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jueves, 5 de septiembre de 2024

CiberFlatland

 


                  Quizás no esté tan lejano el día en que ya no se pueda acceder a contenidos de calidad a través de la red sin necesidad de pagar una cierta cantidad de dinero (cosa que, por otra parte, no me parece mal). Por el momento es aún posible; pagando, eso sí, en especies y asumiendo clips publicitarios. Lo que me parece más inquietante es el creciente grado de imbecilidad y ruido (en este caso no blanco sino más bien gris) que salpica por doquier. Pagar para eliminar este ruido podría ser más recompensatorio que para suprimir la publicidad. Una buena práctica (¿buena práctica?: ¡ya hablo como los psicólogos industriales!) consiste en tener siempre claro lo que estás buscando, por mucho que saltes de un tema a otro (¡también evitar el exceso de saltos!). De otra manera, es fácil caer en la ciber-procastinación, que hace que el discurso degenere rápidamente hacia la memez. Lo he dicho infinidad de veces: todo el mundo es libre de opinar, pero no todas las opiniones (contrariamente a los votos) tienen el mismo valor. En YouTube, plataforma que puede resultar útil, interesante, esclarecedora, crítica y cultural, abundan cada vez más videos con memeces que se replican a velocidad supersónica. Tales videos incluyen advertencias para que no ingieras determinados alimentos o fármacos (si; esos en los que las cosas se enumeran del 1 al 10 en orden creciente de toxicidad), los que explican cosas que los autores acaban de descubrir mirando otros videos (en estos, normalmente, en la foto fija aparece el autor con cara de idiota, ojos y boca muy abiertos, expresando sorpresa de forma artificialmente exagerada). Uno de los tipos de video que me revuelve especialmente el aparato digestivo es aquel cuyo título reza algo así como: "te explicaré lo que hasta ahora nos han estado ocultando". En este enunciado, ¿a quién se refiere "nos" y quién es el que oculta algo tan sorprendente? Hace poco escuché que las teorías conspiratorias tienen un papel importante en el reequilibrio simbólico de la sociedad, lo que explicaría así su creciente presencia. Lo que distingue los contenidos que me parecen ricos y saludables es el orden dimensional, al contrario de la planaridad que tanto abunda. Las posiciones fijas (desde el realismo ingenuo hasta la del 'ojo de Dios' de Putnam) son tan ubicuas que se toman por 'la realidad'. Aparentemente, mucha gente no considera que su punto de vista se pueda ver modificado tras una experiencia, un aprendizaje, una convivencia con algo o con alguien, una aprehensión. Que todo conocimiento es acumulativo y que nuestro punto de vista permanece inmutable, en una especie de flatland particularmente insidiosa.

Mientras tanto, comparto algunos canales de YouTube que encuentro particularmente interesantes en mis campos de interés:

Música (teoría): www.youtube.com/@Richard.Atkinson (contrapunto)

                          www.youtube.com/@samuel_andreyev (entrevistas, análisis, opinión)

                          www.youtube.com/@DBruce (análisis)

                          www.youtube.com/@ClassicalNerd (historia, análisis)

Música (interpretación):

                          www.youtube.com/user/TheWelleszCompany (música S XX)

                           www.youtube.com/@TheWelleszTheatre (música S XX

                           www.youtube.com/@hrSinfonieorchester (Orquesta Radio Frankfurt)

                          www.youtube.com/@francemusiqueconcerts (ORTF)

Filosofía:

                           www.youtube.com/@darinmex (canal de Darin McNabb, primer nivel)

                           www.youtube.com/c/LaTravesía (filosofía general)

                           www.youtube.com/@claudioateran (buenos resúmenes de libros actuales)

Ciencia:

                           www.youtube.com/@veritasium (temas variados muy sugestivamente presentados)

                           www.youtube.com/@Vsauce (temas variados extravagantemente expuestos)

                           www.youtube.com/@WorldScienceFestival (entrevistas, debates)

Ahí lo dejo!



