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sábado, 8 de agosto de 2026

Convoluciones

 


         Recuerdo que en la época de mi primera juventud se planteaba una cuestión filosófica entonces candente que sostenía, a través de una especie de dualismo altamente excluyente, que lo cualitativo no puede surgir de lo cuantitativo. La afirmación se aplicaba especialmente en el contexto del proceso evolutivo desde los humanoides a los humanos. Aparentemente el aumento meramente cuantitativo del número de convoluciones cerebrales (se decía entonces) llevaba a un cambio cualitativo en la psique del sujeto. Era lo que algunos denominaban un emergente. Desde el punto de vista platónico este concepto era poco menos que una blasfemia (desde el punto de vista aristotélico las cosas no eran mucho mejores ya que para este autor el todo era la mera suma de las partes). La emergencia se entiende hoy en día como algo natural y la complejidad ocupa hoy un importante capítulo no sólo en el seno de las matemàticas, la física y la biología sino también en el de la filosofía. Una célula vegetal es un sistema vivo compuesto por moléculas que no lo están, aunque estructuradas bajo las leyes de la complejidad que posibilitan la emergencia. La confusión proviene, sin duda, del aferramiento a las ideas platónicas que, en mayor o menor medida, ha percolado el pensamiento occidental a lo largo de los siglos. Hoy preferimos considerar que lo cuantitativo y lo cualitativo son dos miradas diferentes que están relacionadas con lo que llamamos respectivamente objetivo y subjetivo. La mirada cuantificable y en tercera persona que utiliza la ciencia y la mirada sensible en primera persona no medible numéricamente. 

domingo, 5 de julio de 2026

Transparencia

 


La manida frase "no hay nada nuevo bajo la capa del sol", aunque por un lado hace referencia a aspectos permanentes -o, más bien, recurrentes- del comportamiento y naturaleza humanas por otro lado encierra un credo poco alentador por lo que respecta a cuestiones epistémicas, "concienciales", que, dicho sea de paso, condicionan todas las esferas de la actividad humana mucho más de lo que habitualmente se cree. Vivimos un momento histórico de agotamiento paradigmático de proporciones descomunales. Frente a este impasse (rubricado por esta condición de estasis turbulenta a la que llamamos postmodernidad) y descartando las catarsis de tipo apocalíptico (que en demasiadas ocasiones se convierten en un ingrediente correctivo) la única solución es la evolución. No la evolución biológica -demasiado costosa en términos temporales- ni el puro abandono de viejas usanzas con la consiguiente incorporación de nuevas -o sea la evolución lampedusiana del 'las cosas deben de cambiar para que todo pueda seguir igual'-. Me refiero a un cambio más profundo que revele nuevas formas del espíritu, nuevas formas de comprensión.

 El título del post no hace referencia a esa molesta característica de nuestras sociedades que Byung-Chul-Han describe tan eficazmente en sus populares librillos. Se refiere más bien a la operación que nuestra mente realiza, con fines eminentemente prácticos, sobre nuestras percepciones-cogniciones, aislándolas de su contexto e insiriéndolas en una estructura reificada que nos simplifica la vida pero también nos limita los horizontes. Para evolucionar cognitivamente (aquí incluyo a la ciencia y al arte junto con la filosofía) se hace necesaria la percepción de la estructura que ordinariamente transparenta. Sólo entonces seremos capaces de atravesar una puerta que hasta entonces no había existido. Esta opacificación corre pareja, por tanto, a la emergencia de un nuevo paisaje en nuestra mente que permitirá desarrollar ulteriormente nuestros constructos en esa dirección. 

jueves, 5 de septiembre de 2024

CiberFlatland

 


                  Quizás no esté tan lejano el día en que ya no se pueda acceder a contenidos de calidad a través de la red sin necesidad de pagar una cierta cantidad de dinero (cosa que, por otra parte, no me parece mal). Por el momento es aún posible; pagando, eso sí, en especies y asumiendo clips publicitarios. Lo que me parece más inquietante es el creciente grado de imbecilidad y ruido (en este caso no blanco sino más bien gris) que salpica por doquier. Pagar para eliminar este ruido podría ser más recompensatorio que para suprimir la publicidad. Una buena práctica (¿buena práctica?: ¡ya hablo como los psicólogos industriales!) consiste en tener siempre claro lo que estás buscando, por mucho que saltes de un tema a otro (¡también evitar el exceso de saltos!). De otra manera, es fácil caer en la ciber-procastinación, que hace que el discurso degenere rápidamente hacia la memez. Lo he dicho infinidad de veces: todo el mundo es libre de opinar, pero no todas las opiniones (contrariamente a los votos) tienen el mismo valor. En YouTube, plataforma que puede resultar útil, interesante, esclarecedora, crítica y cultural, abundan cada vez más videos con memeces que se replican a velocidad supersónica. Tales videos incluyen advertencias para que no ingieras determinados alimentos o fármacos (si; esos en los que las cosas se enumeran del 1 al 10 en orden creciente de toxicidad), los que explican cosas que los autores acaban de descubrir mirando otros videos (en estos, normalmente, en la foto fija aparece el autor con cara de idiota, ojos y boca muy abiertos, expresando sorpresa de forma artificialmente exagerada). Uno de los tipos de video que me revuelve especialmente el aparato digestivo es aquel cuyo título reza algo así como: "te explicaré lo que hasta ahora nos han estado ocultando". En este enunciado, ¿a quién se refiere "nos" y quién es el que oculta algo tan sorprendente? Hace poco escuché que las teorías conspiratorias tienen un papel importante en el reequilibrio simbólico de la sociedad, lo que explicaría así su creciente presencia. Lo que distingue los contenidos que me parecen ricos y saludables es el orden dimensional, al contrario de la planaridad que tanto abunda. Las posiciones fijas (desde el realismo ingenuo hasta la del 'ojo de Dios' de Putnam) son tan ubicuas que se toman por 'la realidad'. Aparentemente, mucha gente no considera que su punto de vista se pueda ver modificado tras una experiencia, un aprendizaje, una convivencia con algo o con alguien, una aprehensión. Que todo conocimiento es acumulativo y que nuestro punto de vista permanece inmutable, en una especie de flatland particularmente insidiosa.

