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martes, 31 de diciembre de 2013

Bon Any Nou !!



                         Acabo de escuchar una reciente entrevista con Alfred Brendel, en la cual opinaba sobre el futuro de la educación musical de los niños y jóvenes y hacía del caso venezolano una excepción a la (mala) regla. Brendel hacía referencia a un concierto del pasado verano en Salzburg de la orquesta nacional de niños de Venezuela, en la que figuraba la 1ª sinfonia de Mahler dirigida por Simon Rattle. Después de escuchar la versión, contagiosa en entusiasmo y quizás algo desequilibrada orquestalmente, pero magnífica habida cuenta de la edad media de los músicos, me ha seguido picando la curiosidad y he buscado algo más. Sabía algo del caso de la educación musical en Venezuela que lleva casi cuarenta años rodando y de su autor, José Antonio Abreu, así como de su producto más conocido internacionalmente, el director Gustavo Dudamel. El documental que encontré (en el que Abbado y Rattle entre otros se expresan desde el fondo de su alma, así como el propio Abreu desarrolla sus tesis iniciales) es altamente recomendable para reconciliarse con el mundo, cosa que nos hace falta un poco a todos. Sirva de felicitación de año nuevo y para celebrar los ocho años de blog.

viernes, 26 de julio de 2013

Operas VIII - Die Zauberflöte


                        Durante los últimos cien años, la sucesión de posibles interpretaciones sobre el significado de Die Zauberflöte ha sido constante. Desde las más simplistas, que consideran la obra poco más que un cuento infantil, hasta las que tienen en cuenta el elemento masónico presente en ella, pasando por las más fantasiosas que asignan los personajes a entes o entidades del mundo del arte, de la política o del poder religioso de la época. Es obvio que el elemento masónico forma parte importante del armazón de la obra. Pero tampoco hay que aislar este hecho de su contexto histórico. La Ilustración centroeuropea configuró la masonería local. Mozart fue masón como lo fue su padre Leopold, así como Haydn, como Goethe, José II de Austria ó Federico el Grande De Prusia. Lo realmente notable de esta ópera es que, manteniendo un hondo mensaje, ha sido y es tremendamente popular entre todo tipo de públicos, independientemente de su edad, educación y extracción cultural. Este hecho, que se halla solamente al alcance de unas pocas obras de arte a lo largo de la historia, es debido a toda una serie de razones, entre las que no cuenta poco la heterogeneidad de sus contenidos formales. La Flauta Mágica es una narración de las que podemos clasificar como “de pasaje”, igual que la Divina Comedia o la Odisea. Contienen una iniciación adquirida a través de una experiencia en el tiempo. Como en muchas obras de teatro clásico, la presencia de la doble pareja (seria/cómica ó sofisticada/sencilla) logra mayor identificación e integración por parte de audiencias de lo más variopinto. Die Zauberflöte –junto con el Requiem, el concierto para clarinete, el motete Ave Verum Corpus y algunas pequeñas piezas-  forma una parte muy significativa del núcleo de las últimas composiciones mozartianas. En casi todas ellas priva una drástica reducción de elementos que hacen que, a pesar hacer el conjunto más concentrado no por ello lo hace menos liviano. Se han reducido al máximo los elementos decorativos pero el núcleo preservado resulta igualmente o incluso mejor acabado. La combinación de obertura fugada, recitativos acompañados pre-wagnerianos, canciones populares vienesas, ariasvirtuosistas a la italiana, coral variado bachiano, hondo lirismo, música deniños, tristeza infinita, alegría radiante, hace que incluso Salieri (el archienemigo de Mozart, de acuerdo con la romántica leyenda, tal como lo recoge la saga Pushkin/Rimsky-Korsakov/Peter Schaffer/Milos Forman) clasificara la obra como “operone digno de ser ejecutado en las más solemnes festividades en presencia de los más grandes monarcas”.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Periodicidad