                          


miércoles, 19 de febrero de 2014

Sapere Aude


                        El célebre motto de la Ilustración adquiere en nuestros días un renovado sentido, una revitalización de su significado. Si hace doscientos años expresaba la osadía del aprendizaje, el coraje de atreverse a saber con el telón de fondo de la recién alcanzada mayoría de edad del método científico y el reciente planteamiento de la filosofía crítica, en nuestros días nos conmina a permanecer abiertos a cambios y no quedarnos ligados a visiones tópicas y asociaciones superficiales. En las últimas semanas he leído en un par de ocasiones entrevistas a gente que “sólo cree en la ciencia”. Esta gente, con todos mis respetos, no presenta el más mínimo reflejo del deseo de saber, de atreverse a ir más allá. Uno puede mostrarse escéptico como planteamiento prudente en la adquisición de conocimientos, pero nunca cerrarse a visiones más globalizadoras. Esta gente que “sólo cree en la ciencia” son el fiel reflejo de la gente que “sólo creía en la iglesia” de hace quinientos años. Y los poderes conjurados y entronizados alrededor del fenómeno religioso en el Renacimiento equivalen a los poderes (esta vez más anónimos y perturbadores) conjurados y entronizados alrededor de un supuesto “conocimiento científico” en la actualidad. Lo primero que diría a estos creyentes a pies juntillas es que revisen sus estructuras cognitivas. Las verdades de la ciencia son tan pasajeras como las verdades de las religiones. Todas estas verdades van evolucionando conforme evoluciona nuestro conocimiento y se hace no más extenso sino más global (existe una diferencia abismal  entre ambos términos). Y esta operación de mayor inclusividad de nuestro conocimiento representa, sin duda alguna, el sapere aude de nuestros días. Estoy leyendo el pequeño libro de Edgar Morin Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, en donde su autor resume y concentra sus posiciones sintéticas, sistémicas y múltiples en el tratamiento del futuro de nuestro conocimiento. Vale la pena dedicar un tiempo a su lectura y meditación

jueves, 13 de junio de 2013

Lavaderos públicos


            Una importante parte de los mails que recibo habitualmente están enviados automáticamente por redes sociales que me informan de la última chorrada que han hecho o han dicho fulanito o menganita, o bien me instan urgente y repetidamente para que apruebe un link con el que alimentar un tupido sistema de contactos profesionales en donde la gente saca a pasear sus más míseras frustraciones (básicamente los perfiles parecen competir en el número de “head”, “general manager” y otros títulos que ya solo parecen engañar a quienes los exhiben). ¿De dónde proviene tanto amor propio herido? ¿Por qué nos empecinamos en mantener el estancamiento? ¿Por qué no tiramos de una vez la cadena del váter? Solamente entonces aflorará lo bueno y auténtico que todos llevamos dentro: cuando se deje de tener miedo a ser lo que ya se es. Sucede algo parecido cuando un intérprete malo (actor, músico, cantante, bailarín, deportista) deja de actuar, tocar, cantar, bailar o moverse con un fin concreto y solamente se exhibe. Dicen los que alimentan este tipo de montaje que lo importante es salir en la foto: si no sales es que no existes. Y yo afirmo, con la contundencia de un emperador romano: quizás es mejor no existir en ciertos mundos y reservar nuestra energía para otros. El mundo frenético que nos retratan las redes sociales y otros productos de masas de Internet y que nos quieren vender como el único mundo no tiene un ámbito más profundo que el de las cotillas que iban a lavar la ropa a los lavaderos públicos y ponían a todo el vecindario a parir. Es más extenso, pero todavía más superficial y anónimo. ¡Por favor, atrévanse a decir de una vez para todas que el emperador, sencillamente, va desnudo! 

domingo, 13 de diciembre de 2009

Siglas














Una indicación callejera con su correspondiente flecha me indica la dirección del IMPO y del CPO. En el trabajo me inundan de mails con la cabecera fyi y las apostillas tbd, afak y otras lindezas. Cuando navego por la red los aka y lol son cada vez más frecuentes... Las siglas no son otra cosa que códigos pero un mundo de siglas es mucho menos que un mundo de códigos. Acaba siendo un mundo monocodificado ó, lo que es lo mismo, un mundo plano. Globalización implica mezcla de lenguajes pero no reducción de conceptos y matices. No estoy en contra de la creación y empleo de barbarismos mientras conduzcan a conceptos nuevos. Lo que me sí me parece más pernicioso es el empleo indiscriminado de false friends ó palabras similares con significados diferentes según la lengua. El idioma castellano está repleto de false friends ingleses (asimismo sucede a la inversa) que en ocasiones tienen una relación de significado casi opuesto. Todo el mundo da por sentado que actually no significa lo mismo que actualmente y sin embargo, el uso de evidencia (“obviousness”) por evidence (“prueba”) o de crime (delito) por crimen es cada vez más generalizado. Los lugares comunes tomados como piezas sobre las que construir la historia no funcionan, por mucho que el capitalismo postindustrial insista en ello.