Mientras tanto, comparto algunos canales de YouTube que encuentro particularmente interesantes en mis campos de interés:

Música (teoría): www.youtube.com/@Richard.Atkinson (contrapunto)

                          www.youtube.com/@samuel_andreyev (entrevistas, análisis, opinión)

                          www.youtube.com/@DBruce (análisis)

                          www.youtube.com/@ClassicalNerd (historia, análisis)

Música (interpretación):

                          www.youtube.com/user/TheWelleszCompany (música S XX)

                           www.youtube.com/@TheWelleszTheatre (música S XX

                           www.youtube.com/@hrSinfonieorchester (Orquesta Radio Frankfurt)

                          www.youtube.com/@francemusiqueconcerts (ORTF)

Filosofía:

                           www.youtube.com/@darinmex (canal de Darin McNabb, primer nivel)

                           www.youtube.com/c/LaTravesía (filosofía general)

                           www.youtube.com/@claudioateran (buenos resúmenes de libros actuales)

Ciencia:

                           www.youtube.com/@veritasium (temas variados muy sugestivamente presentados)

                           www.youtube.com/@Vsauce (temas variados extravagantemente expuestos)

                           www.youtube.com/@WorldScienceFestival (entrevistas, debates)

Ahí lo dejo!



                          


viernes, 8 de diciembre de 2023

Planaridad

 


              Lo que más me aterra de la sociedad actual es su planaridad. La supuesta ágora en donde todo el mundo puede opinar sobre la única realidad que existe. Un ágora que aumenta su tamaño a medida que los científicos descubren cosas y los técnicos desarrollan nuevos inventos e instrumentos. Un ágora en donde los conceptos han reificado y, a base de copypaste, tick check-marks victoriosos y likes, han llegado a momificar. ¡Socorro! He trabajado en el campo de la investigación biomédica durante 35 años. La gente que se dedica a la investigación en ciencias naturales acostumbra a tener una visión del mundo muy particular -la que filosóficamente se denomina realismo ingenuo-. Además, muchos de los científicos sostienen que la ciencia es a-moral, como si no se tratase de una actividad humana. La combinación de tales creencias (el mundo es cognoscible tal cual es, de forma independiente de nuestras consideraciones y percepciones, el conocimiento científico va arrinconando las creencias y nos instala en la realidad racional, la ciencia es objetiva o no es ciencia, la ciencia no es buena ni mala; son los humanos quienes la colorean) me causa cierto pavor. En el mundo anglosajón, los doctorados -la mayor parte de investigadores los son- se denominan PhD, siglas que provienen del latín medieval philosophiae doctor, término que actualmente no puede estar más alejado de la realidad. Muchos científicos, incluso algunos muy famosos, han declarado públicamente que la filosofía es un conocimiento obsoleto porque no trata con realidades, como lo hace la ciencia (más pavor). La guinda del pastel la pone la consideración social de la ciencia y los científicos, que ocupan la misma posición que la religión y los sacerdotes en otras épocas (esto ya me da terror).            

miércoles, 22 de noviembre de 2023

Contajes

 


              Entre la tradición Oriental y la tradición Occidental (así, hablando en macro) existen casi siempre contrastes. Contrastes que en cierto modo se van suavizando a lo largo de un irregular proceso de mestizaje dialéctico. Un contraste que me parece muy sugerente hace referencia al acto de contar. En Occidente ‘contar’ se refiere a cuantificar, usualmente pertenencias y, más concretamente, dinero. Contar es propio de tacaños o gente con el corazón enfermo (Euclio, Harpagon, Mr Scrooge). Al menos es lo que sucedía en momentos más prestantes de la civilización occidental. Quizá hoy en día este tipo de personaje merece un respeto porque todos los paradigmas son válidos. En las tradiciones orientales, contar no hace referencia necesariamente a cuantificar. Dentro de las diferentes corrientes meditativas, a menudo el primer paso, el que ayuda al aprendiz a perfeccionar su técnica, se basa en el contaje. El objetivo de tal acción es el del descentramiento. De forma significativa, en occidente el contaje de ovejas, acto muy similar, se utiliza para dormir, ya que el descentramiento conduce a la pérdida del yo, que se asocia a la inconsciencia, a la disolución. He aquí, pues, la gran diferencia. Mientras que para unas tradiciones la conciencia más profunda se basa en el desapego, para las otras se basa en la permanencia del yo (cogito, ergo sum). Recuerdo que cuando mi hija, recién adoptada y con un conocimiento prácticamente nulo de la lengua, bajaba y subía escaleras en el metro, contaba los peldaños en voz alta. Una forma interesante de situarse en un mundo absolutamente nuevo. La suave, meditativa e hipnótica música del compositor Morton Feldman requiere un constante esfuerzo de contaje por parte del intérprete. Aunque la mayor parte de las músicas se basan en un contaje, en este caso los requerimientos de la atención son mucho mayores, hecho que contrasta con la poca apariencia rítmica del discurso. Ello provoca en el intérprete una especie de trance por focalización de una atención plena que, a la postre, se transmite a los oyentes. Los psicólogos de cualquier tendencia indican que cuando uno se siente invadido por un impulso poco sano que invita a una rápida acción desmesurada, una buena táctica consiste en contar hasta diez antes de dejarse invadir. Es como poner el reloj en standby, como procurar un tiempo muerto de acción en donde re-centrarse y permitir que el neocórtex controle al cerebro reptiliano. Contar, paradójicamente y en cierta medida, es situarse fuera del tiempo.

