone la 3ª) o a una fase gris entre dos dos momentos de colores bien definidos. Un ejemplo clásico lo constituye la adolescencia, aquel período en que ya no aplican los modos de la infancia pero todavía no se ha constituído la adultez. Las sociedades primitivas, con objeto de marcar màs claramente los límites, plasmaban simbólicamente el cambio a teavés de los ritos de paso. Era una forma de reducir, siquiera psicológicamente, la zona gris. Los ritos de paso fueron evolucionando -a la par que otros trasuntos simbólicos a menudo constelizados alrededor de las religiones- hasta nuestros días. Hace no tantos años las sociedades representaban el paso a la edad adulta a través de ritos como la Confirmación, el Bar Mizvah o similares. Actualmente los ritos de paso ya no tienen su base en la simbología profunda sino que se construyen más bien alrededor de la superficialidad de los mitos actuales, esencialmente aderezados por la maquinaria mercantilista. ¿Cuál es la causa de esta deriva? Se trata, sin duda, de un asunto multifactorial complejo, pero me permito señalar aquí un dato troncal situado más allá de lo que normalmente se da por sentado: la desaparición del 'tiempo' en los trasuntos de nuestra Postmodernidad. El tiempo ha sido o bien substituído por el espacio o bien espacializado hasta el punto de perder su antigua y cualitativa posición en nuestra vida. La liminalidad ya no existe; en su lugar aparece un cambio de aguja en una escala o calendario que debemos celebrar porque así lo exige un chapucero y perverso guión.
P.S.: Cuando busco una imagen para ilustrar este post, el 80% de las que me aparecen corresponden al concepto de "espacio liminal". Lo que decía ....
sábado, 12 de septiembre de 2026
Rarezas
Algunos instrumentos musicales normalmente ajenos a la sala de conciertos se encuentran fuertemente asociados con determinados compositores y es precisamente gracias a ellos que eventualmente visitan tales espacios.
-Cymbalom: este instrumento, originado en la Hungría del S XIX por modificación de otras especies de dulcimeros, captó la atención de Stravinsky a través de Aladar Rácz, quien tocaba en un café de Ginebra durante la Primera Guerra Mundial. El carácter mecánico del instrumento y la destreza de las interpretaciones de Rácz lograron que el compositor, que se hallaba entonces en la última fase de su denominado 'período ruso', lo introdujera en diversas obras: la farsa Renard (en donde imita el sonido de la guzla rusa), el Ragtime para 11 instrumentos, los 4 Cantos Rusos y posteriormente la segunda versión (no la tercera y 'definitiva') del ballet Les Noces. Con el advenimiento, a partir de 1920, del período neoclásico, y el cambio de residencia a Francia por parte del compositor, su interés por el cymbalom desapareció (siendo reemplazado, en parte, por su afición a los pianos mecánicos que lo llevó a efectuar sus arreglos para Pleyela).
Aunque el instrumento interesara a otros compositores, su aparición en las salas de concierto fuera de las obras citadas prácticamente se limita a la suite de Hary Janos de Kódaly y la juvenil Rapsodia nº1 de Bartók.
-Ondes Martenot: uno de los primeros instrumentos electrónicos (junto con el Theremin, basado en el mismo principio y aparecido casi similtáneamente en 1926?), fue utilizado mayormente en salas de cine y de teatro donde podía demostrar una gran variedad de posibilidades. Uno de los primeros usos sinfónicos las incluyó en la orquesta de Jeanne d'Arc au bûcher de A Honegger. Aunque aproximadamente en la misma época un joven compositor, entonces perteneciente al grupo La Jeune France, reunió no menos de 6 aparatos para un espectáculo de agua-luz inscrito dentro de la Expo Universal de Paris de 1937 que se desarrolló a orillas del Sena. El nombre de la obra era Fête des Belles Eaux y O Messiaen, su autor, incluyó algún fragmento en el Cuarteto para el Fin de los Tiempos, escrito poco después en la cautividad de Silesia. En el contexto poco propicio donde el Cuarteto fue escrito a Messiaen la orquestación de la obra le vino dada por la presencia de sus camaradas músicos, aunque en diversos segmentos de la obra, como en el primer movimiento, la añoranza de las Ondas está más que presente (los amplios glissandi del cello). Después de la Guerra Messiaen incluyó famosamente el instrumento en sus Trois Petites Liturgies de la Présence Divine y Sinfonia Turangalîla (las obras que su discípulo P Boulez clasificara de "música de burdel"). Durante los siguientes treinta años Messiaen evitó el uso del instrumento (quien sabe si el hiriente comentario de Boulez tuvo algo que ver!), pero las Ondas volvieron con la ópera Saint François d'Assise, en donde la gigantesca orquesta incluye no menos de 3 instrumentos. Hoy dia las Ondas -que han dejado de fabricarse de manera regular- le siguen debiendo a Messiaen una buena parte de su cuota de aparición en los escenarios.
