La regresión infinita suele ser el resultado de nuestros empeños sistemáticos para establecer una base desde la que mirar o analizar nuestro entorno. En ocasiones nos las arreglamos para que la regresión deje de provocar el vértigo asociado con el concepto de infinito y entonces inventamos un argumento circular a través del cual la cuestión quede (sólo aparentemente) zanjada. Aún así, el replanteamiento de los fundamentos de la percepción, del pensamiento y de la propia realidad es un ejercicio muy saludable que quizás nos lleve a aceptar el juego de las cajas chinas ilimitadas como una característica 'estable' y 'fundamental' de nuestra relación con el mundo.
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martes, 4 de mayo de 2021
jueves, 27 de diciembre de 2018
Axonometrías
En varias ocasiones se ha utilizado el
concepto de las percepciones del espacio y del tiempo para caracterizar una época
(Jean Gebser) y elaborar una dinámica de la evolución en base a las
modificaciones que tal percepción ha ido sufriendo a lo largo de los siglos. Según
el modelo de Gebser la aparición de la perspectiva en la representación
pictórica va asociada con el cambio de paradigma que supone el inicio de la
Modernidad occidental en el período renacentista. La perspectiva pone un orden
típicamente racional entre los elementos que ocupan el espacio. Pasamos con
ella de la percepción anterior “pequeño-mediano-grande” que aparece en la
pintura románica o en las representaciones de la Antigüedad (que atendía mayormente
a la significación/simbolismo del personaje representado) a establecer un nexo
de unión más elaborado entre los pobladores de tal espacio. La perspectiva
ofrece así una estructura mental-espacial en la que lo percibido depende tanto
de sus dimensiones como de nuestro punto de vista, traduciéndose de manera
correspondiente con las representaciones pictóricas bidimensionales. Existen
fundamentalmente dos tipos de perspectivas: las axonométricas y las cónicas. En
las primeras las proporciones de los objetos representados guardan una relación
entre ellas que no depende de la posición del observador (se podría considerar
que ofrecen una vista “desde el infinito”). En eso se asemejaría a la visión
idealista (platoniana, no hegeliana) en la que la mente es capaz de aprehender
el mundo sin participar de él (curiosamente, este tipo de visión se denomina
ahora en filosofía realista). En las
perspectivas cónicas la imagen representada deforma sus proporciones de acuerdo
con el punto de vista del observador, de manera que ahora la perspectiva
depende en gran medida del punto de vista de tal espectador. Las líneas que en
el espacio tridimensional son paralelas aparecen ahora como líneas que
convergen en un punto infinito -el llamado punto
de fuga- de manera que se ha invertido el rol de sujeto/objeto propiciado
por la perspectiva axonométrica. Si allá era el observador quien se situaba en
una posición idealmente infinita ahora el observador proyecta hacia el infinito
la invarianza de proporciones tridimensionales. La perspectiva cónica admite
además puntos de fuga adicionales (tantos como dimensiones queremos
representar). Los dos tipos de proyección que describo corresponderían
respectivamente a la visión racional pura (Platón, Descartes) y al giro
copernicano propiciado por Kant. En nuestro momento se hace del todo necesario
añadir complejidad a este símil y tendríamos que hablar, además de
multiperspectivas, de representaciones (tridimensionales) de objetos
tetradimensionales. Ahí lo dejo…
miércoles, 10 de diciembre de 2014
D+1
Es evidente que cada uno contempla la vida desde un marco de referencia que contiene todos sus datos de itinerancia. Desde unos modos concretos, que conllevan unas perspectivas innatas privilegiadas (percepciones físicas, mentales) pasando por una historia concreta de hábitos y adquisiciones hasta un momento concreto de la evolución y edad de cada uno. El hallazgo más deseado por parte de filósofos, científicos y artistas es el de la ética, la certeza y la belleza objetivas. Y esto, dicho en pocas palabras, no existe. Lo cual está muy lejos de afirmar que la ética, la certeza y la belleza no existan e incluso tienen un valor trascendente, más allá de nuestras puras percepciones.
sábado, 18 de enero de 2014
Holismos
Holismo es una de las palabras clave de esa constelación que acompaña al nuevo
paradigma científico. Y al igual que sucede con otros términos de la tal
constelación, ha sido mal utilizada y abusada en numerosas ocasiones. El
holismo supone la restitución de la integridad del sistema en contraste al
método común de la ciencia moderna (moderna del S XVII) que tiende a
descomponer en partes el sistema para tratar de conocerlo, de acuerdo con la
máxima aristoteliana de que el todo es la
suma de las partes. A principios de S XX se determinó que había otras
posibilidades, la de que el todo fuese más que la suma de las partes y también
de que fuese menos. La teoría general de sistemas, establecida por von
Bertalanffy después de la II Guerra Mundial, en la misma época que el
nacimiento de la cibernética, daría incluso una respuesta diferente: la parte es una forma de ver el todo, ya que
la parte contiene el todo de la misma manera que el todo contiene la parte.
