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martes, 28 de febrero de 2006

Causalidad


En Occidente estamos tallados con un molde que hace que veamos el mundo como una gran red de causalidades. Incluso ya hace años que utilizamos la estadística para encontrar relaciones causales. No tan sólo causalidades físicas ó materiales, sino también psíquicas, morales ó metafísicas. Evidentemente, las relaciones causales las generamos nosotros. Para asegurarnos la tranquilidad asignamos un coeficiente r2 y automáticamente proyectamos nuestro constructo en el reino de la “realidad externa”.
Nuestro inconsciente sigue un camino muy hábil para lograr hacer enmudecer nuestra capacidad de análisis de las situaciones. Simplemente, inventa falsas relaciones causales, tejiendo clichés, cuya procedencia habría que buscar en los estratos más superficiales de las vías de expresión de nuestra sociedad.
El tiempo, tal como lo consideraba la Física antes de la Relatividad, era necesariamente lineal. La ley causal se derivaba de forma natural. La Relatividad Restringida “relativiza” el concepto de tiempo (posibilidad que ya había sido intuida en cierta manera más de cien años atrás por Kant). A partir de aquí podemos considerar la posibilidad de que el tiempo se muestre como un parámetro no lineal; podríamos hablar del “hipertiempo” con estructura fractal y como manifestación caótica del no-tiempo. Esta posibilidad haría más comprensible, por ejemplo, el fenómeno de la Astrología, que interpreta una estructura fractalizada de una tendencia estructural. Lo que no podemos es asociar la ley causal con la astrología: nos hallamos en ámbitos irreducibles.

lunes, 27 de febrero de 2006

Musica antigua


Vivimos un momento histórico con complejo de sheriff de la moralidad, las formas y el respeto a la verdad y a las esencias del pasado. Todo ello no pasa de complejo. No somos más respetuosos que en otras épocas; simplemente nos queremos ver como benefactores de la humanidad. El respeto a las esencias del pasado no deja de ser un reflejo de nuestra propia época. Los actuales popes de la música antigua, con la excusa de acercarse de una manera más auténtica a la música del pasado, nos ofrecen una muestra del aburrimiento y la superficialidad propias de nuestro momento. Todo lo que no es light ó aburrido, es romántico. En los últimos tiempos he tenido la ocasión de poder escuchar dos versiones de Le Sacre du Printemps absolutamente ligeras; la una porque evitaba la articulación marcatto y la subdivisión, la otra porque pasaba por encima como si se tratase de música de cartoon. Me parece que la versión dirigida por su autor, entre otras muchas versiones, se encuentra tan alejada de la ligereza como del pretendido aire romántico (!). El toque light de los vigilantes de la moralidad de la música antigua ha llegado al repertorio del S.XX. Quizás es que ya contemplamos a Stravinsky, Bartók ó Hindemith como músicos antiguos. Quizás a las nuevas generaciones les falte un poco de sangre en las venas. La sociedad del 'bienestar' ablanda el espíritu y la conciencia de manera devastadora.

sábado, 25 de febrero de 2006

Afirmación


¡Conócete a ti mismo! era el motto de la sabiduría en el mundo antiguo. Esto corresponde al proceso de individuación, ascenso evolutivo, autorealización ó como se le quiera llamar. Este proceso ofrece a menudo una resistencia inconsciente por parte del prójimo. Lo que los demás te retraen, cultívalo, porque esto eres tú, decía Cocteau.

viernes, 24 de febrero de 2006

Escapar



En su segundo filme -mi amigo Jaume diría tercero- I vitelloni (la película favorita de S. Kubrik), Fellini nos describe las vidas fútiles y autocomplacientes de unos señoritos de provincia que siempre están diciendo lo que querrían hacer y algún día harán, aunque en realidad no hacen nada más de lo que les impone su condición inicial. Solamente uno entre ellos, Moraldo, de todos ellos el que menos habla de hacer –hacer en gran medida pasa por marcharse de aquel pueblo asfixiante- acaba yéndose de verdad y librándose de la pesadilla de la amargura que siempre acompaña la acción de revolcarse entre la mierda. Una vez más muchos de nosotros nos podemos identificar –aunque sea parcialmente- con esta situación. El pueblo –un Rimini muy diferente al representado años más tarde en Amarcord- constituye nuestro entorno físico, mental y moral tal y como lo vemos desde dentro. La acción de Moraldo significa la liberación, el crecimiento, la valentía de afrontar la vida. No simplemente el deseo de conocer –el intelectualoide Leopoldo también tiene ciertas inquietudes, que sólo lo conducen a reforzar su sentimiento de frustración- sino la realización de tal deseo. El conjunto se puede interpretar a un nivel puramente mental; la riqueza de la obra felliniana permite innombrables lecturas, muchas de las cuales llegan muy adentro del alma humana.