domingo, 16 de agosto de 2026
Disciplina
Existe una
buena colección de substantivos que han caído en desuso, principalmente porque
los valores que representan ya no son reconocidos como tales por gran parte de
la sociedad. Algunos de ellos incluso han sido demonizados y han acabado
recibiendo connotaciones negativas. Es el caso de lo que conocemos como disciplina.
Hoy en día este término se asocia con castigo, coerción y explotación (en la
constelación de lo que M Foucault entendía por 'sociedad disciplinaria'). Si
buscamos el término en Wikipedia su significado se asocia mayormente al ámbito
militar (aunque en la English Wikipedia por lo menos existe un epígrafe
referido a la 'autodisciplina'). Y es dentro de esta última acepción donde
podemos encontrar la parte positiva, útil; el valor de la disciplina.
Disciplina es lo que se necesita para desarrollar una buena técnica en los más
diversos ámbitos. Gimnastas, instrumentistas, atletas, bailarines, trapecistas,
cantantes -es decir, actividades que llevan la psicomotricidad hasta zonas màs
allá de lo usual- precisan de una buena dosis de disciplina en sus
entrenamientos diarios. Pero también aquellos que practican un régimen
alimenticio para perder peso, los que intentan dejar de fumar o quienes
realizan ejercicios físicos rutinariamente con fines terapéuticos necesitan de
la disciplina. Los que realizan actividades que requieren de intervenciones
urgentes como bomberos o sanitarios también la necesitan (en este último caso
la disciplina proviene de la aplicación estricta de unas reglas dictadas
exteriormente, lo que la acercaría más a la variante militar a la que refería
al principio). Otras actividades que aparentemente no dependen de la
psicomotricidad como la meditación o incluso algo tan nimio como el no dejarse
arrastrar por los ofrecimientos que los algoritmos continuamente nos ofrecen en
las redes sociales, también precisan de disciplina. Una especie de disciplina
del alma de la que actualmente carecemos en grado extremo. Es evidente que
no todo el mundo es susceptible de practicar la autodisciplina pero se trata de
uno de tantos valores que van en retirada (conforme va avanzando la debilidad
moral de esta sociedad con un concepto equivocado de lo que es el bienestar).
La disciplina del alma se relaciona, por tanto, con la dominación
supraconsciente de la mente (como muy bien reza un proverbio anglosajón
"the mind: good servant but bad master".
PS: En Extremo Oriente, hecho
cultural ancestral, la disciplina se adopta de forma mucho más natural
que en Occidente.
sábado, 8 de agosto de 2026
Convoluciones
Recuerdo que en la época de mi primera juventud se planteaba una cuestión filosófica entonces candente que sostenía, a través de una especie de dualismo altamente excluyente, que lo cualitativo no puede surgir de lo cuantitativo. La afirmación se aplicaba especialmente en el contexto del proceso evolutivo desde los humanoides a los humanos. Aparentemente el aumento meramente cuantitativo del número de convoluciones cerebrales (se decía entonces) llevaba a un cambio cualitativo en la psique del sujeto. Era lo que algunos denominaban un emergente. Desde el punto de vista platónico este concepto era poco menos que una blasfemia (desde el punto de vista aristotélico las cosas no eran mucho mejores ya que para este autor el todo era la mera suma de las partes). La emergencia se entiende hoy en día como algo natural y la complejidad ocupa hoy un importante capítulo no sólo en el seno de las matemàticas, la física y la biología sino también en el de la filosofía. Una célula vegetal es un sistema vivo compuesto por moléculas que no lo están, aunque estructuradas bajo las leyes de la complejidad que posibilitan la emergencia. La confusión proviene, sin duda, del aferramiento a las ideas platónicas que, en mayor o menor medida, ha percolado el pensamiento occidental a lo largo de los siglos. Hoy preferimos considerar que lo cuantitativo y lo cualitativo son dos miradas diferentes que están relacionadas con lo que llamamos respectivamente objetivo y subjetivo. La mirada cuantificable y en tercera persona que utiliza la ciencia y la mirada sensible en primera persona no medible numéricamente.
