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viernes, 19 de abril de 2019

Ideas



                      Aunque la sociedad cada día se refleja menos en los personajes notables (y entiendo por notables aquellos que tienen nuevas visiones que ofrecernos dentro de los campos más diversos) y más en la basura de los "like" y el ruido mediático parece que el mundo de la ciencia sigue manteniendo un prestigio de cara a la población en general. Seguro que por los logros que la ciencia obtiene pero también por la etiología de su objeto, la estructura de su discurso y la naturaleza de sus métodos. Dentro del mundo de la ciencia los grandes logros no son tanto los descubrimientos como las invenciones de nuevos esquemas, tal como reza la cita del físico WH Bragg que encabeza este post. Hoy recojo unos pocos enlaces que nos acercan a algunos de estos creadores de cosmovisiones.
En primer lugar una entrevista con I Prigogine, el inventor del concepto de estructura disipativa, en donde nos habla de la física de la evolución y de la flecha del tiempo. En segundo lugar un documental sobre el ya casi centenario J Lovelock, padre del modelo Gaia, aplicación de un modelo sistémico a nuestro conjunto planetario. En tercer lugar una entrevista con D Bohm, uno de los mayores físicos cuánticos de la segund mitad del XX y mente inquieta que le llevó a formular algunos modelos que se situaban más allá de los límites de la ciencia. Para acabar, una breve charla del siempre polémico R Sheldrake acerca de su estimulante libro "la ilusión de la ciencia".

sábado, 29 de septiembre de 2007

Pseudociencia


Cuando se observa experimentalmente un hecho físico que no puede ser explicado dentro de las estructuras que la ciencia del momento posee como bagaje se adopta una de dos soluciones: o bien se supone que en un futuro relativamente próximo se podrá dar cuenta teórica de tal fenómeno, o bien se lo ignora completamente, colocándolo, si conviene, en el equívoco cajón de los temas pertenecientes a la pseudociencia. El hecho de escoger entre un grupo u otro depende en gran medida del grado de alejamiento de la realidad cotidiana, de la frecuencia de observación ó simplemente del hecho de que tales observaciones experimentales caigan dentro de dominios que habitualmente maneja la ciencia. Así, por ejemplo, ni el efecto de “agrandamiento” de la luna cuando se halla cerca del horizonte ni el fenómeno de la descomposición radiactiva se hallan adecuadamente explicados por la física. Pero al ser fenómenos cotidianos y fácilmente mensurables, nadie los colocaría en el cajón de la pseudociencia. Es más, seguro que el grueso de la población cree que son fenómenos más que explicados por los expertos. Y la mayoría de los expertos piensa que algún día serán adecuadamente explicados sin tener que hacer grandes cambios en los planteamientos de la mecánica. Es, en cierta medida, lo mismo que sucedió cuando la teoría newtoniana fue incapaz de explicar ciertas desviaciones en los parámetros calculados para el planeta Urano. No se descartó la teoría sino que se esperó a que nuevos descubrimientos –la presencia del planeta Neptuno- revelaran al causante de tal desviación. Cuando se da cuenta de fenómenos como el “efecto de mirar por detrás a alguien”, la telepatía ó el efecto placebo, cuya etiología se escapa más a lo puramente físico y cuya reproducibilidad acusa más el efecto de la estadística, gran parte de la ortodoxia arruga la nariz y comienza a mirar hacia el cajón de la pseudociencia (aunque ellos mismos hayan experimentado alguna vez en propias carnes alguno de tales efectos, mucho más comunes de lo que pueda parecer a primera vista). Cuando el fenómeno considerado se acerca todavía más a lo que Jung clasificaba como sincronicidad (astrología, radiestesia), la balanza se decanta ya en la mayoría de los casos hacia la pseudociencia. Es entonces cuando el conocimiento científico es claramente insuficiente. La ciencia propiamente dicha sólo puede abordar fenómenos capaces de ser percibidos mental-racionalmente. Los fenómenos que precisan de gran energía psíquica para ser activados –por ejemplo, los sincrónicos- se hallan más allá de sus límites. Sería necesaria entonces una ciencia –ó como se la quiera llamar- transmental. Curiosamente, en castellano experimentar (notar en uno mismo una impresión ó sentimiento) y hacer un experimento (operación destinada a descubrir, comprobar ó demostrar determinados fenómenos ó principios científicos) tienen la misma raíz.

viernes, 2 de marzo de 2007

PEAR


Hace pocos días ha finalizado su andadura el Princeton Engineering Anomalies Research lab (PEAR), uno de los laboratorios científicos más alternativos que existían en el mundo. Había sido fundado en 1979 por Robert Jahn, experto en propulsión eléctrica y profesor de la escuela de ingeniería y ciencias aplicadas de la Universidad de Princeton ¿La razón? Su creador cree que la obra que tenía que cumplir ya ha sido finalizada. El laboratorio en cuestión investigó durante 28 años, por métodos estrictamente científicos, acerca de la existencia de influencias por parte de la mente humana sobre el comportamiento de diversos sistemas de tipo aleatorio. Las conclusiones de todos estos años de trabajo es que existe una muy ligera influencia significativa (2-3 sucesos de cada 10000). Estas conclusiones no son compartidas por el grueso de científicos provenientes de la estricta ortodoxia, que opinan que tal desviación puede ser causada por mil y un artefactos. Es el eterno problema del estudio de fenómenos paranormales como la psicokinesia, la clarividencia ó la telepatía. Quizás el problema no es tanto la pregunta –que de por sí ya escandaliza a los ortodoxos- ni el modo de preguntar –la parte más seria de estos estudios se realiza por científicos estrictamente entrenados- como el mismo hecho de preguntar. Probablemente estemos incurriendo en un error categorial de base. Y en este error, curiosamente, caen la mayoría de las faunas que se mueven alrededor de estos temas. Tanto los científicos de mente abierta que actúan honestamente, como los de mente cerrada (actúen como actúen), como toda la cohorte de individuos que se mueven en campos alternativos, desde los más serios hasta los más folklóricos. El problema de los primeros es que aplican el método científico a fenómenos que se sitúan más allá de la física. El problema de los últimos es que aplican métodos no científicos a fenómenos que se sitúan dentro del campo de la física. El problema de los segundos es más básico: asumen que la realidad física es el absoluto y este absoluto es cognoscible por la física ó por otra disciplina reducible a ella. Un problema demasiado complejo para esta modesta reflexión.