sábado, 2 de septiembre de 2023

Post-realismos

 


                      Cuando dentro de las eventuales tendencias filosóficas entre los antiguos griegos fueron apareciendo una parte de los fundamentos, dicen, del pensamiento occidental, se efectuó un claro sesgo hacia el realismo, pero que tuvo lugar a partir del idealismo. Me explico. Platón y sus seguidores estaban convencidos por un lado de que el mundo no es directamente cognoscible, sino que solo podemos hacernos una idea desfigurada de él (idealismo; mito de la caverna) mientras que por otro lado el idealismo atribuía propiedades metafísicas a las “esencias” de las cosas. Y estas “esencias” en el fondo venían dadas por nuestra captación sensorial y posterior racionalización de lo aprehendido. Las rosas tienen un olor agradable que nos remite a su “esencia” (los actuales perfumistas siguen hablando de ‘esencias’ en el simple sentido odorífero del término); es decir, se concibe su olor agradable como parte ontológica de su existencia. Sin embargo, hoy entendemos que el olor que los humanos percibimos en las rosas viene dado por un impulso nervioso mediado por unos receptores que son activados por determinados compuestos químicos. O sea, que el olor no está en la “esencia” de la rosa sino en la interacción de determinados componentes de la rosa con nuestra fisiología. Quizá otros animales no encuentran agradable el olor de las rosas o incluso no perciben ningún olor en ellas. A través de una percepción/racionalización apoyada en el realismo se construye una metafísica del idealismo. Y es que desde nuestra posición histórica los idealismos, realismos, anti-realismos y otros -ismos del pasado ya no pueden tener demasiada cabida.

domingo, 2 de abril de 2023

¿Por qué?



     Estoy en plena lectura del relativamente reciente libro de Francis Wolff “¿Por qué la Música?”. Y tengo la sensación de que un honrado profesor de filosofía antigua y a la vez diletante musical ha intentado encajar con calzador muchas ideas y conceptos provenientes de ambos campos. El texto me interesa mucho más desde el punto de vista de las preguntas que se plantean que desde el punto de vista de las respuestas que se dan. Wolff muestra especial cuidado en no centrarse exlusivamente en la música clásica occidental, y a tal fin incluye en sus ejemplos también al jazz, la música tradicional india, el flamenco, el blues o el rock, destacando así los supuestos conceptos inmanentes de la etiología musical y su relación con los humanos y sus emociones. Sin embargo, al mismo tiempo parece excluir aquellos elementos que no le encajan en sus ecuaciones, como la música serial, en este caso bajo la excusa de que el dodecafonismo nació con la voluntad de ir en contra de algo que está en la naturaleza de la música. Según Wolff, la falta de direccionalidad armónica que muestran las piezas dodecafónicas y que las hace, así, absolutamente impredecibles, constituye una gran excepción en el mundo del arte de los sonidos. Esta consideración -que por otra parte me parece consecuente con sus preferencias por la filosofía de Platón y Aristóteles- no es nueva y enlaza con una corriente de pensamiento estético que ignora la evolución y orilla la Postmodernidad (esto se hace patente cuando se multiplican las referencias al compositor Arvo Pärt). La cuestión acerca de la etiología de la música y su relación con la realidad física es para mí particularmente importante porque entronca con cuestiones filosóficas más esenciales como las viejas dicotomías ser/existir, mente/materia o inmanencia/contingencia. Y con las viejas soluciones, cuando se opta por los primeros términos de las citadas dicotomías, del acercamiento asintótico a la verdad. La diferencia más perentoria entre los lenguajes semánticos y los no semánticos es que los primeros evolucionan más o menos lentamente, de forma natural y colectiva, mientras que los segundos evolucionan mucho más rápido y a saltos cuánticos, de la mano de destacados autores que trazan nuevas formas de decir cosas (que, a la postre, en un lenguaje no semántico, importa mucho más que el supuesto contenido de tal lenguaje). Después del dodecafonismo y su seguidor natural el serialismo la historia de la música occidental ha pasado por alguna etapa más antes de llegar a ese punto de inflexión involutiva que llamamos postmodernidad. La pregunta más misteriosa que se me ocurre está relacionada con la evolución musical. Si el lenguaje de la música está indisolublemente unido de forma “natural” a unas leyes acústicas físicamente determinadas, ¿por qué se ha llegado tan lentamente a este supuesto lenguaje perfecto, por qué este período arcádico ha durado tan poco y por qué la evolución del lenguaje no se ha detenido ahí? La evolución de la música occidental ha seguido unos jalones que partían de la “modalidad pre-tonal” (disponemos de conocimiento teórico de los modos griegos antiguos y registros prácticos de su resurrección en el canto gregoriano medieval), su derivación hacia la tonalidad por incorporación de los sucesivos grados armónicos, un breve período “clásico” en el que sus principales representantes juegan con excepciones dentro de la regla, un posterior camino de desintegración de este “lenguaje natural” dando lugar a numerosas derivaciones y un último período de vanguardias en que se llega a un punto singular (el famoso 4’33’’ de Cage) a partir del cual la evolución parece frenar hasta el punto de ser abolida. Y es aquí en donde se hace realmente necesaria una re-consideración de nuestros puntos de vista. Si nos fijamos en la evolución de la Pintura observamos unos jalones semejantes a los correspondientes a la evolución de la Música, aunque algo defasados en el tiempo. Partiendo de unas representaciones ciertamente bidimensionales y añadiendo la perspectiva, la descomposición impresionista, la inclusión de la dimensión temporal del cubismo, el cuadro en blanco (Raushenberg) y la postmodernidad serian la evolución paralela a la que antes enumeraba. En ambos casos el lenguaje se ha formado alrededor de la supuesta perfección objetiva (en el caso de la música, refrendado por la Física y las Matemáticas), de la que posteriormente se ha alejado. Este acercamiento/alejamiento con respecto a una realidad física aparentemente invariable -al menos durante un período temporal mucho más largo- ¿es una singularidad o es algo que se repite periódicamente?