viernes, 23 de enero de 2009

Células


Leo hoy una entrevista en la prensa con un científico del área biomédica dedicado a la investigación puntera en el área celular que plantea temas sobre la supervivencia y la longevidad. Hay que admitir que se le va algo la cabeza, pero es normal: hoy en día gran parte de la investigación básica, así como gran parte de la creación cultural, dependen de grandes sumas de dinero provenientes del erario público, administradas y concedidas por tribunales que juzgan a individuos ó equipos mucho más capacitados que ellos en lo que al tema en cuestión se refiere, y es por ello que la publicidad y la visibilidad se valoran como nunca antes se había hecho. Este señor habla de la posibilidad de la regeneración celular con el teóricamente consiguiente alargamiento de la vida, y reconoce que en su grupo se habla tanto de ciencia como de metafísica y que la ciencia hoy puede responder a cuestiones que en siglos precedentes respondían las religiones. Aquí ya se produce un frecuente malentendido entre los habitantes de Planilandia: el cruce de niveles que ya he comentado en muchas ocasiones. Las religiones pueden constituir una etapa en el desarrollo espiritual de la humanidad, pero en absoluto del desarrollo del conocimiento del mundo material (otra cosa es que los poderes fácticos religiosos hayan impuesto sus ideas –y sigan haciéndolo- a lo largo de la historia). En cuanto a la longevidad, de igual manera que se “adiestra” a las células para su supervivencia, hay que “adiestrar” a la mente consciente para poder afrontar tal longevidad. Los Lévy-Strauss, Carter, Oliveira a los que aludía hace poco siguen lúcidos no solamente porque sus células se encuentren en suficiente buen estado sino también porque sus mentes están preparadas para poder afrontar el paso del tiempo y los cambios de modo, ruta y dirección que cada época, de forma más ó menos súbita, impone. Y eso es tan ó más difícil de conseguir que lo primero.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Fisica y misticismo




Hoy leo en el periódico una entrevista que ahonda en el tema de la relación entre la física cuántica y el misticismo oriental, tema ampliamente ilustrado con numerosos escritos desde hace ya bastantes años, desde El Tao de la Física de F. Capra (1975) hasta La Danza de los maestros de Wu-Li de G. Zukav (1979). El entrevistado afirma que la física cuántica y el budismo enseñan la misma cosa. La controversia también estuvo servida desde hace ya bastantes años, mayormente a través de numerosos escritos de Ken Wilber en los que este autor aduce, a través de su modelo AQAL, compartimentos estancos para ambos tipos de conocimientos. El mezclar los objetos –y por tanto, los espacios cognoscitivos- para ambas aproximaciones supondría una flatland, un mundo chato monodimensional. ¿Por qué entonces tanta tendencia a ligar ambos temas? Se puede explicar sencillamente si tenemos en cuenta que, en su evolución hacia estadios más avanzados, la cultura occidental –y, por tanto, la física, la espiritualidad, el arte y todo lo demás- tiende a acercarse y fusionarse con sus contrapartidas orientales. Así, el proceso que lleva al nacimiento de la física cuántica es de la misma índole que el que lleva a interesarse por un tipo de espiritualidad oriental, o que lleva en otros ámbitos a lo que Gebser denomina estadio aperspectivista. O sea, que la mecánica cuántica y el misticismo oriental no enseñan lo mismo pero el impulso que lleva a los occidentales a abrirse a ambos conocimientos sí que puede serlo.