martes, 21 de febrero de 2006

Vacuidad y Forma


¿Qué diferencia existe entre crear, inventar y descubrir? En el habla habitual, parece que se descubre algo preexistente a nuestra acción, mientras que se crea ó se inventa algo no preexistente (inventar posee una connotación más práctica, mientras que crear parece algo más teórico ó radical). El descubrimiento queda limitado al mundo de la manifestación, ya sea puramente fenomenológica, intersubjetiva (Copérnico) ó más específicamente interior o subjetiva (to realize: darse cuenta de algo que ya estaba ahí, como los dibujos que emplea la psicología gestalt). El acto de descubrir implica un giro copernicano que tiene lugar –como diría Descartes- de forma clara y distinta. Uno descubre un día que su padre es un asesino (ayudado por pruebas, pero el descubrimiento en sí no tiene lugar hasta que cambiamos nuestra percepción), ó cae en la cuenta de que es la Tierra la que gira alrededor del Sol y no al revés. El acto de creación implica una corporización, ya sea en la noosfera (un modelo científico) ó en la fisioesfera (una obra artística) de algo que previamente se había descubierto. La creación, por tanto, implica el abrazo tántrico entre Shiva y Shatki, entre la Vacuidad y la Forma, entre lo Ascendente y lo Descendente. El mundo, en sus manifestaciones objetivas, subjetivas ó intersubjetivas; prerracionales, racionales ó transracionales, es. La diferencia entre crear y descubrir forma parte de nuestra aprehensión. Ambos actos están íntimamente unidos en los estados de conciencia más elevados.

lunes, 20 de febrero de 2006

Colapso


La muerte del actual paradigma científico-social se está produciendo de una manera similar al caso de las estrellas: después de un período de expansión hipertrófica a gigante roja, tiene lugar el colapso que lleva a la enana blanca. Nos hallamos en medio del período de inflación de la conciencia -inflación del ego ó hubris junguiana- que nos ha llevado a una falsa seguridad sobre la “realidad” y nuestra capacidad para dominarla. Hemos acabado creyendo que nuestro paradigma materialista se correspondía con la realidad per se y que aplicando supuestas mejoras cada vez nos encontraríamos más cerca de la perfección. Hemos creído posible aislar la luz de la sombra, el bien del mal, la materia del vacío. La parte que hemos despreciado nos pasará cuentas. Antes del colapso propiamente dicho, sin embargo, estamos asistiendo a un empobrecimiento mental y moral que nos acerca cada vez más al mundo feliz huxleyano que no hace tantos años ¡fue tomado por una novela de ciencia-ficción!

viernes, 17 de febrero de 2006

Mitologías


En el habla habitual se utiliza en ocasiones la calificación de psicológico como sinónimo de falso ó de irreal: ¿Te duele de verdad, ó es psicológico? Este tipo de aseveración no hace más que confirmar el paradigma materialista. Las realidades percibidas a través de los órganos sensoriales son sólo una parte de todas las realidades vividas con la experiencia. Éstas también abarcan las realidades que nos llegan a través de la intuición y, en general, las que provienen del pensamiento no lineal. Esta idea también está relacionada con la del mito. Los textos sagrados –especialmente en Occidente- se han interpretado básicamente de dos maneras: o bien como crónicas históricas o bien como textos poéticos. La esencia básica de tales textos no consiste ni en lo uno ni en lo otro. Son, por encima de todo, mitologías, que no se corresponden con ninguna de las dos categorías enunciadas, aunque puedan destilar belleza literaria o se acomoden lejanamente a algún hecho que tuvo lugar en épocas remotas. Los mitos se corresponden sobre todo con trasuntos simbólicos que se encuentran en determinados estratos de la psique y, como tales, son capaces de polarizar a muchas generaciones en muchos lugares. Es necesario, entonces, que revisemos profundamente el concepto que otorgamos cotidianamente al término realidad.

jueves, 16 de febrero de 2006

Amateurismo


Una vez ví un documental realizado alrededor de un ensayo del Requiem de G. Faure por parte del director S. Celibidache. Después de innombrables encuentros con los músicos y los cantantes solistas, el director comentaba: “esta noche ensayaré con el coro: me lo pienso pasar muy bien haciendo música, porque se trata de un coro amateur. Esto quiere decir que vendrán cansados, pero con ganas de trabajar, al revés de los profesionales con los que he tenido que batallar durante todo el día”. De hecho el término amateur ya expresa una idea muy diferente a la de aficionado, aunque una palabra pasa por ser la traducción de la otra. Los componentes del coro colocaban la música en una zona del psiquismo donde quedaba protegida de la erosión del quehacer diario. De esta manera podían emplear toda su energía psíquica en hacer música. Convendría revisar, por tanto, en nuestro lenguaje habitual, el sentido que damos a las palabras “profesional” y “aficionado” –normalmente meliorativo el primero y peyorativo el segundo-.