          
                       Desde la noche de los tiempos la humanidad ha buscado, reconocido y sistematizado (en el nivel estructural de conocimiento propio de cada época) cualquier periodicidad que apareciera en su horizonte. Empezando por la más obvia, la aparición y desaparición del sol, que dio lugar al concepto de día, siguiendo por la de la luna, cuyo retornante cambio de fase (y subsiguientes fenómenos por ella regidos, desde las mareas terrestres a la menstruación femenina) dio lugar a los conceptos de semana y mes, pasando por el de los cambios regulares en la temperatura externa, aspecto de la bóveda celeste nocturna y altura máxima del sol sobre el horizonte, que dieron lugar al concepto de año, y así sucesivamente (cambios periódicos en la posición de los planetas, más difíciles de detectar, que dieron origen a numerosos modelos mecánicos) hasta llegar a los propios límites de la periodicidad (corrimiento al rojo de las galaxias; hipótesis del Big Bang, conducente ya a una a-periodicidad ó punto singular –no porque se niegue la existencia del Big Crunch, sino por la imposibilidad de que la información, esto es, el ritmo periódico, se mantenga más allá de tales singularidades-). Pero no solamente se han reconocido singularidades, por así decirlo, externas. También el microcosmos humano con su latido cardíaco, su respiración, sus fases circadianas de sueño y vigilia marcan, de alguna manera, el pulso de la existencia; aquel aspecto vibratorio del cosmos tempranamente reconocido por algunas místicas orientales como la hindú. La cualidad principal de la música es, a mi modo de ver, la traducción al mundo tangible de los sonidos de este pulso, periodicidad ó aspecto vibratorio de retorno. Y esto es válido para la música en general. En algunas tradiciones culturales ó en algunos casos del moderno arte musical existen ejemplos de músicas que pueden parecer carentes de pulso –en el sentido tradicional/occidental del término- bien por la gran complejidad rítmica (como en los ragas tradicionales de la India) ó por características internas del propio sonido (como en determinadas obras de la música electrónica). A través de la misma operación por la que las matemáticas pueden transformar el aparente desorden en un orden de grado elevado, la música supuestamente a-pulsátil resulta transformada en periódica. Y para no parar con el obituario musical iniciado hace poco, rememoro aquí las figuras recién desaparecidas del excelente y espiritual compositor británico Jonathan Harvey,  la eminente soprano mozartiana Lisa Della Casa, la rusa Galina Vishnevskaya y el ragista del sitar Ravi Shankar.

sábado, 9 de junio de 2012

Alquimia


                        Las personas introvertidas –las que extraen sus impulsos y energías de su interior- poseen un recinto o fuente psicológica en donde se produce el milagro alquímico. Las personas extravertidas evidentemente también poseen esta cocina alquímica, pero al situarla en el exterior resulta estar más ocultada por el mundanal ruido. Cuando esta fuente es recóndita podemos contemplar su riqueza y su frescor directamente, sin que medien otros elementos reflejantes de por medio. Por eso el introvertido siempre se sentirá atraído por los lugares recónditos, especialmente aquellos lugares que se sitúan en medio del bullicio y son capaces de aislarse de él. Me voy acercando al tercer substantivo con que denominar la cocina psicológica: el jardín secreto. Un jardín que florece de forma más o menos privada y cuyos frutos son frágiles y solo pueden ser manipulados con mucho cariño antes de que puedan ver por fin de la luz pública. El jardín aloja los secretos de la alquimia y el amor, pero también las potencialidades no realizadas y la tibieza de la primavera. A veces el mundo exterior penetra en nuestro jardín secreto y lo alimenta con hallazgos, aperturas de mente, visiones poéticas y reencuentros furtivos. Benditos sean.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Intimidad

La gente que se puede calificar de introvertida –no tanto en el sentido popular del término sino más bien en el sentido junguiano, es decir, aquellos que realizan sus hallazgos y encuentran sus energías en su interior, en contraste con los extrovertidos, que realizan lo propio con lo exterior- tiende, en diversas estapas de su vida, a construir un espacio propio de la intimidad. Bien sea un paraje natural poco frecuentado y que se percibe como propio ó un paraje urbano que, aunque frecuentado, se reviste de una significación especial, este espacio de la intimidad es, en ocasiones, desplazado por un espacio no físico, un espacio imaginario. Este espacio imaginario –siempre íntimo y significativo- puede estar situado dentro de un poema, una composición musical, una novela -también en una teoría científica, un fragmento de un filme ó una coreografía- y se percibe, en un proceso claramente identificativo, como algo muy propio. Esta cercanía acentúa también la percepción de origen, y, por tanto, de fuente de la que extraer energía psíquica. Hoy en día que tanto se repite la frase de los atomistas griegos “somos aquello que comemos” no se presta, sin embargo, la importancia debida a los espacios de la intimidad: “Somos aquello que tan celosamente cultivamos”. No como paliativo, como receta fácil para la felicidad de manual de autoayuda. Más bien como motor y a la vez combustible de nuestras acciones.