lunes, 4 de julio de 2022

Éticas

 


                       Estoy acabando de leer el libro de divulgación filosófica Ética para tiempos oscuros (2021), del autor alemán Markus Gabriel. Gabriel, al igual su colega Byung-Chul-Han, logra un éxito 'amplio' analizando nuestra época con visión de filósofo pero con camisa de persona de la calle. Ni que decir que estoy a favor de la mayoría de las cosas que Gabriel presenta, desde la universalidad "auténtica" hasta los temas de identidad, moralidad o diferencia. Lo que me choca, tratándose de un pensador académico, es la manera como se ventila los temas alrededor de la post-modernidad. Por reducción al absurdo. El neorrealismo filosófico cree en la realidad externa independiente de nuestras elucubraciones y me parece estupendo pero lo que no puede hcer Herr Gabriel es descalificar cualquier otra modalidad por absurda. Gabriel se muestra particularmente duro con R Rorty, quien me parece una figura más que respetable. ¿No será que Gabriel está también exhibiendo una faceta puramente post-moderna bajo la máscara de la tradición-modernidad? La post-modernidad esta aquí, nos guste o no. Otro tema sería qué significación la da cada uno a este ethos. ¿El final de la Historia, la transparencia total, la crisis de la Modernidad (mi sugerencia) o el principio de algo nuevo? La posverdad no tiene nada que ver con las fake news. Deberé leer más a Gabriel para comprobar si su trasfondo filosófico es tan gratuito como parece en este volumen.

lunes, 30 de noviembre de 2020

Posverdades

 

                          Nuestra época –o mejor decir, dado su carácter aparentemente transitorio, nuestra pseudo-época - se puede caracterizar a través de muy variados enfoques y cada enfoque, por supuesto, dependerá de la perspectiva y referentes del observador, elementos que pueden ser ideosincráticos pero también cambiar con la edad o las circunstancias …. Comienzo así, a la postmoderna, para ilustrar este afán tan de nuestros días por incorporar y cartografiar cada elemento del discurso evitando siempre la imagen de un paradigma unificador. La Edad Moderna ha acabado su andadura reconociendo que no existe un nivel fundamental. Sí que existen –y de hecho ciencia, arte y filosofía los han utilizado- paradigmas que suponen evolución respecto a los anteriores paradigmas todavía considerados niveles fundamentales. Si algo repele a la Postmodernidad es la evolución, jactándose así de haber llegado al fin de la historia. Como que se ha perdido el nivel fundamental pero se cree tácitamente en un supuesto nivel fundamental neutro sobre el que dar infinitas puntualizaciones para explicar cualquier cosa se asume que cualquier proposición puede ser válida si se la etiqueta debidamente. Estamos tan llenos de estas inútiles etiquetas que ya nos cuesta respirar libremente. A las generaciones que todavía hemos tenido oportunidad de vivir bajo los valores de la Modernidad buena parte de las actuaciones del dia a dia de la Postmodernidad se nos antojan esencialmente falsas. Para mucha gente de mi generación éste es el epíteto omnipresente: falsedad. Como los humanos tenemos una gran capacidad de adaptación y muy pocos escrúpulos, si lo que toca es generar consignas falsas –falsas porque a pesar de estar basadas en  observaciones aparentemente objetivas se convierten en papel mojado ya antes de nacer- pues se hace la comedia y listos. Una pequeña corrupción de tal creencia nos lleva de lleno al tan actual tema de la llamada posverdad. Porque una cosa es que se piense que no existe una verdad absoluta y otro muy diferente es que cualquier afirmación pueda ser verdadera. Las diferentes verdades, por muy socialmente construídas que sean, necesitan de un sedimento y de una evolución. Cualquier verdad nace –a partir de verdades anteriores que fermentan dando lugar a algo nuevo-, configura toda una civilización o todo un paradigma, se desarrolla y muere para ser substituída por otra verdad. Las verdades que un embustero con pocos escrúpulos se inventa sobre el terreno no son verdades. Son posverdades, o sea, caprichos infantiles que, como en el caso de los niños, simplemente aspiran a alcanzar o mantener un determinado poder. Hace pocos días asistí virtualmente a una conferencia sobre “la historia de la verdad y la posverdad” impartida por un filósofo local. El ponente refirió el concepto de posverdad a la subjetividad y las emociones, ciñiéndolo a la postmodernidad y evitando las acepciones del empleo vulgar del término con sus evidentes conexiones con términos populares como el de “fake news”. Cuando le envié por el chat una cuestión referida a la conexión entre la evolución de los términos “verdad” y “realidad” tal como se ha ido redefiniendo en el último siglo por el último Wittgenstein, Heidegger o Rorty me doy cuenta de que no me entiende. Responde que las verdades de las ciencias hipotético-deductivas no tienen nada que ver con las emociones y que el último Wittgenstein se acercaba mucho a una especie de visión mística de la realidad. Creo que uno de los dos no ha entendido nada (¿yo??) aunque bien puede ser que nuestras distintas emociones den cabida a formas múltiples de (post)-verdades. Se non e vero é ben trovato!

