Es
evidente que uno de los cambios más acusados que caracteriza a nuestra época de
transición está conectado con nuestra percepción del tiempo. Esto ya lo puso de
manifiesto Jean Gebser cuando relacionó algunos desarrollos del arte (cubismo)
y la ciencia (relatividad) con esta nueva estructura de conciencia que él
calificó de “integral”. La relatividad coloca al tiempo –que deja de ser
absoluto- a la par de las coordenadas espaciales, mientras que el cubismo lo
engarza en una imagen pictórica -estática por naturaleza-. Los desarrollos que
incorporan y hacen transparente al tiempo abundan cada vez más en nuestro
entorno. Diríase que el deseo de querer hacer compatibles nuestras viejas y
nuestras nuevas concepciones nos ha llegado a hacer padecer algo que podemos
calificar como la patología del tiempo.
En unos conocidos versos de su obra dramática The rock el poeta Thomas Eliot se refiere a la pérdida que supone
el paso de la sabiduría al conocimiento, y del conocimiento a la información. Esta
especie de degradación que nos podría hacer pensar en el segundo principio de
la termodinámica se refiere básicamente a la pérdida de complejidad, a la
desestructuración, la descontextualización y, en última instancia, a la pérdida
de la concepción del tiempo-como-experiencia. Los bits de información son a-temporales
pero en el mal sentido del término: no contienen una estructura lo
suficientemente compleja como para tener relevancia por sí solos. Ninguna
narrativa puede construirse con estas piezas aisladas (y la narrativa
resultante del ensamblaje de tales piezas ¡resulta en el eterno epítome de la
postmodernidad!). El tiempo-experiencia puede conformar unos aglomerados muy
significativos que pueden definirse como el tiempo-como-evolución. Si algo nos
muestra el paso del tiempo –vivido u observado hacia el pasado- es la
percepción de un cambio. Incluso podemos decir que el tiempo es en realidad un
constructo mental a través del cual percibimos los cambios. En un entorno en el
que nada cambia, el tiempo parece detenido. El tiempo es en realidad, por
tanto, la experiencia del paso del tiempo. Y la experiencia trans-temporal es
significativamente diferente de la experiencia a-temporal que Byung-Chul-Han
tanto critica cuando habla de la red y que a mis ojos aparece como un ejemplo
más de la falacia pre- trans-.
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sábado, 2 de febrero de 2019
miércoles, 5 de diciembre de 2018
Ruina
He vuelto a leer a Han –publica tantos
libritos que uno puede hacerle visitas periódicamente-. Esta vez el nuevo
volumen –Psicopolítica, 2014- me ha parecido particularmente brillante (una de
las cosas que más admiro en este autor es su capacidad para las ideas condensadas, aunque
después las repita tanto que pierden algo de la concentración inicial). Los
temas que trata Han vienen a ser los mismos de siempre aunque su importancia y
alcance excusa la insistencia: el smartphone
como herramienta de dominación (“como el rosario, sirve para examinarse y
controlarse a si mismo; el me gusta
es el amén digital. El smartphone es
un confesionario móvil; Facebook es la iglesia, la sinagoga global de lo digital”),
la política como mercancía (“hoy no se exige transparencia frente a los
procesos políticos de decisión –por los que no se interesa ningún consumidor-
sino transparencia para desnudar a los políticos hasta convertirlos en objeto de
escándalo frente al espectador pasivo”), el Big
Data como vigilancia policial aperspectivista, el capitalismo de la emoción
–que, a diferencia del sentimiento, no permite la narrativa que articule
ninguna idea-…. Una vez más lo único que
encuentro a faltar es que la descriptiva tan lúcida y brillante de nuestro
presente se enmarque dentro de una historia que narrativice el antes, el como y el después. Porque
cada vez que Han utiliza términos como aperspectivista,
a-narrativa o racionalidad lo hace en un contexto puramente peyorativo. Como los
que utilizan el término globalización
en sentido exclusivamente negativo, sin pensar que todo ello pueda ir asociado
a un concepto evolutivo en el más noble sentido del término. Así, el a-perspectivismo es una manera de citar la multiperspectiva que genera una estructura superior que engloba a las inferiores, al igual que sucedería con la polinarrativa o la trans-racionalidad.
martes, 20 de marzo de 2018
Aromas
Después de una
ausencia impropia de este espacio (¿crisis de crecimiento?) vuelvo no con
energías renovadas sino con una sensación de irrealidad creciente. Cada vez me
resulta más difícil -quizá en realidad más fácil pero más penoso- el realizar
la cartografía de nuestro momento histórico. Es por eso que busco
desesperadamente a alguien con ideas claras sobre el tema. Siempre he
considerado que hay gente en el mundo a quien escuchar atentamente -lo único
que sucede es que hay que saber encontrarlos e identificarlos-. En un intento de capturar las esencias
de nuestro momento a través de pensadores que describan la postmodernidad pero
no se queden atrapados en ella –es decir, que crean que la postmodernidad en realidad
no es un terreno objetivo absoluto- he llegado a Byung-Chul Han, autor de una
plétora de pequeños ensayos que en estos momentos reclaman cierto éxito
editorial. Debido a mi interés sobre cuanto tenga que ver con la temporalidad
he comenzado leyendo “El aroma del tiempo”. Me ha parecido una sugerente
descripción de uno de los aspectos que configuran la crisis de la Modernidad
lleno de fértiles ideas y derivaciones. He continuado con “La expulsión de lo
distinto”, que todavía me ha gustado más, hasta el punto de releer algunas
frases un instante después de haberlas leído, como si saboreando un aroma con el que
resuenas extensivamente. Sin embargo, Han no va más allá para poner en contexto
qué significa esta crisis y hacia donde se dirige (que en el fondo es lo que yo
quería encontrar en los libros). Diríase que el autor se lamenta sobre un
pasado perdido que conviene re-encontrar para bien de nuestra salud general. En
el volumen sobre el tiempo durante unos breves pasajes parece querer esbozar el
posible sentido y evolución de todo ello, pero se queda en el intento. Aun así
sigo con muchas ganas de visitar otras obras de este autor. Merece la pena, lo aseguro.
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