Es decir, que lo que deja de ser funcional es el viejo concepto de todo y de
parte (esta postura había sido ya adoptada previamente por los padres de la
mecánica cuántica, Bohr y Heisenberg). Las posteriores Teoría del Caos y
Geometría Fractal establecen nuevos paradigmas que substituyen a los conceptos
del todo y la parte. Y a la luz de esta nueva cosmovisión es cuando podemos
observar en la distancia que muchas de las viejas miradas eran solo partes
aisladas, perspectivas en suma, de un paisaje que ahora vemos con más
globalidad. Pero para poder realizar este paso de síntesis se ha hecho
necesaria la emergencia de una nueva forma de ver las cosas. El universo
sistémico es tan potente que incluso tergiversa conceptos sólidamente establecidos
como el de causalidad. La red-que-todo-lo-une hace de la relación causal
clásica, una vez más, una extracción quirúrgica que no conserva la información
original y tiende a substituirla por el concepto de causalidad circular. Bajo
el nuevo prisma vemos el modelo darwiniano de evolución como una perspectiva
cercenada, en este caso del ecosistema correspondiente, pero que modifica
substancialmente la parte del modelo que Popper clasificaba de “programa
moral”. Así, el motor de la evolución es la congruencia global del sistema más
que la selección de mutaciones azarosas. Azar y necesidad, otro de los
dualismos que han perdido gran parte de su significado en los últimos cincuenta
años. Hoy sabemos que el orden nace necesariamente del desorden y que se encamina
necesariamente hacia él. O sea que determinismo e indeterminación no
constituyen, una vez más, una dualidad ab
initio sino que resultan de un “corte epistemológico” perspectivista. Las
dualidades no se resuelven sino que se disuelven.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Instante
Nos podemos preguntar sobre el por qué de nuestro interés en observar fotografías de gente (de famosos, de nuestros parientes, amigos y compañeros, de nuestros antepasados, de personajes históricos), especialmente cuando tenemos al original delante nuestro. Pareciera que deberíamos tener una imagen más completa al observar a la persona al natural que en una fotografía. Dado que nuestra persona al natural es un proceso (un proceso físico-químico-biológico-noético) que se desarrolla en el tiempo (parece que nuestra percepción temporal está ligada a nuestra percepción de la evolución de los procesos) la fotografía constituiría una muestra congelada de un instante del proceso. Una muestra, claro está, de lo que se puede percibir a través de nuestra mirada. Quizás así podemos aislar una perspectiva, podemos aplicar un bisturí a la compleja personalidad de nuestro analizado y deshilachar una hebra que forme parte de tal complejo entramado. Quizás podamos descubrir en la fotografía una mirada, una expresión profunda que se nos escapa en el natural, confundida dentro de la complejidad. Quizás los instantes expresivos están diluidos en un continuo menos diferenciado que nos enmaraña la visión diferencial. Un experimento ilustrativo de este fenómeno se puede llevar a cabo fácilmente “congelando” las imágenes de los personajes de un film. Nuestras “muestras” pueden resultar expresivas, indiferentes o incluso ridículas (con la posible excepción de Shirley McLaine en The Apartment; congeles donde congeles encuentras imágenes de una expresividad escalofriante). El interés que describía al principio quizás también se base en el deseo de prolongar indefinidamente la aprehensión de la perspectiva recién diseccionada. Esto sucede a veces en un proceso muy temporal y difícil de “congelar” como en la interpretación musical. Basta que un intérprete musical mediocre quiera prolongar un momento particularmente bello (en lo que respecta a timbre, armonía o expresividad) para que lo haga insoportable. En una lejana ocasión ya traté el tema de la fotografía en blanco y negro, en donde los rostros se nos aparecen infinitamente más expresivos que en la fotografía en color, hecho que atribuía al mayor abaissement du niveau de conscience que permitía a su vez una mayor participación transmental en la aprehensión. Lo verdaderamente importante e integrador es que, una vez diseccionada y observada la perspectiva congelada, podamos volver a restituir este aspecto en el todo complejo que es la persona que tenemos al lado.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Clichés
