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domingo, 5 de julio de 2026

Transparencia

 


La manida frase "no hay nada nuevo bajo la capa del sol", aunque por un lado hace referencia a aspectos permanentes -o, más bien, recurrentes- del comportamiento y naturaleza humanas por otro lado encierra un credo poco alentador por lo que respecta a cuestiones epistémicas, "concienciales", que, dicho sea de paso, condicionan todas las esferas de la actividad humana mucho más de lo que habirualmente se cree. Vivimos un momento histórico de agotamiento paradigmático de proporciones descomunales. Frente a este impasse (rubricado por esta condición de estasis turbulenta a la que llamamos postmodernidad) y descartando las catarsis de tipo apocalíptico (que en demasiadas ocasiones se convierten en un ingrediente correctivo) la única solución es la evolución. No la evolución biológica -demasiado costosa en términos temporales- ni el puro abandono de viejas usanzas con la consiguiente incorporación de nuevas -o sea la evolución lampedusiana del 'las cosas deben de cambiar para que todo pueda seguir igual'-. Me refiero a un cambio más profundo que revele nuevas formas del espíritu, nuevas formas de comprensión.

 El título del post no hace referencia a esa molesta característica de nuestras sociedades que Byung-Chul-Han describe tan eficazmente en sus populares librillos. Se refiere más bien a la operación que nuestra mente realiza, con fines eminentemente prácticos, sobre nuestras percepciones-cogniciones, aislándolas de su contexto e insiriéndolas en una estructura reificada que nos simplifica la vida pero también nos limita los horizontes. Para evolucionar cognitivamente (aquí incluyo a la ciencia y al arte junto con la filosofía) se hace necesaria la percepción de la estructura que ordinariamente transparenta. Sólo entonces seremos capaces de atravesar una puerta que hasta entonces no había existido. Esta opacificación corre pareja, por tanto, a la emergencia de un nuevo paisaje en nuestra mente que permitirá desarrollar ulteriormente nuestros constructos en esa dirección. 

viernes, 3 de abril de 2026

Moravia

 


    El número de coordenadas que pueden describir este mundo convulso en el que vivimos es muy grande -aunque encontremos numerosas relaciones directas entre ellas, lo que choca un tanto con el nombre que he elegido-. Da igual. Decía Alberto Moravia que "se puede ser fascista e inteligente y también se puede ser fascista y buena persona, pero nunca las tres cosas a la vez". Esta ecuación encaja maravillosamente con nuestros actuales avatares. Es más, una parte no despreciable del malestar que destila el mundo (occidental) se deriva de la lucha que la ignorancia sostiene contra cualquier viso no diré ya de intelectualidad sino tan sólo de pensamiento mínimamente serio. Ello está en la base del terraplanismo, el anti-vacunismo y otros fenómenos similares. Es el retroceso intelectual mayor que ha tenido occidente en muchos siglos, y está apostillando su fin. El poder de la fuerza bruta se desencadena cuando sumamos "me gusta" y nos olvidamos del pensamiento profundo. Cuando el campo no se cultiva acaba ofreciendo malas hierbas. Hemos poblado el mundo de políticos que se corresponden con este tipo de planteamiento y ahora recogemos las consecuencias. Además hemos verificado que el enunciado antinómico al descrito por Moravia sí que es posible: se puede ser fascista, malvado e ignorante, todo a la vez.

sábado, 7 de marzo de 2026

Piedras

 


Nuestro mundo se acaba por muchas razones. O, mejor, debido a una razón multifactorial. Parece que hayamos alcanzado una coyuntura particularmente maléfica que tira de nosotros hacia un abismo inquietante. En estas circunstancias es común preguntarse que cómo hemos podido llegar hasta aqui. Las causas nunca operan de manera quirúrgica, más bien se hallan embucladas entre sí y, muy significativamente, con sus propias consecuencias. Ya la invocación de la simple pareja causa-consecuencia denota un corte epistemológico de un todo pluridimensional. Más bien hablaría por una parte de desequilibrio entre pujanza tecnológica y evolución psíquica que se embucla, por otra parte, con la ceguera -aparentemente querida- hacia cualquier tipo de sistema de valores que vertebre la vida de la comunidad y le permita (en conjunto y para cada individuo) evolucionar. En vez de esa necesaria vertebración asistimos, defendemos y celebramos el triunfo del mercantilismo. Solo contamos, primero índices de audiencia, después likes y después lo que venga detrás. La idea de que un paradigma social, cultural, moral o de la índole que sea genera valores que se tienen que alimentar con esfuerzo es mayoritariamente rechazada por mor de elitismo, clasismo y otros -ismos pronunciados con evidente ligereza. La vida conlleva un esfuerzo (desde las vidas aparentemente más activas que generan logros sociales evidentes hasta las aparentemente más pasivas que no parecen generarlos), esfuerzo que en la actualidad se quiere evitar a toda costa. Y esta celebración involucionista se traduce en una especie de batalla entre cultura, valores, justicia, por un lado y  ignorancia militante, fuerza bruta e irresponsabilidad por el otro. Hace una semana que la locura encendió la pira y ahora nos hallamos embarcados en un viaje incierto pero históricamente significativo. Es el desgraciado destino de la humanidad: volver a tropezar una y otra vez con la misma piedra.

domingo, 1 de febrero de 2026

20

 


      Lo que queda del blog acaba de celebrar los veinte años en medio de un panorama mundial que causa espanto. Los viejos fantasmas reaparecen y además no son reconocidos como tales, y no solo por parte de la población más joven. La distancia entre los avances tecnológicos y los retrocesos epistemológicos, éticos y estéticos se hace cada vez más grande y peligrosa. Los idiotas tienen unos micrófonos muy potentes y arrastran al grueso del pelotón hacia la mayor estupidez colectiva de los últimos siglos.
En medio de la adversidad, sin embargo, se halla siempre la oportunidad y esta situación nos puede servir para abrir nuestra mente y ampliar nuestro campo de visión. Si lo miramos con un campo de visión pretérito la sensación no puede ser más desastrosa. Aunque lo que estamos viviendo tenga todos los visos de una involución nos permite observar con visión ampliada y mayor orden dimensional. Otra cosa es el destino inmediato del orden, ahora ya agotado, al que estamos habituados....