domingo, 5 de julio de 2026
Transparencia
La manida frase "no hay nada nuevo bajo la capa del sol", aunque por un lado hace referencia a aspectos permanentes -o, más bien, recurrentes- del comportamiento y naturaleza humanas por otro lado encierra un credo poco alentador por lo que respecta a cuestiones epistémicas, "concienciales", que, dicho sea de paso, condicionan todas las esferas de la actividad humana mucho más de lo que habitualmente se cree. Vivimos un momento histórico de agotamiento paradigmático de proporciones descomunales. Frente a este impasse (rubricado por esta condición de estasis turbulenta a la que llamamos postmodernidad) y descartando las catarsis de tipo apocalíptico (que en demasiadas ocasiones se convierten en un ingrediente correctivo) la única solución es la evolución. No la evolución biológica -demasiado costosa en términos temporales- ni el puro abandono de viejas usanzas con la consiguiente incorporación de nuevas -o sea la evolución lampedusiana del 'las cosas deben de cambiar para que todo pueda seguir igual'-. Me refiero a un cambio más profundo que revele nuevas formas del espíritu, nuevas formas de comprensión.
El título del post no hace referencia a esa molesta característica de nuestras sociedades que Byung-Chul-Han describe tan eficazmente en sus populares librillos. Se refiere más bien a la operación que nuestra mente realiza, con fines eminentemente prácticos, sobre nuestras percepciones-cogniciones, aislándolas de su contexto e insiriéndolas en una estructura reificada que nos simplifica la vida pero también nos limita los horizontes. Para evolucionar cognitivamente (aquí incluyo a la ciencia y al arte junto con la filosofía) se hace necesaria la percepción de la estructura que ordinariamente transparenta. Sólo entonces seremos capaces de atravesar una puerta que hasta entonces no había existido. Esta opacificación corre pareja, por tanto, a la emergencia de un nuevo paisaje en nuestra mente que permitirá desarrollar ulteriormente nuestros constructos en esa dirección.
viernes, 3 de abril de 2026
Moravia
El número de coordenadas que pueden describir este mundo convulso en el que vivimos es muy grande -aunque encontremos numerosas relaciones directas entre ellas, lo que choca un tanto con el nombre que he elegido-. Da igual. Decía Alberto Moravia que "se puede ser fascista e inteligente y también se puede ser fascista y buena persona, pero nunca las tres cosas a la vez". Esta ecuación encaja maravillosamente con nuestros actuales avatares. Es más, una parte no despreciable del malestar que destila el mundo (occidental) se deriva de la lucha que la ignorancia sostiene contra cualquier viso no diré ya de intelectualidad sino tan sólo de pensamiento mínimamente serio. Ello está en la base del terraplanismo, el anti-vacunismo y otros fenómenos similares. Es el retroceso intelectual mayor que ha tenido occidente en muchos siglos, y está apostillando su fin. El poder de la fuerza bruta se desencadena cuando sumamos "me gusta" y nos olvidamos del pensamiento profundo. Cuando el campo no se cultiva acaba ofreciendo malas hierbas. Hemos poblado el mundo de políticos que se corresponden con este tipo de planteamiento y ahora recogemos las consecuencias. Además hemos verificado que el enunciado antinómico al descrito por Moravia sí que es posible: se puede ser fascista, malvado e ignorante, todo a la vez.
