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viernes, 19 de abril de 2019

Ideas



                      Aunque la sociedad cada día se refleja menos en los personajes notables (y entiendo por notables aquellos que tienen nuevas visiones que ofrecernos dentro de los campos más diversos) y más en la basura de los "like" y el ruido mediático parece que el mundo de la ciencia sigue manteniendo un prestigio de cara a la población en general. Seguro que por los logros que la ciencia obtiene pero también por la etiología de su objeto, la estructura de su discurso y la naturaleza de sus métodos. Dentro del mundo de la ciencia los grandes logros no son tanto los descubrimientos como las invenciones de nuevos esquemas, tal como reza la cita del físico WH Bragg que encabeza este post. Hoy recojo unos pocos enlaces que nos acercan a algunos de estos creadores de cosmovisiones.
En primer lugar una entrevista con I Prigogine, el inventor del concepto de estructura disipativa, en donde nos habla de la física de la evolución y de la flecha del tiempo. En segundo lugar un documental sobre el ya casi centenario J Lovelock, padre del modelo Gaia, aplicación de un modelo sistémico a nuestro conjunto planetario. En tercer lugar una entrevista con D Bohm, uno de los mayores físicos cuánticos de la segund mitad del XX y mente inquieta que le llevó a formular algunos modelos que se situaban más allá de los límites de la ciencia. Para acabar, una breve charla del siempre polémico R Sheldrake acerca de su estimulante libro "la ilusión de la ciencia".

miércoles, 3 de abril de 2019

Creencias


Curiosamente hoy todavía consideramos que las creencias suponen un lastre o un mecanismo mental primitivo y obscuro que debiera acabar desapareciendo para dar paso a un sistema demostrativo que nos iluminara con la luz de la Razón. Esta situación era la que las almas más evolucionadas de Europa imaginaban hace 250 años y se llamó Ilustración. La Época de las Luces significó un gran avance para el pensamiento europeo, en parte truncado por el posterior auge del Romanticismo, que se dedicó a negar la racionalidad en pos de la involución hacia un prístino pero incierto pasado mítico. El espíritu de las luces siguió animando el desarrollo de la ciencia hasta bien entrado el siglo XX. Algunos desarrollos posteriores -como el tan citado caso de la Mecánica Cuántica- participan ya de una importante componente trans-racional (como lo advirtieron en su momento los propios padres fundadores). Si algo tiene claro nuestra época, la de la llamada postmodernidad, es que el discurso de la Ilustración ha perdido su significación original y nos aparece hoy descontextualizado. El mundo de la ciencia, sin embargo, ha presentado un característico aferramiento a él y solamente en algunos campos ha sido capaz de evolucionar más allá de las estructuras antiguas de pensamiento. Sin duda, cuando hablamos de creencias nos aparece toda una galería de imágenes coloreadas con tintes religiosos (la idea de Voltaire y su época) que nos hace retroceder en el pensamiento y nos refuerza la idea del fundamento inamovible, de la ley natural, del carácter cerrado del mundo, de nuestra supuesta posición fija de observadores objetivos (curiosamente, la ciencia se aferra también a estas viejas creencias y algunos científicos, como el biólogo británico Richard Dawkins, representan lo más parecido a un obispo inquisidor del renacimiento que tenemos en nuestros días, el Dogma de la Biología Molecular habiendo substituido al de la Santísima Trinidad). Abramos un poco la mente: cuando elegimos menú, pareja, estudios, opción política o zapatos lo hacemos sobre una base más o menos extensa de creencias conscientes e inconscientes. Lo que disipan las estructuras mentales racionales no son las creencias sino más bien las estructuras míticas y mágicas. De hecho, la suposición de que el mundo es exclusivamente racional no es otra cosa que una creencia más. Ya lo dice el proverbio anglosajón: the mind is a good servant but a bad master. El mundo de las “ciencias positivas”, epíteto paleolítico que algunos políticos todavía utilizan, está lleno de ideologías que resultan invisibles a muchos de sus parroquianos, quienes prefieren creer que su actividad es a-moral y absoluta.