Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Trans-temporalidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Trans-temporalidad. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de marzo de 2011

Espacio Tiempo Materia

La Teoría General de la Relatividad de 1915 establece un nexo estrecho entre espacio, tiempo y materia, de manera que, en ausencia total de materia no podrían existir los otros términos. También que el Universo es finito, aunque ilimitado, de la misma manera que lo es una superficie esférica para un perceptor bidimensional. Es por ello que no tiene sentido preguntarse qué es lo que hay más allá de la materia y del espacio. La pregunta se ve teñida de un condicionante que ampliamos inconscientemente hasta más allá de donde pierde su validez formal. El espacio tal como lo percibimos de forma primaria crea en nuestra mente un concepto que utilizamos fuera de los límites de su ámbito de aplicación. Si decimos que la materia repliega el espacio en sí mismo hasta cerrarlo y que resulta imposible huir de tal conjunción –so pena de ser absorbidos por un agujero negro- hemos de comprender que más allá de la materia no hay espacio ni tiempo. Y esto es algo que la mente sólo puede intuir, y aun usando una metaimagen. Por una razón análoga, la mente no puede gestionar adecuadamente percepciones internas que necesitan de una estructura más evolucionada que ella misma para ser aprehendidas. Dichas percepciones se deben de verbalizar necesariamente como koan, paradojas, simbolismos ó ilusiones sensoriales, tal y como se presentan en los dibujos de hiperestructuras en dos dimensiones. La única manera de poder captar algo perteneciente a un orden dimensional –ó de conocimiento- superior pasa por deconstruir el concepto subyacente previamente. Deconstruir no para quedarnos únicamente con el decorado previo visto desde atrás –como hace la postmodernidad- sino para poder además retroceder y abarcar una visión más global, más inclusiva. El camino de la evolución fructífera siempre pasa por trascender incluyendo los estadios previos.

domingo, 11 de noviembre de 2007

Singularidades


Decía Chaplin (ó Jean Renoir, ahora no lo recuerdo bien) que a lo largo de la vida de una persona solamente suceden unas pocos hechos notables que siempre se repiten y el resto de ella viene constituido por variaciones de los mismos. Este organicismo de la experiencia vital tiene una doble lectura. Por un lado, la autopercepción de la trayectoria de la vida, que viene mediatizada por nuestra matriz personal: llevamos constantemente puestas unas gafas de unos determinados colores que nos tiñen la propia percepción. El desprendimiento –siquiera parcial y momentáneo- de estas gafas requiere un esfuerzo al que difícilmente se hace frente cotidianamente. Ello nos impele, a menudo inconscientemente, a sobrevalorar los hechos que más significativamente se expresan en la matriz y por el mismo mecanismo, a infravalorar los que no están tan expresados. Pero por otro lado también parecen existir constelaciones de acontecimientos no autoprovocados –al menos, conscientemente- que pueblan nuestras vidas. Se habla entonces de destino, sincronicidad, tendencia. Los que han estado a punto de abandonar esta vida pero han regresado a ella refieren a menudo la famosa experiencia en la que se revive la propia existencia en su totalidad pero en lo que parece ser una fracción de tiempo minúscula. Es una experiencia holística y transtemporal en la que la parte y el todo se confunden. La matriz de constelaciones-tendencias vendría representada por el tema astral (que no deja de ser una representación de unos parámetros fractálicos que se desarrollan en el tiempo), el objeto de estudio de la quiromancia y otras manifestaciones similares conocidas desde épocas pre-mentales y denostadas por la hubris de la época racional.