miércoles, 12 de febrero de 2020

Trans-narrativas



                        En varios de sus primorosamente escritos y bien calculados pequeños best-sellers, el filósofo Byung-Chul-Han contrapone la actual tendencia a la desconexión de emociones a la anterior construcción de sentimientos a partir de una narrativa enlazante y articulante de tales emociones. Quizás sea por mor de superar tal situación que hoy en día buscamos y construimos las narrativas por doquier. En una presentación de resultados relacionados con experimentación en ciencias naturales, en el diseño de un concierto, en la presentación de obras plásticas, se tienen que construir narrativas para que nuestro producto sea comprado. En el caso de las ‘ciencias duras’ se está constantemente cotejando unos resultados con unas hipótesis que se habían planteado previamente dentro de un determinado paradigma. Con el arte, y dada además la pobreza de referentes, las narrativas sirven para descontextualizar las obras y poderlas ofrecer a un público cualquiera independientemente del grado de exposición o riqueza de referentes que posea. Esto es postmodernidad pura, y no hay que perder de vista que cualquier narrativa es posible y todas son igualmente válidas. El problema es el de siempre: esta situación lleva a una estasis que previene ulteriores desarrollos. Históricamente, los científicos más lanzados han buscado siempre un grano de arena que desequilibre el mecanismo-paradigma a fin de inventar algo nuevo y excitante (siempre después de asegurarse de que sus resultados anómalos no fueran debidos a errores experimentales). Hoy en día -salvo algunos casos en la academia- parece que se prefiera construir un producto acabado sin fisuras a inventar algo nuevo (¡ya sé que lo último es privilegio de muy pocos!). En el caso del arte, para evolucionar siempre hay que conocer para poder negar y crear cosas nuevas. De lo contrario se estarán repitiendo cosas fuera de contexto, nada más. Me gustaría responder a Byung-Chul-Han que la siguiente etapa no representa el regreso al paraíso perdido, sino que construye un futuro en constante evolución y que la transracionalidad puede partir perfectamente de la a-narratividad. Para volver a conectar las emociones de manera diferente hay que pasar por la desconexión que tanto le fastidia.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Relaciones




                   Estoy acabando de leer la obra póstuma de Wittgenstein Investigaciones Filosóficas (y creo haber entendido mínimamente hasta un 15% de su contenido, ¡cosa que supera mis expectativas iniciales!). El interés de la obra reside en sus aspectos seminales respecto a toda una evolución posterior hacia una filosofía que no se basa en la asunción de realidades pre-mentales que son finalmente alcanzadas por la mente sino basada, por el contrario, en la idea de que es precisamente la mente la que crea tales realidades. Concretamente, según Wittgenstein, a través del lenguaje, que no describe así casos externos a él sino que crea los casos a través de sus infinitos juegos. Si el giro copernicano de Kant representaba un descentramiento que cambiaba el punto de vista anterior que hacía girar al sujeto alrededor del mundo hacia la situación contraria en la que el mundo gira alrededor del sujeto, el giro wittgensteiniano hace que el conocimiento del mundo sea generado por el propio sujeto. El alejamiento del positivismo lógico, al que el propio Wittgentein había contribuido muy significativamente al principio de su carrera, no puede ser mayor. Es por ello que uno de los principales mentores de Wittgenstein en Gran Bretaña, Bertrand Russell (quien contribuyó decisivamente a la incorporación del austríaco a la Universidad de Cambridge) dijo no reconocer ningún tipo de substancia en este libro. Russell pertenece a una larga estirpe de naturalistas británicos –de los cuales Stephen Hawking y Richard Dawkins son algunos de sus más recientes representantes- incapaces de concebir ningún trasunto científico fuera del positivismo, equiparando de esta manera “conocimiento positivo” (así, à la Compte) con “Ciencia Verdadera”. De acuerdo con la apreciación de este grupo, las ciencias de la naturaleza generan sus constructos de forma absolutamente objetiva, independientemente de narrativas y metaespacios. La base misma para rebatir esta afirmación es que los espacios de "ignorancia" y de "conocimiento" son metaespacios variables que se van modificando -de forma realmente cualitativa- en el tiempo. Un poco como la historia, que se está reescribiendo constantemente en función del presente, por mucho que describa hechos que se sitúan en el pasado -de forma paralela, las ciencias de la naturaleza tratan sobre hechos que se sitúan fuera de nuestra mente-. Y este reescribir -construir nuevos metaespacios- depende absolutamente de un lenguaje, que elabora sus propias narrativas. Es precisamente el lenguaje (los "juegos del lenguaje" wittgensteinianos) el que, bien lejos de describir objetivamente fundamentos últimos preestablecidos, crea las narrativas que se corresponden con nuestros constructos. Los "fundamentos" resultantes serán, por tanto, siempre, fluidos. Podemos entonces volver a formularnos la eterna pregunta: ¿es nuestro conocimiento científico acumulativo? o bien a la no menos recurrente: ¿se basa la evolución del conocimiento en conocimientos previos? La respuesta a ambas cuestiones es: sí y no. Porque cada nueva formulación de un paradigma científico, al igual que cada nueva obra artística “revolucionaria” supone un nuevo modo-de-estar-en-el-mundo.

viernes, 13 de septiembre de 2019

¿Acumulación?



