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domingo, 11 de septiembre de 2011

Roles

    En el mundo de hoy (¿Cuál de ellos?) los roles masculino y femenino se han visto crecientemente repartidos entre ambos sexos, como un un ejemplo más de evolución integrativa. La masculinidad exacerbada de hombres y la feminidad exacerbada de mujeres es una situación más lejana al equilibrio y ha quedado más restringida a los círculos más conservadores y primitivos (como el mundo árabe tradicional y las series americanas para adolescentes). Desde el punto de vista psicológico, la masculinidad álgida se compensa con la feminidad álgida, mientras que una proporción más equilibrada de roles se complementa con el mismo tipo de substrato. Y las fuerzas de la reacción, claro está, han ido en contra de cualquier tipo de evolución, por miedo a perder algo y no recuperarlo en la misma forma. Precisamente este deseo de impedir la evolución natural de las cosas ha creado el mito del supermacho/superhembra (en los impresos oficiales de la España de hace solamente cuarenta años todavía se indicaba “sexo: varón/hembra”, extraña mezcla antropozoica). Y como desde el punto de vista más superficial la evolución de los roles sexuales parece favorecer únicamente a las mujeres el macho perdedor se bate en retirada ó en ocasiones se atrinchera en los espacios aludidos anteriormente. El creciente auge de la homosexualidad también puede relacionarse parcialmente con todos estos hechos. Frente a las teorías de poder/fuerza que han venido utilizando las feministas radicales, la visión de Ken Wilber (quien no se cansa de observar que si la dominación masculina hubiera sido el único elemento que ha impedido el despliegue feminista tal hecho sería indicativo de la supuesta memez de las mujeres) sobre la emancipación femenina –basada en el despliegue progresivo de la noosfera a partir de la biosfera- me parece infinitamente más plausible. Los valores femeninos, tradicionalmente restringidos a la relación doméstica, se han ido implementando también en la vida pública. Logos y Eros coexisten cada vez más en todos los individuos.

jueves, 7 de octubre de 2010

Música y género

La así llamada “Nueva Musicología” agrupa a una buena parte de la musicología actual y está fuertemente influenciada por los llamados estudios culturales americanos, el feminismo, los estudios de género (incluyendo la teoría queer) y el post-colonialismo, amén de la siempre presente post-modernidad. Y en su afán transgresor ha encontrado unos cuantos blancos predilectos: Beethoven, la forma sonata, la tonalidad, los compositores seriales…Especialmente agresiva se ha mostrado la musicóloga Susan McClary, llegando a afirmar que “la forma sonata muestra las características esenciales de una identidad de género: sexismo, imperialismo y misoginia” porque ciertos estudiosos de otrora etiquetaron de “masculino” al primer tema de tal forma musical y de “femenino” al segundo, contraponiendo el carácter mas afirmativo del primero al más lírico del segundo. Si en vez de masculino/femenino el binomio hubiera sido bautizado como logos/eros quizá se hubiera evitado tal interpretación. En nuestra época ya somos lo suficientemente mayorcitos como para comprender que las polaridades de género no se identifican exclusivamente con cada individuo y que las características femeninas y masculinas se presentan, ambas, tanto en hombres como en mujeres como en cualquier sexo intermedio ó alternativo que se pueda imaginar. La misma autora, en un furibundo y conocido texto, describe el pasaje de la recapitulación del primer movimiento de la IX Sinfonía de Beethoven como “uno de los momentos más horrorosos en toda la historia de la música, cuando la cuidadosamente preparada cadencia se frustra y la energía es contenida hasta estallar en la rabia asesina propia de un violador incapaz de alcanzar la liberación”. Me recuerda un viejo chiste en el que un maestro llama al padre de un niño para explicarle lo que él considera una conducta anormal: -“Cuando le pinto dos paralelas horizontales y le pregunto qué ve, me responde que una pareja haciendo el amor en la cama; cuando le pinto unas paralelas verticales me dice que ve una pareja haciendo el amor de pie”-“¡Es que usted también le pinta cada cosa al niño!”, responde mosqueado el padre.