domingo, 26 de octubre de 2008

Contenidos, procesos


Volviendo a la cibernética del intérprete musical pienso en las muchas reformas que ha habido en España en cuanto a las leyes de enseñanza durante los últimos (¿150?) años, en las que, tras recorrer a velocidades supersónicas parajes de lo más diverso, aparentemente se ha regresado a escenarios visitados anteriormente…pero muchas cosas se han perdido por el camino. En lugar de reforzar el loop del aprendiz de intérprete, promocionando el esfuerzo y valorando adecuadamente sus frutos, la actual tendencia, diseñada por intérpretes frustrados convertidos en resentidos burócratas, consiste en el adormecimiento de la conciencia. Hace un tiempo oí textualmente decir que “hoy en día lo importante para un estudiante de violín ya no es tocar bien el concierto de Mendelsohn, sino tener una idea clara de la esencia y significación de dicha obra”. Una vez más, lamentable. El intérprete tiene la idea clara de la esencia y significación de una obra desde un punto de vista subjetivo y tal idea nace precisamente de la resonancia a que en otras ocasiones hacía referencia. Que además disponga de un intelecto capaz de racionalizar esta idea es otra historia. Solamente un reducido porcentaje de instrumentistas –y el número de cantantes se puede contar con los dedos de una mano- dispone de esta capacidad, por otra parte innecesaria en su ejecución. Todo el tema entronca con algo mucho más general: se ha llegado a hacer de la enseñanza una pura transferencia de información. Se ha hablado mucho de contenidos y muy poco de procesos (aunque esta palabra –y sólo la palabra, sin claras asociaciones- ya se está poniendo demasiado de moda en determinados foros). Siempre he creído que gran parte de la deformación mental que padece el grueso de la población en su consideración de las ciencias experimentales como guardianas de las verdades últimas de la vida se debe a la manera como recibió sus nociones durante la enseñanza secundaria. El mundo de la física, la química ó la biología se describe en estos ámbitos (y, por desgracia, se sigue haciendo en los ámbitos universitarios, debido a un problema de contenidos) como un conjunto de leyes que se descubren ó deducen, y no como el resultado de la acción del pensamiento humano a lo largo del tiempo. Cuando se explica un conocimiento específico en un campo determinado ni se discute su origen. No se promueve la captación gestáltica de un paisaje –proceso relacionado, sin duda, con la formación de un bucle cibernético- y su aprendizaje tiene lugar como si se tragara una pastilla contra la acidez gástrica.

viernes, 10 de octubre de 2008

Desequilibrio


Leo en las noticias de hoy que Stephen Hawking, en un viaje a Santiago de Compostela, además de incidir en su discurso catastrofista sobre el futuro de la vida en el planeta que llevará, según él, a una celeridad en la colonización extraterrestre, ha resaltado el hecho de que el número de matriculados en facultades de ciencias experimentales es cada vez menor, haciendo un llamamiento para contrarrestar tal déficit. El profesor Hawking, igual que el barítono Thomas Quasthoff, constituyen encarnaciones que representan fielmente un aspecto inherente a nuestra época: se trata de seres con terribles enfermedades degenerativas ó malformaciones congénitas privilegiadamente dotados que han mostrado unas dotes de capacidad de superación más que envidiables que deben sin duda de servir de ejemplo a la comunidad. Respecto al decremento de estudiantes de ciencias, si sumamos este dato a la carestía global del interés por las Humanidades, el resultado es más que desolador. ¿Qué estudian las futuras generaciones de gobernantes? ¿Todos ellos ciencias empresariales, ingenierías ó derecho? Las sociedades que no invierten en conocimientos básicos –y me refiero tanto a ciencias experimentales como a humanidades (ciencias del espíritu, como las llaman los países germánicos)- no pueden esperar mucho futuro. Hace unos años la preocupación venía del desequilibrio entre ciencias y humanidades: las unas sin las otras sólo pueden dar lugar que a inestabilidad. Durante los últimos tiempos la peligrosa idea de que las ciencias eran superiores por tratar sobre “objetos contrastables y absolutos” mientras que las humanidades lo hacen sobre “sujetos relativos” había hecho mella en amplios sectores sociales. Ahora constato que la tendencia lleva mayoritariamente a las disciplinas aplicadas. Pero éstas difícilmente modificarán el curso histórico si no van asociadas con su contrapartida teórica. Y que conste que no tengo nada en contra de empresarios, ingenieros y abogados.