               La Postmodernidad ha comprendido que todas las perspectivas son, en última instancia, construidas, y se ha lanzado a de-construirlas, sin apercibirse que el fondo neutro contra el que las enfrenta es, a la postre, un constructo más. Es por ello que la Postmodernidad y la evolución, es decir, la temporalidad, están en realidad bastante reñidas. La Postmodernidad aisla sus objetos del contexto (especialmente del temporal, que tiende a espacializar) en que están subsumidos creando así el fondo neutro –que esconde a su vez una inconsciente perspectiva- a que me refería. La Modernidad creaba una perspectiva –la de Occidente, término bastante sinónimo al de Modernidad- a la que consideraba en última instancia lo que más tarde Lyotard relativizó denominando Grand Narrative. La etapa final de la Modernidad –la primera mitad del S XX- inventa nuevas perspectivas (la Relatividad General, el Cubismo, la Mecánica Cuántica, la Música Dodecafónica) que suponen un cambio cualitativo, un ascenso dimensional. Una de las grandes cuestiones de la humanidad se puede resumir con las preguntas: ¿Es acumulativo nuestro saber? ¿Reemplazan las nuevas ideaciones a las antiguas?; ¿las hacen obsoletas? La respuesta más afín a mi sentir es que nuestro saber no es una categoría aislada (desde la perspectiva de Dios, como decía H Putnam) sino el fruto de un contexto y una relación. Los contenidos del saber modelan este contexto y esta perspectiva, redibujándola. Una de las características más notables de la modelización evolutiva de sistemas consiste en la gestión de sus etapas pretéritas. El sistema de Ptolomeo es mucho más local y limitado que el de Newton y éste lo es a su vez mucho más que el de Einstein. Ninguno de ellos puede tildarse ni de ‘verdadero’ ni de ‘falso’. Verdadero y falso son categorías resultantes fruto de una comparación, de un representacionalismo (¡Otra vez la perspectiva de Dios!). Las etapas pretéritas de nuestro conocimiento de la Naturaleza, de nuestro arte o de nuestra filosofía no pueden ser, por tanto, sujetos de comparación directa con una “realidad previa” sino que solamente pueden ser “comparados” (que tampoco es el verbo correcto) entre sí. Y esta comparación nos muestra una evolución en nuestra manera de pensar marcada por los ascensos dimensionales (desde la magia monodimensional pasando por el mito bidimensional y la razón tridimensional -la Modernidad- hasta el aperspectivismo tetradimensional que se está intentando abrir desde hace muchos decenios). ¿La gran trampa de la Post-Modernidad? Pues creer que el mundo, visto desde la perspectiva tridimensional, es percibido tal cual es en realidad (la perspectiva de Dios de Putnam, el mito de lo dado de Sellars) y toda evolución sólo puede significar un agregado cuantitativo a este contexto absoluto.

miércoles, 26 de junio de 2019

Copenhague

        Ahora que, como decía, estoy volviendo a leer a Rorty, reflexiono sobre la disolución de las cuestiones previas que tanto caracteriza la (pen)última etapa de la Modernidad (la última es este trampantojo que se llama orgullosamente Post-Modernidad). Disolución por contraste evidente con resolución que constituyó el motor de buena parte de la Edad Moderna. La resolución se relaciona con el camino, la trayectoria y la tridimensionalidad. La disolución puede suponer -aunque no necesariamente- ascenso dialéctico. Si no lo supone (como intuyo en el caso del neopragmatismo rortiano) se trata de una inadecuación o, en lenguaje de Kuhn, la apertura de un paradigma inconmensurable con otro anterior. El pensamiento de Rorty sustrae a la filosofia de sus cometidos históricos privándola de aspirar a reflejar algo tan ambiguo como "la realidad que está ahi afuera". Su función consiste más bien en articular adecuaciones y establecer metaespacios de comparación histórica. Se me ocurre un símil con la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica. El colapso de la función de onda que se da cuando efectuamos una medición es una "realidad" circunstancial que nos aparece a partir de un sistema al que no podemos aspirar a describir de manera analítica sino solamente a tejer un mapa probabilístico. Queda así anulado, por tanto, el concepto de realidad objetiva. La postmodernidad incluiría todos los colapsos históricos pero secaría la "fuente". Sin nuevas posibilidades. Estaría más cercana a una cámara ecoica que a un agujero negro. Y, como sucede con la interpretación de Copenhague, el pensamiento antirepresentacionalista de Rorty se ve contestado por los partidarios del fundacionalismo. Después de googlear las palabras ‘antirepresentationalism’ y ‘Copenhaguen interpretation’ se recupera un ramillete de citas –papers de revistas y capítulos de libros de física y filosofía- que transforman mi brillante ocurrencia en un detestable lugar ‘quasi-común’. Dommage.

miércoles, 3 de abril de 2019

Creencias


Curiosamente hoy todavía consideramos que las creencias suponen un lastre o un mecanismo mental primitivo y obscuro que debiera acabar desapareciendo para dar paso a un sistema demostrativo que nos iluminara con la luz de la Razón. Esta situación era la que las almas más evolucionadas de Europa imaginaban hace 250 años y se llamó Ilustración. La Época de las Luces significó un gran avance para el pensamiento europeo, en parte truncado por el posterior auge del Romanticismo, que se dedicó a negar la racionalidad en pos de la involución hacia un prístino pero incierto pasado mítico. El espíritu de las luces siguió animando el desarrollo de la ciencia hasta bien entrado el siglo XX. Algunos desarrollos posteriores -como el tan citado caso de la Mecánica Cuántica- participan ya de una importante componente trans-racional (como lo advirtieron en su momento los propios padres fundadores). Si algo tiene claro nuestra época, la de la llamada postmodernidad, es que el discurso de la Ilustración ha perdido su significación original y nos aparece hoy descontextualizado. El mundo de la ciencia, sin embargo, ha presentado un característico aferramiento a él y solamente en algunos campos ha sido capaz de evolucionar más allá de las estructuras antiguas de pensamiento. Sin duda, cuando hablamos de creencias nos aparece toda una galería de imágenes coloreadas con tintes religiosos (la idea de Voltaire y su época) que nos hace retroceder en el pensamiento y nos refuerza la idea del fundamento inamovible, de la ley natural, del carácter cerrado del mundo, de nuestra supuesta posición fija de observadores objetivos (curiosamente, la ciencia se aferra también a estas viejas creencias y algunos científicos, como el biólogo británico Richard Dawkins, representan lo más parecido a un obispo inquisidor del renacimiento que tenemos en nuestros días, el Dogma de la Biología Molecular habiendo substituido al de la Santísima Trinidad). Abramos un poco la mente: cuando elegimos menú, pareja, estudios, opción política o zapatos lo hacemos sobre una base más o menos extensa de creencias conscientes e inconscientes. Lo que disipan las estructuras mentales racionales no son las creencias sino más bien las estructuras míticas y mágicas. De hecho, la suposición de que el mundo es exclusivamente racional no es otra cosa que una creencia más. Ya lo dice el proverbio anglosajón: the mind is a good servant but a bad master. El mundo de las “ciencias positivas”, epíteto paleolítico que algunos políticos todavía utilizan, está lleno de ideologías que resultan invisibles a muchos de sus parroquianos, quienes prefieren creer que su actividad es a-moral y absoluta. 