martes, 14 de febrero de 2006

Cotidianeidad


De adolescente conocí, gracias a la TV, algunas de las grandes obras del teatro universal. Reí mucho con Le Bourgeois Gentilhomme, me llegó muy adentro The Time and the Conways, quedé muy impresionado con The Witches of Salem y me removió superlativamente La Visita de la Vieja Dama. Lo que en aquel momento no hubiera dicho nunca es que las situaciones descritas corresponden a hechos reales y, en ocasiones, casi cotidianos.

lunes, 13 de febrero de 2006

Más ramalazos postmodernistas


La historia de nuestra ciencia empieza hace unos quinientos años. Anteriormente no existía ciencia en el sentido que ahora damos a esta palabra. Pero evidentemente que existía preocupación y curiosidad por entender el mundo. Desde el punto de vista de la ortodoxia vigente (¡cada vez menos vigente!) este cometido lo llevaron a cabo en el mejor de los casos filósofos ó astrónomos, pero en gran parte fue debida a sujetos sospechosamente procedentes del mundo del “misticismo” o del “subjetivismo intolerable”. Y, sin embargo, no se nos ocurre pensar que nuestra pretendida “realidad objetiva” no tiene nada que envidiar a los mundos mágicos, psicóticos ó histéricos de otras épocas. La “misteriosa fuerza que atrae cuerpos distantes” que proponía Newton hizo que sus contemporáneos lo acusaran de “rendirse al misticismo”. Indudablemente, el modo que tenemos de acercarnos al mundo nos dice más sobre nosotros mismos que sobre el mundo. Si viajamos a, pongamos por caso, Viena, el televidente adicto verá valses de Strauss, pasteles de colores y la presencia sempiterna de la encantadora Sissi. Quien posea más inquietudes y le guste descubrir nuevos mundos evocará el psicoanálisis, la filosofía analítica, la mecánica ondulatoria y la música dodecafónica. El individuo con inquietudes sociales se fijará en el envidiable grado de socialización. El deportista se sentirá cerca de los Alpes; el amante de la historia evocará tiempos pasados... Cada uno encontrará una parte de él mismo. Todo depende mucho de nuestras aptitudes, preferencias y referentes. Nuestra ciencia ha reflejado en buena medida la actitud de Occidente hacia el resto del mundo: la prepotencia y el deseo de explotación.

viernes, 10 de febrero de 2006

Aforismes


Enmig del camí de les nostres vides ens podem trobar una selva fosca, fosquissima o absolutament negra. Condueix a l’Infern. Darrera l’Infern hi ha el Purgatori, i darrera el Purgatori, el Cel.

Trepador(e)s del món ! Fixeu-vos bé en el que feu: esteu trepant la falda d'un volcà !
Així parlava Zaratustra.

El cel i l’infern son estats mentals que, com els extrems, es toquen.

Enganyar als demès es necessari; enganyar-se a un mateix es patètic.

La llum és el malic que resta entre el món fenomènic i el món noumènic.

Reconocimientos


Cuando era joven, todo el mundo con un mínimo de dignidad execraba de los premios. Ahora parece que ganar un premio se haya convertido en una de las cosas más importantes a hacer en este mundo (es un buen recurso para lavar el cerebro, tal y como aparece en cierto filme de W. Allen). Cualquiera que se pare a pensar un rato puede observar que los reconocimientos en vida no significan gran cosa. Muchos de los grandes creadores de la historia fueron ignorados por sus contemporáneos, que se dedicaban mientras tanto a rendir honores a los pompiers, mercantilistas, academicistas y oficialistas la obra de los cuales no sobrevivió una generación. Esto, evidentemente, no es una regla universal; también algunos autores que han quedado fueron reconocidos en su momento. Como dijo el ocurrente Erik Satie: « Monsieur Ravel refuse la Légion d’Honneur, mais toute sa musique l’accepte: il ne suffit pas de refuser la Légion d’Honneur; encore faut-il ne pas la mériter! »

miércoles, 8 de febrero de 2006

Espejos proyectores


Las grandes obras de arte, filosofías, teorías científicas poseen una vida anímica propia. Con el paso de los años van emanando toda una serie de significados que en muchos casos su autor no hubiera podido ni imaginar. Crecen y se desarrollan en el tiempo una vez que su progenitor los haya parido, como si fuesen organismos vivos (de hecho lo son).