sábado, 2 de febrero de 2008

Profundidad


Soy consciente de que la palabra profundidad –utilizada con conmovedora asiduidad por los románticos para designar cosas que a las generaciones posteriores les parecían muy superficiales- denota grado de intensidad unidireccional, y en una dirección muy clara: hacia un supuesto centro, concepto antagónico con los postulados de la postmodernidad. Ya no existe centro hacia el que converjan las incursiones. La asunción, sin embargo, de que todas ellas son independientes e inconmensurables ha acabado por conducir a la situación contraria: la del achatamiento de cualquier manifestación. Las grandes realizaciones humanas en los campos del arte, la filosofía y la ciencia se caracterizan por su multidimensionalidad, la riqueza de interpretaciones que generan, la variedad de puntos de interacción que ofrecen, la permanencia de su discurso dentro de la variabilidad temporal, entre otras grandezas. La relación que podemos tener con ellas, por tanto, oscila dentro de unos límites muy anchos en cuanto a grado, intensidad y... profundidad. Una obra musical, por ejemplo, se puede abordar bajo un prisma de menor o mayor experiencia auditiva, con una menor ó mayor experiencia de la vida, con más ó menos ganas de descubrir el secreto de su estructura ó el oculto mecanismo que la cohesiona. En cada caso nos devolverá, cual sutil espejo, nuestra imagen, nuestras expectativas, nuestra circunstancia, nuestro modo de percibir. Y algo parecido a lo que muestran las obras del campo de lo bello sucede con las que provienen de los campos de lo cierto y lo bueno. Poner una etiqueta a las grandes realizaciones humanas y asignarles una cualidad concreta o un “nivel común para la cultura general del hombre de la calle” resulta absolutamente falso y limitativo. Es lo mismo que estamos haciendo con todas las manifestaciones de la vida: calificarlas, achatarlas y deducir incesantemente consecuencias que solo podemos achacar a nuestra propia miopía.

domingo, 13 de enero de 2008

Confusiones


Hoy vuelvo a leer en una entrevista en un periódico algo que se repite bastante en la actualidad. Un neurólogo que califica a la oxitocina como la molécula de la felicidad. La felicidad se describe como un estado psíquico, del alma. Un estado subjetivo, que incluso se puede adiestrar hasta hacerlo aparecer a voluntad. La oxitocina es una sustancia química que puede inducir ciertos estados de conciencia, pero no lo que entendemos por felicidad. Lo que el buen señor quiere seguramente decir es que los estados de felicidad –así, en primera persona- suelen estar asociados con unas concentraciones elevadas de tal sustancia en el sistema nervioso central. Pretender que la felicidad se puede inocular en el organismo tal y como se puede hacer con un compuesto químico es vivir en una flatland wilberiana, preludio de un mundo feliz huxleyiano (mantenido a base de oxitocina ó de telebasura, tanto da).

miércoles, 5 de abril de 2006

Reduccionismo


Hoy en día mucha gente se dedica a la investigación científica, ya sea buena, regular o, decididamente, mala. La época en que la comunidad científica estaba constituida por unos pocos seres con tan elevado grado de vocación y tan poco reconocimiento dinerario que sólo se podían permitir investigar los ricos y los chalados, definitivamente, ha muerto. La superpoblación actual en este campo conlleva toda una serie de fenómenos sociológicos que nos diferencian radicalmente de otras épocas: en primer lugar, los científicos del período entre el S. XVI y la primera mitad del S. XX eran gente con un importante bagaje en cultura clásica, conscientes en buena parte de los casos de la novedad y de los límites de un modelo. Hoy en día la fauna del mundo científico está poblada de integristas que creen que son los únicos con potestad de decidir dónde está la verdad y dónde no. Estos seres ignoran sistemáticamente el trasfondo epistemológico sobre el que fundan su trabajo. Sólo existe la verdad y la mentira, y el que no está con la verdad está con la mentira. Terrible. Lo primerísimo que hay que hacer para poder iniciar un cambio de paradigma es reconocer que estamos sometidos a otro. Si no, lo único que haremos será emular a la paloma de Kant, que creía que si no hubiera aire –y, por consiguiente, rozamiento con él-, podría volar más rápido, ignorando que es precisamente el rozamiento con el aire lo que le permitía volar. Hace unos meses leí una entrevista con un profesor quelconque que aseguraba que, de no haber sido por la influencia de Platón y Aristóteles, la ciencia –perdón, la Ciencia-, hubiera avanzado mucho más rápidamente. Este buen señor –científico reconocido, blablabla- ignoraba que el nacimiento de la ciencia moderna se había debido, en gran parte, a la reintroducción en Occidente –por parte de los sabios árabes, que tenían su sede muy cerca de donde él tiene su actual cátedra- de la filosofía de Aristóteles. Tot és química, rezaba un poco afortunado slogan para promover cierta exposición. Claro. Y Tot és fisica, y Tot és ètica, y Tot és dret penal, y Tot és qualsevol cosa. La poco disimulada tendencia al más rancio reduccionismo todavía sale a coletear en el ágora por parte de nuestras autoridades científicas. ¡Sublevémonos contra esa autoridad! Puedo admitir cualquier opinión menos la que niega cualquier opinión diferente de ella. Quizá ello tenga algún tipo de turbio origen inconsciente... pero esto sería el tema de otra entrada.