Denunciar los clichés no constituye per se un acto mayormente contestatario ni de apología de la violencia, ni cosas por el estilo. Más bien es un acto que puede contribuir a un cambio de perspectiva, a sacarnos de nuestra adormecida existencia cotidiana, basada en un sutil (o más bien, insidioso) entramado de conceptos cerrados unidos solamente por relaciones causales simples. Tal cambio de perspectiva puede ser el comienzo de un proceso de ampliación de conciencia. El aumento de conciencia de los individuos está ligado al de la sociedad, y ahí empieza el hecho contestatario y desestabilizador. Y no nos engañemos; los clichés son utilizados en su favor no solamente por la ortodoxia social sino también por las supuestas vías alternativas. El origen del cliché cabría situarlo en el contexto de una forma de pensar grandemente enraizada en la mentalidad de Occidente, uno de cuyos jalones viene marcado por la filosofía de Parménides, según la cual el cambio es imposible y la realidad última es atemporal. La antítesis a esta filosofía viene constituída por el pensamiento de Heráclito, para el que todo el universo es cambio y los opuestos, de alguna manera, estan inextricablemente unidos. Durante siglos en Occidente la filosofía de Heráclito (“el obscuro”) se interpretó en términos materialistas, sin entender que obedecía a los esquemas mentales típicos de Oriente. Así, los cielos occidentales eran parmenideanos mientras que los nirvanas orientales eran la superación del heraclídeo samsara. La polaridad descrita se puede sintetizar y superar, en un deseable avance evolutivo. Pero, aunque en Occidente estemos ya incorporando el pensamiento de Heráclito y en Oriente el de Parménides (con lo que Occidente y Oriente se acercan hasta que se lleguen a confundir y el producto resultante pueda superar dicha polaridad y evolucionar a partir de ella), las raíces de Parménides todavía siguen presentes en gran parte de los campos del pensamiento. El mundo de la ciencia, que muchos actualmente suponen tan ajeno a todas estas disquisiciones, sigue exhibiendo mayormente sus preferencias hacia un mundo ideal, platónico, del cual el mundo físico real no es más que un pálido reflejo. Y tal mundo ideal es, desde Descartes, externo a nuestro pensamiento e independiente de él.
martes, 20 de enero de 2009
Revelaciones

Cuando un suceso –más frecuentemente negativo que positivo de entrada- cambia de golpe el rumbo de nuestra vida en muchas ocasiones lo percibimos como algo que teníamos delante nuestro pero que no acertábamos a vislumbrar; como si su acaecimiento nos revelara o hiciera conscientes de algo que siempre había estado ahí. El cúmulo de tales percepciones puede hacer de una vida todo un proceso de toma de conciencia que, de forma consecuente, configurará en nosotros un universo orgánico de experiencias. Además, dicho entramado no nos permitirá la marcha atrás: cuando Orfeo es conducido a los infiernos para recuperar a Eurídice, debe de recolocar sobre sus ojos la misma venda que tenía antes de su desaparición. Pero la vuelta atrás parece vana: la venda no puede ocultar ya nada después de haber caído una vez. En algunos casos incluso podemos llegar a percibir cierto sabor conocido, como si, tras los decorados espacio-temporales y socio-culturales que nos arropan, intuyéramos algo a nivel más fundamental. No voy ha hacer ninguna cábala sobre el origen ó significado de tales percepciones que como tales nos informan “como si”. Allá cada cual con sus referentes conscientes ó inconscientes. Otra cuestión mucho más profunda es la posibilidad de la existencia de percepción/experiencia a-referencial.
martes, 13 de enero de 2009
Transeúntes

Cuando caminas por una calle concurrida y tienes prisa notas como la masa de transeúntes te frena, tanto más cuanto más rápido intentas caminar (lo contrario sucede cuando no tienes prisa; te ves impelido a caminar a una velocidad superior a la que desearías). Al final, si dejas de oponer resistencia, acabas sincronizando tu paso con el de la media del pelotón (es decir, con el homónimo parámetro de la distribución gaussiana que describe la velocidad de los transeúntes). Si quieres desprenderte por un rato de la colectividad y regular tu velocidad de forma más independiente no tienes más que escoger una vía menos concurrida por la que transitar. Entonces parece que tu punto de destino sea diferente del de la manada, pero esto no tiene por qué ser así. De hecho el concepto de punto de destino es mucho más borroso de lo que nos parece en primera instancia. Podríamos hablar, a la manera de la física cuántica, de nubes de probabilidad de destinos. Si tu destino se sitúa de forma aproximada en el norte y tú te diriges de manera insistente hacia el sur, la probabilidad de alcanzarlo disminuye perceptiblemente. Las vías alternativas, sin embargo, pueden también convertirse en callejones sin salida. Cuando somos presa de la prisa perniciosa, por ejemplo. Aquella que no conduce a ninguna parte, la escapatoria de nosotros mismos ó la huída hacia delante. Cuando lo único que queremos es aprovechar el tiempo y nos percatamos de que cuanto más corremos, más se encoge éste delante de nuestras narices. Entonces los que tienen cierta estatura se inclinan hacia delante, como si la cabeza quisiera llegar antes a algún sitio de lo que las piernas dan de sí. Las vías alternativas, eso sí, normalmente permiten observar el mundo desde lo lejos, pero no para objetivizarlo, sino para tomar cierta distancia respecto a uno mismo.