viernes, 22 de marzo de 2019

Recomenzar



                        El compositor Frederic Mompou hablaba de su música -aparentemente tan despojada- como la de un recomenzar desde lo esencial, dejando un poco de lado los desarrollos anteriores. Aunque este recomenzar estaba plagado de influencias tan diversas como las de Debussy, Granados o Satie, la idea general del replanteamiento siempre se muestra interesante. En nuestra época nos lo tenemos que replantear todo si queremos siquiera entender el origen del profundo y crecientemente acelerado cambio al que estamos sometidos. En alguna ocasión se me ha planteado que en cualquier momento de la historia se está sometido a un cambio. Respondo: ciertamente, pero no de la misma amplitud. Los cambios de ciclo corto suelen tener implicaciones menos profundas que los cambios de ciclo largo. La primera actividad que concibo es la de la capacidad de conocer (cuando actuamos siempre lo hacemos de acuerdo con ciertos patrones o paradigmas inconscientes). Cuando intentamos aprehender elementos de nuestra realidad suponemos tácitamente -o bien ignoramos abiertamente- dos factores. El primero es la transparencia de nuestra apreciación: la cognoscibilidad directa del mundo. Platón la dió por supuesta; Descartes quiso recomenzar pero cayó de nuevo en la misma premisa añadiendo un elemento que distanciaba el observador de lo observado. Kant revolvió de nuevo la cuestión cuestionando la transparencia racionalista aunque manteniendo un objeto fijo trans-espaciotemporal al que debemos necesariamente acceder -de forma degradada- a través de espacio y tiempo. A partir de Hegel este objeto deja primero de ser fijo para evolucionar y, con ulteriores pensadores, acabar desapareciendo. El segundo factor -relacionado de alguna manera con el primero- atiende al carácter fijo de la posición del aprehensor. Con la sucesiva aprehensión la posición del sujeto o sujeto histórico va cambiando y, por tanto, su sistema de referencia. El conocimiento racional nunca puede ser, por tanto, absoluto. Si concedemos una continuidad -que no mera acumulación- a nuestra adquisición de conocimiento, lo máximo que podemos constatar (que ya es mucho) es que aunque nuestra porción conocida de la superficie de la esfera se hace cada vez mayor, el tamaño de la esfera también crece con nuestra progresiva aprehensión. Estos dos factores me parecen fundamentales y han sido ya históricamente entendidos por grandes filósofos, científicos y artistas. Ahora se hace necesario que se extiendan para conocer lo que acaece en nuestra nave Tierra (como denomina a nuestro planeta E Morin). Los que pretenden controlar el mundo ya lo han entendido ...

jueves, 24 de enero de 2019

Esferificaciones



    El cambio fundamental que se ha gestado a lo largo del S XX atañe a los fundamentos del pensamiento (ergo; de cualquier estructura generadora de conocimiento, arte incluído) occidental. Estos fundamentos son los que representa la constelación Parménides-Platón-Aristóteles y se basan en la supuesta pre-existencia de unas entidades ajenas a nuestro pensamiento a las que podemos acceder (a base de razonamiento y experiencia; de acuerdo con Descartes o Hume). Durante la Edad Media se fueron consolidando las características y diferentes matices de los diferentes autores de la constelación clásica. La filosofía moderna actualizó la clásica pero abrió un espacio a la auto-reflexión o incluso a la revisión y así llegó a preguntarse por la misma posibilidad y los mecanismos del pensamiento, aunque sin llegar a dudar sobre la preexistencia de los fundamentos. La filosofía de Hegel abre una ventana al respecto sugiriendo que tales entidades se actualizan encontrándose a sí mismas a través de un proceso de evolución que tiene lugar en el tiempo. Es decir que puntualiza la existencia a-temporal ya que el propio Espíritu debe de encontrarse a sí mismo a través de una realización. Filósofos posteriores como Nieztsche, Heidegger, Rorty y tantos otros han incidido con fuerza creciente en esta cuestión. Se me ocurre ilustrar esta explicación con un ejemplo histórico. A lo largo de la historia de la ciencia moderna en algunas ocasiones se ha considerado que la luz posee una naturaleza ondulatoria y en otras que posee una naturaleza corpuscular. Hace cien años se consideró que la luz poseía ambas naturalezas simultáneamente y que exhibía una u otra dependiendo del origen de nuestra pregunta al respecto. La salida del dilema es sencilla: las naturalezas llamadas ondulatoria o corpuscular son dualidades o clasificaciones intramentales que existen en la medida en que las definimos y utilizamos pero de ninguna manera son descripciones “duras” de la naturaleza del mundo. Es por eso que estas categorías y dualidades desaparecen: porque simplemente dependen de nuestras construcciones que también evolucionan. La evolución del pensamiento, conocimiento y realizaciones en el tiempo tiene lugar de forma necesariamente conjunta. Si el primer punto se queda estancado y reposa en un numeroso conjunto de racionalizaciones fijas el camino evolutivo se empieza a curvar hasta llegar a cerrarse sobre sí mismo formando una esfera que provoca un estancamiento. La traslación que implica la evolución se transforma entonces en un eterno girar aprisionado alrededor de la superficie interna de tal esfera. Esta es precisamente la situación que hemos bautizado como Postmodernidad. Todo esto no equivale a decir que la Naturaleza sea inescrutable. Equivale a decir que nuestra posición de observadores fijos no existe. Krishnamurti lo resume así: “La realidad no es una cosa que se pueda conocer con la mente, porque la mente es precisamente el resultado de lo que se conoce”.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Axonometrías