sábado, 7 de marzo de 2026
Piedras
Nuestro mundo se acaba por muchas razones. O, mejor, debido a una razón multifactorial. Parece que hayamos alcanzado una coyuntura particularmente maléfica que tira de nosotros hacia un abismo inquietante. En estas circunstancias es común preguntarse que cómo hemos podido llegar hasta aqui. Las causas nunca operan de manera quirúrgica, más bien se hallan embucladas entre sí y, muy significativamente, con sus propias consecuencias. Ya la invocación de la simple pareja causa-consecuencia denota un corte epistemológico de un todo pluridimensional. Más bien hablaría por una parte de desequilibrio entre pujanza tecnológica y evolución psíquica que se embucla, por otra parte, con la ceguera -aparentemente querida- hacia cualquier tipo de sistema de valores que vertebre la vida de la comunidad y le permita (en conjunto y para cada individuo) evolucionar. En vez de esa necesaria vertebración asistimos, defendemos y celebramos el triunfo del mercantilismo. Solo contamos, primero índices de audiencia, después likes y después lo que venga detrás. La idea de que un paradigma social, cultural, moral o de la índole que sea genera valores que se tienen que alimentar con esfuerzo es mayoritariamente rechazada por mor de elitismo, clasismo y otros -ismos pronunciados con evidente ligereza. La vida conlleva un esfuerzo (desde las vidas aparentemente más activas que generan logros sociales evidentes hasta las aparentemente más pasivas que no parecen generarlos), esfuerzo que en la actualidad se quiere evitar a toda costa. Y esta celebración involucionista se traduce en una especie de batalla entre cultura, valores, justicia, por un lado y ignorancia militante, fuerza bruta e irresponsabilidad por el otro. Hace una semana que la locura encendió la pira y ahora nos hallamos embarcados en un viaje incierto pero históricamente significativo. Es el desgraciado destino de la humanidad: volver a tropezar una y otra vez con la misma piedra.
domingo, 1 de febrero de 2026
20
domingo, 7 de diciembre de 2025
Tanzen und springen
En un pasado remoto las manifestaciones
musicales acompañaban a ceremonias religiosas, ritos de paso o de retorno,
celebraciones colectivas y, probablemente, también aparecían como
manifestaciones individuales de inclinación personal por el fenómeno sonoro. En
todos los casos -aunque quizás el último, el del imaginativo flautista o del
caramillo del pastor, sea más especulativo- la utilización de la música podía
darse de dos maneras bien diferenciadas: música para ser danzada o música para
ser cantada. Se me dirá que también podía servir a ambos propósitos a la vez,
pero en este caso la clasificaríamos rápidamente como música del primer grupo.
Posteriormente, a lo largo de la historia musical -tanto la de índole
tradicional como la académica- nos encontramos constantemente especímenes de
música cantabile y de música ballabile. Incluso
podemos encontrar épocas en que predomina una u otra aproximación. Es evidente
que ambos tipos de música han coexistido en cualquier período, pero algunos de
ellos han sido fuertemente cincelados por uno de los dos tipos. El barroco
musical viene configurado por la música danzable, tal como la primera parte del
S XX, mientras que una parte considerable del S XIX lo hace de la mano de la
música cantable (recordemos aquí el bel canto). La música del
período clásico, correspondientemente, representaría un compromiso entre ambas
tendencias. A estas dos categorías primigenias, basadas en la preponderancia
del elemento rítmico o del elemento melódico, respectivamente, podemos añadir
nuevas categorías surgidas por complejización evolutiva. Así, en la segunda
mitad del S XIX eclosiona la música de índole armónica de la mano del
wagneriano Tristán e Isolda, o la música tímbrica o textural en la segunda
mitad del S XX, de la mano de Ligeti o Xenakis. Cada una de las categorías
corresponde a un tipo de consideración temporal, es decir, a un modo de
percibir de qué manera la música configura nuestra vivencia del tiempo.
Mientras que la música danzable nos sumerge en el mundo de la pulsación
rítmica, del movimiento y del retorno circular, la música cantable lo hace en
el mundo ácrono, de la suspensión y de la traslación.



