"La vida
acaba poniendo las cosas en su sitio" es una de aquellas frases familiares
que, aun expresando una tautología, nos hace reflexionar. Es por ello que a
pesar de que su contenido sea nulo de acuerdo con la teoría de la información,
hace resonar en nosotros una sabia evocación. Existen otras frases similares,
algunas muy sutiles: “las cosas son como son” (la vida, realidad radical,
difícilmente se puede referenciar), “son cosas del destino”, “le había llegado
su hora”… Es evidente que la lógica representa un subconjunto particular del
pensamiento y no una radiante meta olímpica. Hace 2500 años un pensador griego,
Epiménides de creta, formuló –ciertamente, avant
la lettre- una paradoja que acabó –después de muchos siglos de bromas-
situando la lógica en un punto de relatividad. Es la conocida paradoja –o
contradicción interna- del cretense que afirma que todos los cretenses son unos
mentirosos. Hace menos de un siglo, Gödel y Tarski demostraron que un sistema
axiomático aritmético o lógico no se puede autocontener y necesita de un
metaespacio para sustentarse. Esta es una idea que choca con la creencia
analítica de Aristóteles de que el todo está constituído por las partes o
fundamentalismo. El llamado Trilema deMünchhausen representa de forma efectiva esta conclusión. Lo más curioso:
el fundamentalismo físico fue oficialmente abandonado hace casi un siglo, pero
aparentemente pocos se han dado cuenta. La lluvia de noticias sobre la búsqueda
del bosón de Higgs y su sobrenombre oficioso de la partícula de Dios dan sobrada cuenta de ello.