             En varias ocasiones se ha utilizado el concepto de las percepciones del espacio y del tiempo para caracterizar una época (Jean Gebser) y elaborar una dinámica de la evolución en base a las modificaciones que tal percepción ha ido sufriendo a lo largo de los siglos. Según el modelo de Gebser la aparición de la perspectiva en la representación pictórica va asociada con el cambio de paradigma que supone el inicio de la Modernidad occidental en el período renacentista. La perspectiva pone un orden típicamente racional entre los elementos que ocupan el espacio. Pasamos con ella de la percepción anterior “pequeño-mediano-grande” que aparece en la pintura románica o en las representaciones de la Antigüedad (que atendía mayormente a la significación/simbolismo del personaje representado) a establecer un nexo de unión más elaborado entre los pobladores de tal espacio. La perspectiva ofrece así una estructura mental-espacial en la que lo percibido depende tanto de sus dimensiones como de nuestro punto de vista, traduciéndose de manera correspondiente con las representaciones pictóricas bidimensionales. Existen fundamentalmente dos tipos de perspectivas: las axonométricas y las cónicas. En las primeras las proporciones de los objetos representados guardan una relación entre ellas que no depende de la posición del observador (se podría considerar que ofrecen una vista “desde el infinito”). En eso se asemejaría a la visión idealista (platoniana, no hegeliana) en la que la mente es capaz de aprehender el mundo sin participar de él (curiosamente, este tipo de visión se denomina ahora en filosofía realista). En las perspectivas cónicas la imagen representada deforma sus proporciones de acuerdo con el punto de vista del observador, de manera que ahora la perspectiva depende en gran medida del punto de vista de tal espectador. Las líneas que en el espacio tridimensional son paralelas aparecen ahora como líneas que convergen en un punto infinito -el llamado punto de fuga- de manera que se ha invertido el rol de sujeto/objeto propiciado por la perspectiva axonométrica. Si allá era el observador quien se situaba en una posición idealmente infinita ahora el observador proyecta hacia el infinito la invarianza de proporciones tridimensionales. La perspectiva cónica admite además puntos de fuga adicionales (tantos como dimensiones queremos representar). Los dos tipos de proyección que describo corresponderían respectivamente a la visión racional pura (Platón, Descartes) y al giro copernicano propiciado por Kant. En nuestro momento se hace del todo necesario añadir complejidad a este símil y tendríamos que hablar, además de multiperspectivas, de representaciones (tridimensionales) de objetos tetradimensionales. Ahí lo dejo…

domingo, 23 de diciembre de 2018

Ser



                La vida y el mundo son magmas en los cuales podemos proyectar nuestras inclinaciones, preferencias, zonas ciegas, odios, temores, esperanzas, presagios, seguridades, tentativas, intereses, obligaciones, disgustos, alegrías, elucubraciones, realizaciones, carencias, subjetividades, idearios, mistificaciones, creaciones, estímulos, frustraciones, emociones, apuestas, querencias, vanidades, impudores, generosidades, pasiones, estupideces, …. La característica fundamental del mundo no es la de ser de tal o cual manera, sino la de ser. 

lunes, 10 de diciembre de 2018

Monolitos


           "La" realidad es como llamamos con falsa presunción a las percepciones físicas y mentales más adocenadas y cómodamente instaladas en nuestra psique. Cuando hablamos de "disociación de la realidad" estamos, por tanto, excluyendo a locos, poetas y místicos, que habitan a menudo una realidad más compleja. Los participantes de la asamblea de "la" realidad solemos, además, situarla fuera de nuestra mente, a la manera cartesiana, de manera que gastamos futilmente nuestras energías tratando de argumentar en favor de algo que, con más orgullo todavía, llamamos "la verdad". 

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Ruina



He vuelto a leer a Han –publica tantos libritos que uno puede hacerle visitas periódicamente-. Esta vez el nuevo volumen –Psicopolítica, 2014- me ha parecido particularmente brillante (una de las cosas que más admiro en este autor es su capacidad para las ideas condensadas, aunque después las repita tanto que pierden algo de la concentración inicial). Los temas que trata Han vienen a ser los mismos de siempre aunque su importancia y alcance excusa la insistencia: el smartphone como herramienta de dominación (“como el rosario, sirve para examinarse y controlarse a si mismo; el me gusta es el amén digital. El smartphone es un confesionario móvil; Facebook es la iglesia, la sinagoga global de lo digital”), la política como mercancía (“hoy no se exige transparencia frente a los procesos políticos de decisión –por los que no se interesa ningún consumidor- sino transparencia para desnudar a los políticos hasta convertirlos en objeto de escándalo frente al espectador pasivo”), el Big Data como vigilancia policial aperspectivista, el capitalismo de la emoción –que, a diferencia del sentimiento, no permite la narrativa que articule ninguna idea-….  Una vez más lo único que encuentro a faltar es que la descriptiva tan lúcida y brillante de nuestro presente se enmarque dentro de una historia que narrativice el antes, el como y el después. Porque cada vez que Han utiliza términos como aperspectivista, a-narrativa o racionalidad lo hace en un contexto puramente peyorativo. Como los que utilizan el término globalización en sentido exclusivamente negativo, sin pensar que todo ello pueda ir asociado a un concepto evolutivo en el más noble sentido del término. Así, el a-perspectivismo es una manera de citar la multiperspectiva que genera una estructura superior que engloba a las inferiores, al igual que sucedería con la polinarrativa o la trans-racionalidad.