jueves, 30 de marzo de 2006

Cohesión


Toda estructura dinámica (en algún modelo se diría holón) posee dos tipos de fuerza que actúan sobre ella. Por un lado están las fuerzas cohesivas, es decir, las que sostienen dicha estructura y mantienen su red de interacciones internas. Por otro lado están las fuerzas desintegradoras, las que tienden a deshacer dicha estructura debilitando la mencionada red. Ambas fuerzas son necesarias en el camino de la evolución –cualquier tipo de evolución, desde la de las especies hasta la cosmológica, la social y la de la conciencia-. En efecto, para que una estructura pueda dar paso a otra más evolucionada es necesario que previamente se debilite y de alguna manera desparezca. Desde hace ya prácticamente un siglo, nuestra sociedad está viviendo la creciente presencia de las fuerzas desintegradoras de estructuras de pensamiento (¡y no sólo de pensamiento!). De hecho, la siguiente estructura, si bien no ha tomado todavía el relevo de la anterior, asoma ya por el horizonte desde hace un par o tres de décadas (aunque la cercanía de este horizonte depende mucho del punto de vista con el que lo oteemos). Evidentemente, las fuerzas desintegradoras provocan –ilustrando el principio de acción-reacción newtoniano- una fuerza de reacción que tiende a impedir su progreso. Si tomamos un modelo evolutivo de la conciencia de tipo gebseriano, nos hallaríamos ahora en el trance de superar (integrando dialécticamente) la etapa mental para adentrarnos lentamente en las zonas transmentales, tal como ha hecho la humanidad con las épocas arcaica, mágica y mítica. La evolución de la conciencia, según este modelo, integrará, por tanto, la razón y adoptará modos de conocimiento que van más allá de ésta. Las fuerzas de la reacción, por su parte, están haciendo un uso regresivo de la racionalidad. Vivimos ya plenamente en la sociedad descrita por Jacques Tati en Mon Oncle. A fuerza de proyectar sólo y exclusivamente la razón en el mundo que nos rodea hemos llegado a un punto ciertamente irracional, simplemente porque tomamos la consideración racional como un absoluto punto final de la conciencia. Si a ello sumamos la consideración del mundo material como única realidad posible (la clásica flatland wilberiana) debemos de reconocer que las fuerzas de reacción a la evolución son, en este caso, potentes, en consonancia con la magnitud que necesariamente deberá presentar esta cambio al que nos estamos viendo sometidos.

lunes, 20 de febrero de 2006

Colapso


La muerte del actual paradigma científico-social se está produciendo de una manera similar al caso de las estrellas: después de un período de expansión hipertrófica a gigante roja, tiene lugar el colapso que lleva a la enana blanca. Nos hallamos en medio del período de inflación de la conciencia -inflación del ego ó hubris junguiana- que nos ha llevado a una falsa seguridad sobre la “realidad” y nuestra capacidad para dominarla. Hemos acabado creyendo que nuestro paradigma materialista se correspondía con la realidad per se y que aplicando supuestas mejoras cada vez nos encontraríamos más cerca de la perfección. Hemos creído posible aislar la luz de la sombra, el bien del mal, la materia del vacío. La parte que hemos despreciado nos pasará cuentas. Antes del colapso propiamente dicho, sin embargo, estamos asistiendo a un empobrecimiento mental y moral que nos acerca cada vez más al mundo feliz huxleyano que no hace tantos años ¡fue tomado por una novela de ciencia-ficción!