Un constructo rico y fructífero, ya sea una teoría científica, una obra de arte, una mitología, es como un poliedro que permite que cada uno pueda proyectar sus “matrices de conocimiento” a través de sus numerosas caras. También es como un espejo perfecto, que nos refleja sin darnos cuenta de nuestra propia imagen. El espejo de la bruja de Blancanieves no hace más que de proyector de su interior. Existe la eterna cuestión de si el poliedro-espejo está construido-creado o sencillamente capturado desde otra realidad.

martes, 7 de febrero de 2006

Evolución


Una gran parte de la gente conoce y sufre las desventajas de vivir en una época de transición: falta de valores, falta de autoridad, pérdida del norte, rebaja de la autoestima, falta de ilusiones, desorientación del sentido moral, falta de solidaridad... Pocos se detienen, sin embargo, a pensar cuáles son las ventajas de vivir en tal momento (toda situación presenta objetivamente tanto ventajas como inconvenientes). La gran ventaja es que, al remover toda la carcasa de nuestras convicciones, valores, certezas, conocimientos, pensamientos, comportamientos, etc., la máquina deja durante unos instantes históricos el motor al descubierto y podemos descender más fácilmente un nivel para después asumir un nuevo giro copernicano ó una nueva ascensión dialéctica. Para luego poder subir efectivamente, primero debemos descender. Para que unas estructuras dejen paso a otras, las primeras deben debilitarse y morir. Este es el sentido central de obras que nos hablan de iniciaciones como La Divina Comedia ó La Flauta Mágica. El momento actual, por tanto, nos permite disfrutar de una vista vedada para nuestros antepasados de hace doscientos años ó nuestros herederos de aquí a doscientos. Este descenso hacia el propio interior se traduce en nuestro caso en un reconocimiento de las proyecciones y de les ilusiones de falsa objetividad. La Edad Moderna, época que comienza con Renacimiento y que ahora termina, ha estado indisolublemente unida a dos conceptos: la Ciencia y el Humanismo. El Humanismo puso la figura del Hombre en medio de la Naturaleza. La Ciencia segregó los conceptos de objetividad y subjetividad al mismo tiempo que separaba los reinos de la mente y de la realidad física. Estos conceptos, como todos los conceptos, no corresponden a verdades absolutas ni son inamovibles ó irrenunciables. Ahora, al ver la carcasa de nuestra Edad Moderna levantada, podemos percibir con más facilidad que los conceptos más radicalmente vanguardistas se parecen más a las viejas tradiciones de Oriente ó incluso a las de los primitivos de lo que los clichés nos permitirían pensar. Lo que nos hace falta ahora es dejar que se vuelvan a formar unas estructuras que articulen efectivamente el funcionamiento de nuestro pensamiento, de nuestra sociedad y nuestras acciones. Hasta que esto no vuelva a suceder no habremos penetrado de manera efectiva en una nueva era de la humanidad.

jueves, 2 de febrero de 2006

La Tendresse


Lo más frecuente es que los individuos sean muy contestatarios en su juventud para acabar abrazando el sistema en su edad madura. El caso más extremo es el constituido por los políticos. Los que lo hacen al revés son minoría y constituyen uno de los principales focos de apestados de la sociedad. Principalmente porque en la edad madura normalmente ya no se quiere cambiar el mundo sino que se da directamente por perdido: es inútil empujarla cuando es corta. En otras épocas más consistentes los viejos anarquistas, si eran suficientemente sensibles y tenían suficientes dosis de ternura podían hacer canciones y reencontrarse con algunos sectores de la sociedad.
Non, les brav's gents n’aiment pas quel’on suive un autre route qu’eux.

Los hombres nacen tiernos, ingenuos, sin conocimientos, con carga genética, pero como un ordenador con el disco duro vacío, convirtiéndose en duros, pervertidos, amargados y con el disco duro lleno con la edad. Es una manera de ver la cuestión. También se puede considerar que nacemos con inclinaciones –con una especialmente elevada hacia el egocentrismo-, con mucha vitalidad pero sin demasiada comprensión, con una seguridad que con el tiempo disminuye, mientras que crece la experiencia, el distanciamiento, la comprensión, y que el disco duro, más que llenarse con el tiempo, se va oxidando. Es otra manera de ver la cuestión.

miércoles, 1 de febrero de 2006

Elegancia


400 años antes de Jesucristo, Diógenes respondió a la pregunta de Alejandro Magno sobre que era lo que más deseaba, que le sería concedido, que lo que quería era que se apartara para no taparle el sol. El monarca supuestamente respondió, impresionado, que de no haber sido Alejandro, le hubiera gustado ser Diógenes. Hoy en día esta elegancia -aunque la historia sea apócrifa- ya no se da entre los políticos ni entre los popes del sistema. Quizás la podemos encontrar, escarbando algo, entre la gente anónima que lucha contra la estupidez humana, propia y ajena. Ante el rico y el poderoso hay que mostrarse orgulloso.