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jueves, 27 de febrero de 2014

Resiliencia


            Constantemente nos vemos rodeados por historias de superación personal, de resiliencia, que nos ponen de ejemplo a seguir desde los periódicos hasta los libros de autoayuda, pasando por los anuncios publicitarios. Y como los occidentales están tradicionalmente enmarcados por la tradición de Parménides, nuestras historias de resiliencia siempre conducen a un estado final feliz, de superación y de triunfo. Nos cuesta mucho imaginar la resiliencia –como la felicidad- como un proceso. Preferimos hacernos una película y montar el correspondiente happy end (un poco a la manera del  …y fueron felices y comieron perdices… de los cuentos infantiles). Pero la vida no es una película sino un proceso complejo, evolutivo y multiperspectivista. El happy end de las películas tiene más bien un poder simbólico-catártico, como lo tenía la tragedia griega. El destino de Edipo resonaba –resuena- de forma simbólica en el espectador, a quien se le planta cara a cara con una pulsión inconsciente pero más que real. En la vida real las parejas felices no sólo comen perdices sino que crecen, se discuten, se reconcilian, se ayudan…

miércoles, 19 de febrero de 2014

Sapere Aude


                        El célebre motto de la Ilustración adquiere en nuestros días un renovado sentido, una revitalización de su significado. Si hace doscientos años expresaba la osadía del aprendizaje, el coraje de atreverse a saber con el telón de fondo de la recién alcanzada mayoría de edad del método científico y el reciente planteamiento de la filosofía crítica, en nuestros días nos conmina a permanecer abiertos a cambios y no quedarnos ligados a visiones tópicas y asociaciones superficiales. En las últimas semanas he leído en un par de ocasiones entrevistas a gente que “sólo cree en la ciencia”. Esta gente, con todos mis respetos, no presenta el más mínimo reflejo del deseo de saber, de atreverse a ir más allá. Uno puede mostrarse escéptico como planteamiento prudente en la adquisición de conocimientos, pero nunca cerrarse a visiones más globalizadoras. Esta gente que “sólo cree en la ciencia” son el fiel reflejo de la gente que “sólo creía en la iglesia” de hace quinientos años. Y los poderes conjurados y entronizados alrededor del fenómeno religioso en el Renacimiento equivalen a los poderes (esta vez más anónimos y perturbadores) conjurados y entronizados alrededor de un supuesto “conocimiento científico” en la actualidad. Lo primero que diría a estos creyentes a pies juntillas es que revisen sus estructuras cognitivas. Las verdades de la ciencia son tan pasajeras como las verdades de las religiones. Todas estas verdades van evolucionando conforme evoluciona nuestro conocimiento y se hace no más extenso sino más global (existe una diferencia abismal  entre ambos términos). Y esta operación de mayor inclusividad de nuestro conocimiento representa, sin duda alguna, el sapere aude de nuestros días. Estoy leyendo el pequeño libro de Edgar Morin Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, en donde su autor resume y concentra sus posiciones sintéticas, sistémicas y múltiples en el tratamiento del futuro de nuestro conocimiento. Vale la pena dedicar un tiempo a su lectura y meditación

domingo, 9 de febrero de 2014

Síntesis


                         Una de las muchas frases ocurrentes debidas a la pluma del poeta Jean Cocteau afirma que la muerte es el fenómeno a través del cual un académico se transforma en una silla. Y he aquí el gran concepto que todavía no se ha acabado de introducir en la conciencia colectiva de la humanidad: evolución. Nuestra sociedad, ahora más que nunca, genera, en un exceso de hubris racional, dualismos por doquier. Y no solo eso sino que cree que los ha descubierto y que existen más allá de la mente humana. Los dualismos y las dicotomías son fruto de la perspectiva y siempre se disuelven cuando dicha perspectiva se amplía. Ampliar no quiere decir aumentar de volumen, sino evolucionar y ascender. No aumentar el número de contingencias sino verlas desde una nueva perspectiva. El descubrimiento de un nuevo planeta (a no ser que introduzca un hecho revolucionario), de un nuevo organismo, de un nuevo gen amplían nuestro conocimiento pero no lo modifican. Evolucionar implica modificar de forma inclusiva; hacer del pasado una de las muchas facetas del presente. El mundo de la filosofía, igual que el de la ciencia, ha topado en el pasado más o menos reciente con esta ceguera evolutiva. O bien la realidad es independiente de nuestros esquemas mentales (realismo) o bien es dependiente (anti-realismo). En el primer caso se sigue que con nuestro raciocinio podemos llegar conocer la esencia ontológica de la realidad mientras que en el segundo se sigue que podemos crearla. Lo que en ningún caso afirma la filosofía es que puedan darse las dos situaciones simultáneamente. ¿Cómo? Pues simplemente no dando por sentado que nuestras estructuras de conocimiento son por defecto transparentes y que nuestros sentidos y la conciencia que los codifica hacen de espejo de algo que simplemente nos es dado. Con la evolución de nuestra estructura cognitiva, por tanto, podemos llegar a aprehender cada vez más inclusivamente a la realidad, que a la vez vamos creando conforme dicha evolución avanza.