domingo, 8 de junio de 2008
Minkowski

Consideremos un árbol genealógico gigante que incluya a todos los seres humanos desde épocas remotas. Si le pidiéramos a un sujeto cualquiera situado en cualquier punto del árbol que identificara a sus ascendentes y a sus descendientes directos en tal macroestructura, nos trazaría la figura de un doble cono en la que él ocuparía el origen de coordenadas, o sea la zona en que los conos se encuentran. Tendría idéntica forma que el diagrama de Minkowski, que divide el espacio/tiempo en pasado, futuro y otras zonas no accesibles. El pasado y el futuro -zona interior de los conos- están conectados, tanto según la mecánica clásica como la relativista, por el principio de causalidad. Las zonas fuera del doble cono no lo estarían. En el caso del árbol genealógico los individuos situados fuera del doble cono no serían ni ascendentes ni descendentes del individuo objeto, bien que pudieran estar relacionados por consanguinidad. Si ahora, en vez de aislar a un sujeto, consideramos al conjunto de todos ellos, observamos que el punto de vista anterior que daba lugar al doble cono se ha convertido en una intrincada red de relaciones en la que todos los elementos están relacionados entre sí. Lo mismo podría suceder con los eventos objeto del diagrama de Minkowski. Una vez más la historia del asesinato de Lincoln: ¿Cuál fue la causa? Simplemente situamos el evento en el origen de coordenadas y construimos un cono por encima suyo que acaba confluyendo sobre él. Un poco como sucedió con el asesinato de la emperatriz Sissi: huyendo de la corte y de sí misma, fue a recalar a Ginebra, donde también había ido a parar un anarquista que pretendió infructuosamente asesinar a un miembro de la familia real italiana y decidió aprovechó el viaje. La confluencia estaba servida.
viernes, 12 de octubre de 2007
Paradojas

Amo las paradojas. Constituyen un medio efectivo de ir más allá en nuestros planteamientos y reflexiones. Son como versiones “de andar por casa” de los koan budistas por cuanto a su utilidad se refiere. Nos sacan –aunque sea por unos instantes- de nuestro letargo mental en el cual las cosas están perfectamente clasificadas, cada una en un compartimento y cada compartimento en una posición determinada. La paradoja es el ombligo que existe entre la poesía y el mundo de la racionalidad (así como el koan lo es entre el mundo de la racionalidad y el de la transracionalidad). Y como punto de escape de la recurrencia relacional siempre está dispuesta a brindarnos una nueva visión en un plano de conciencia más amplio. Después de saborear una paradoja nos sentimos más sabios, más serenos.
miércoles, 10 de octubre de 2007
Luchadores

El ganador y el perdedor son los consecuentes lógicos del luchador. Ambos comparten mucho más de lo puede parecer a primera vista. Son el fruto de un proceso por el cual el uno asume sus expectativas y el otro no las asume. ¿El resultado? Uno se siente realizado y el otro no. Pero esta realización suele ser parcial, y tanto el uno como el otro se vuelven a enfrascar en un proceso de lucha por el siguiente objetivo. Cuando un ganador repite sus triunfos ó un perdedor sus derrotas con asiduidad acaban configurando un ropaje que los sitúa de manera supuestamente fija en una categoría vital.
John Cage, convertido al budismo bastante antes de la eclosión New Age, explicaba a menudo una historia en la que un grupo de monjes cristianos y budistas viajaba y debía de cruzar un río. Los monjes cristianos ya tenían el agua en el cuello cuando los budistas les advirtieron: -¿Dónde vais? ¡Pero si unos metros más allá el río se puede vadear!
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