jueves, 5 de febrero de 2009

Anuncios


En las últimas semanas han aparecido carteles publicitarios en algunos espacios públicos de mi ciudad –como autobuses- con la frase “Dios probablemente no existe; deja de preocuparte y disfruta de la vida en cada instante”. El slogan viene firmado por cierta sociedad agnóstica que, para gran alegría de las arcas municipales, ha costeado tal advertisement. No sé cuál es la finalidad de esta campaña (la idea de la cual parece provenir de tierras londinenses), pero me adhiero a la opinión que leí hace unos días en la prensa: la lógica del enunciado contrario funciona igualmente bien: “Dios probablemente existe; deja de preocuparte y disfruta de la vida en cada instante”. Decía Niels Bohr que lo contrario de un enunciado verdadero es un enunciado falso, pero lo contrario de una verdad profunda puede ser otra verdad profunda. Y si dos verdades profundas nos parecen antagónicas es que las miramos -ambas- con ojos de ratón miope (esto lo digo yo). Tanto los agnósticos como los teístas están, hablando de manera simple, proyectando aspectos propios en una especie de metacompartimento al que luego se aprestan a arrojar al exterior. Y en ese espacio hay sitio para todo, para lo mejor, lo peor, el valor, la miseria, el miedo, la esperanza, la impotencia, la compasión, el orgullo, la humildad, el poder…Nuestro estado de desarrollo nos exige que dediquemos especial atención a dos tareas: 1/ aumentar nuestro nivel de conciencia de forma consecuente para que las fronteras entre el “yo” y el “no yo” se agranden en la medida de lo posible y 2/ aprender a valorar la subjetividad de nuestras apreciaciones, que son una visión en primera persona de percepciones sometidas a un grado determinado de conciencia. Aplicado a nuestro caso: Dios y su negación Nodios son tan sólo conceptos ó modelos, como la Mecánica Newtoniana. La Mecánica Relativista y la Mecánica Cuántica representan modelos más evolucionados y ampliados pero no pueden añadir nada al modelo anterior, que configura una época del pensamiento. La música de Ligeti representa un modo históricamente más avanzado que la de Beethoven, pero no la puede invalidar; no podemos decir que sea más auténtica que la del músico de Bonn (hay que notar que hablo de dos grandes compositores, gustos personales de cada uno aparte). Es evidente que el mundo de la espiritualidad, el de la ciencia y el del arte tratan asuntos diferentes, pero creo que el símil evolutivo puede ser válido. Resumiendo, que el supuesto debate teísta/ateo creo que queda ya muy atrás en la evolución y quien se sienta inflamado y dicotomizado por una de las partes está presa de un estadio primitivo todavía no superado. He dicho.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Fisica y misticismo




Hoy leo en el periódico una entrevista que ahonda en el tema de la relación entre la física cuántica y el misticismo oriental, tema ampliamente ilustrado con numerosos escritos desde hace ya bastantes años, desde El Tao de la Física de F. Capra (1975) hasta La Danza de los maestros de Wu-Li de G. Zukav (1979). El entrevistado afirma que la física cuántica y el budismo enseñan la misma cosa. La controversia también estuvo servida desde hace ya bastantes años, mayormente a través de numerosos escritos de Ken Wilber en los que este autor aduce, a través de su modelo AQAL, compartimentos estancos para ambos tipos de conocimientos. El mezclar los objetos –y por tanto, los espacios cognoscitivos- para ambas aproximaciones supondría una flatland, un mundo chato monodimensional. ¿Por qué entonces tanta tendencia a ligar ambos temas? Se puede explicar sencillamente si tenemos en cuenta que, en su evolución hacia estadios más avanzados, la cultura occidental –y, por tanto, la física, la espiritualidad, el arte y todo lo demás- tiende a acercarse y fusionarse con sus contrapartidas orientales. Así, el proceso que lleva al nacimiento de la física cuántica es de la misma índole que el que lleva a interesarse por un tipo de espiritualidad oriental, o que lleva en otros ámbitos a lo que Gebser denomina estadio aperspectivista. O sea, que la mecánica cuántica y el misticismo oriental no enseñan lo mismo pero el impulso que lleva a los occidentales a abrirse a ambos conocimientos sí que puede serlo.

