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domingo, 5 de julio de 2026

Transparencia

 


La manida frase "no hay nada nuevo bajo la capa del sol", aunque por un lado hace referencia a aspectos permanentes -o, más bien, recurrentes- del comportamiento y naturaleza humanas por otro lado encierra un credo poco alentador por lo que respecta a cuestiones epistémicas, "concienciales", que, dicho sea de paso, condicionan todas las esferas de la actividad humana mucho más de lo que habitualmente se cree. Vivimos un momento histórico de agotamiento paradigmático de proporciones descomunales. Frente a este impasse (rubricado por esta condición de estasis turbulenta a la que llamamos postmodernidad) y descartando las catarsis de tipo apocalíptico (que en demasiadas ocasiones se convierten en un ingrediente correctivo) la única solución es la evolución. No la evolución biológica -demasiado costosa en términos temporales- ni el puro abandono de viejas usanzas con la consiguiente incorporación de nuevas -o sea la evolución lampedusiana del 'las cosas deben de cambiar para que todo pueda seguir igual'-. Me refiero a un cambio más profundo que revele nuevas formas del espíritu, nuevas formas de comprensión.

 El título del post no hace referencia a esa molesta característica de nuestras sociedades que Byung-Chul-Han describe tan eficazmente en sus populares librillos. Se refiere más bien a la operación que nuestra mente realiza, con fines eminentemente prácticos, sobre nuestras percepciones-cogniciones, aislándolas de su contexto e insiriéndolas en una estructura reificada que nos simplifica la vida pero también nos limita los horizontes. Para evolucionar cognitivamente (aquí incluyo a la ciencia y al arte junto con la filosofía) se hace necesaria la percepción de la estructura que ordinariamente transparenta. Sólo entonces seremos capaces de atravesar una puerta que hasta entonces no había existido. Esta opacificación corre pareja, por tanto, a la emergencia de un nuevo paisaje en nuestra mente que permitirá desarrollar ulteriormente nuestros constructos en esa dirección. 

lunes, 10 de diciembre de 2018

Monolitos


           "La" realidad es como llamamos con falsa presunción a las percepciones físicas y mentales más adocenadas y cómodamente instaladas en nuestra psique. Cuando hablamos de "disociación de la realidad" estamos, por tanto, excluyendo a locos, poetas y místicos, que habitan a menudo una realidad más compleja. Los participantes de la asamblea de "la" realidad solemos, además, situarla fuera de nuestra mente, a la manera cartesiana, de manera que gastamos futilmente nuestras energías tratando de argumentar en favor de algo que, con más orgullo todavía, llamamos "la verdad". 

sábado, 17 de marzo de 2012

Imagen, Símbolo, Mecanismo


Una imagen es, en sentido amplio, la representación intramental, noética, que nos hacemos acerca de un elemento del mundo percibido, bien corresponda a una percepción sensorial (imágenes visuales, acústicas, olfactivas) o bien de otro tipo más abstracto, (geometría, modelos físicos, ideas en general). Las imágenes mentales han sido tratadas de manera muy distinta por diferentes escuelas de pensamiento, desde aquellas que propugnan su equivalencia con la realidad hasta las que las que las categorizan como puros estados mentales. Un símbolo también se corresponde con una representación intramental, pero situada en lo que algunos modelos psicológicos denominan inconsciente, por lo que conocemos obscuramente su significado pero desconocemos su procedencia (bien sea ésta pre- ó post-racional). El símbolo sería así una especie de imagen oculta. Un mecanismo es la imagen mental muy concreta de un proceso causa-efecto (no necesariamente mecánico) concatenado. Al contrario que el símbolo, el mecanismo es una imagen que nada oculta. Es, por tanto, un hecho consumado que lo único que puede llegar a hacer es concatenarse con otro mecanismo. Cuando un ilusionista revela sus trucos, su quehacer pasa de ser imagen poética a puro mecanismo. El mecanismo ha sido especialmente apreciado en el campo científico porque, mediante el proceso de concatenación, puede llegar a barrer todo el espacio correspondiente a un paradigma (nunca puede generar un paradigma per se; para eso hace falta otro tipo de imagen). Cuando un intérprete ejecuta una pieza musical básicamente genera un sonido físico a partir de una imagen mental previa de la pieza que está interpretando. Para generar esta imagen de modo máximamente efectivo necesita experiencia, madurez, conocimientos y un don especial que se puede llamar de muchas maneras (sentido musical, fuerza mental-musical), además de suficiente entrenamiento psicomotriz. Si lo que queremos es desvelar el misterio que se oculta tras una interpretación memorable y buscamos el mecanismo, la memorabilidad se queda en una pura destreza física ó en un análisis perspectivista de la estructura de la pieza en sí. Ambas cosas son sumamente interesantes, pero no tienen nada que ver con la imagen poética y su traducción, como pasaba con el ejemplo del ilusionista.