martes, 2 de septiembre de 2008

Caminos separados


La relación entre artista y sociedad (aislamiento, influencias mutuas) es un tema sobre el que se ha hablado hasta la saciedad. También resulta común el tema de la relación entre el artista y su obra, tópico romántico por excelencia. La identificación de un autor con su obra, que se enamora de ella (Pigmalión, Coppelius), se niega a desprenderse materialmente de ella (Cardillac) ó es incapaz de darla por finalizada habla desde el punto de vista más subjetivo, sin detenerse a situar las coordenadas de ambos polos en consideración. Independientemente de otras categorizaciones más particulares se podría decir que existen dos tipos de compositores: aquellos que han teorizado sobre sus obras (ó, en algún caso, sobre música en general) y aquellos que no lo han hecho. En el segundo grupo tenemos a aquellos volcanes que no han tenido tiempo material para gastar fuera de sus quehaceres habituales (Mozart, Schubert). En el primer grupo, y refiriéndonos exclusivamente a los grandes creadores, tenemos a los que muestran una gran distancia entre su obra y sus especulaciones teóricas (Wagner) y a los que han sido capaces de mantener la lucidez mientras nos explicaban la técnica de su lenguaje (Messiaen, Mompou, Hindemith) ó su cosmovisión (Stravinsky). ¿Podemos seguir de ello que éstos últimos entendieron su propia obra mientras que los primeros fueron grandes instintivos? No necesariamente; no creo que Wagner fuera excesivamente instintivo ni Schubert exclusivamente instintivo. Con todos estos vagos rodeos quiero llegar –aunque ahora mismo no sé ya cómo hacerlo- al tema que me interesa: el de la relación entre el grado de evolución –intelectual, personal- de un creador y el de su obra. En su por otra parte admirable y enciclopédico Sexo, Ecología, Espiritualidad, Ken Wilber cita a Jean Gebser como una pieza clave (junto a J. Piaget y Sri Aurobindo) en el desarrollo del pensamiento integral, lamentando la inclusión que hace el citado autor de figuras como Stravinsky, Einstein ó Picasso entre los pioneros del aperspectivismo transracional. El propio Wilber presenta en cambio a figuras de la cultura pop como Kid Mystic como verdaderos representantes de la conciencia integral. No es que dude que la evolución espiritual de Kid Mystic pueda superar a la de Stravinsky, pero sí tengo mis fuertes reservas respecto al contenido y significación de sus respectivas obras. Y es que muchos de los grandes creadores fueron seres con un elevado componente egocéntrico –que en algún caso se diría casi necesario para mantener el alto nivel intelectual dejando otras cuestiones en la retaguardia-. Tampoco dudo que la evolución espiritual de Louis Cattiaux fuera mucho más lejos que la de Picasso pero, a pesar de las representaciones simbólicas que aparecen en su obra, el corpus de la obra del malagueño posee una significación evolutiva mucho mayor a la del francés por lo que al arte de la pintura se refiere. Si recordamos por algo a Cattiaux es sin duda por sus escritos místico-herméticos. De todo ello parece seguirse que la evolución personal de un artista y la de su obra discurren por caminos (en muchas ocasiones paralelos aunque) separados.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Trascendencia



Uno de los impulsos que el ser humano ha ido desarrollando de acuerdo con su grado de evolución lo constituye su tendencia a la apertura a niveles superiores, a la trascendencia, en suma. Sea cual fuere su esencia originaria (una necesidad psíquica que se va desplegando de forma natural o simplemente el miedo a la muerte ó al sufrimiento), la tendencia existe y ha existido a lo largo de la historia. Y cada sociedad ó civilización la ha incorporado a sus estructuras ateniendo a diversos factores culturales hasta modelar un manual de uso para todos los miembros de la tribu. Esto es válido desde la etapa inicial en que la magia llega a configurarse como el elemento cohesionador, durante la etapa en que los mitos ocupan tal espacio y hasta la época mental en que las religiones reveladas, con sus maestros espirituales hacen su aparición. Llega un momento en la historia en el cual la propia expansión de las civilizaciones (pienso especialmente en la occidental) hace que éstas se lleguen a poner en contacto físico. Es la época Moderna. Entonces las religiones se llegan a considerar verdades absolutas incompatibles entre sí. De la misma forma se considera que hay civilizaciones superiores a otras. Es la época de la expansión colonial y de las guerras de religión, hechos muy relacionados entre sí. La Ilustración, y posteriormente el S XIX, se encargarían de dar la vuelta al tema: las religiones no corresponden a verdades absolutas (puesto que pasa a ocupar la ciencia), sino a formas de explotación ó folklores primitivos. El retorno a la espiritualidad que se observa ya desde principios del S XX corresponde con un cambio de actitud: las religiones son manifestaciones culturales del impulso trascendente que cada civilización ha modelado de acuerdo con sus características particulares. Es la visión postmoderna. Los individuos más evolucionados desde el punto de vista espiritual (por ejemplo, los místicos de cualquier tradición) en muchas ocasiones han prescindido de las religiones. Se han situado, avant la lettre, en un estadio mucho más avanzado de lo que han hecho el resto de sus compañeros de tribu, por encima de su bagaje cultural. Jung proclamaba que un occidental nunca puede ser un auténtico budista. Es posible. Pero las diversas experiencias trascendentes se hallan por encima de las diferentes manifestaciones culturales. Es el paso a otro estadio de conciencia.