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sábado, 20 de junio de 2015

Pre-diseño

                               Los emoticonos han invadido nuestra cotidianidad y van incrementando su cuota de espacio con asombrosa celeridad. Tanto es así que ya están apareciendo relatos de autores clásicos traducidos a su particular lenguaje. El campo de la semántica, después de haber sido objeto de un concienzudo y prolongado análisis por el estructuralismo (de Saussure a McLuhan, pasando por Lacan) parece un tanto olvidado o fragmentado. Los emoticonos expresan emociones pero las codifican y así las hacen tolerables para nuestro mundo. Nuestra sociedad no expresa emociones que fluyan desde nuestro interior. Más bien tiene un panel de mandos con botones y cada botón corresponde (codifica y lanza) una supuesta emoción pre-diseñada o predefinida. Y esto no son, en términos clásicos, las emociones, que son constelizaciones complejas. Nuestra mitología de la razón nos ha llegado a hacer ciegos respecto a la complejidad del mundo y como resultado la razón se ha reificado y ha dejado de ser una estructura con poderes autocríticos. Ludwig Wittgenstein, padre simbólico de la filosofía analítica, sufrió una evolución a lo largo de su vida intelectual que lo llevó desde los rigores del Tractatus Logico-Philosophicus hasta el reconocimiento del pensamiento complejo y la riqueza no axiomatizable del lenguaje en su último período. Diríase que nosotros, en pleno acuerdo con las tesis de Baudrillard, estemos haciendo el viaje en dirección contraria, si bien nuestra meta no parece tan cristalina como la famosa obra de Wittgenstein. Nuestra meta, por ahora, es la hiperrealidad. Queriendo huir a toda costa de la subjetividad regresamos a ella de forma aumentada. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Innovación

                        Aunque estemos hartos de oir la canción de la innovación, que constantemente nos machacan los mass media, los departamentos de recursos humanos y los coachers (New Age o no) de sobra sabemos que lo último que quiere esta oxidada estructura social es cambiar. Las crisis económicas, las crisis de valores, las locuras individuales o colectivas a las que asistimos últimamente no inducen, en apariencia, a aprender a reflexionar sobre este tipo de procesos. Una crisis implica cambio. Es inútil querer solventar una crisis para recuperar el estadio anterior a ella. No solo las ideas innovativas se reciben a regañadientes sino que se pretende que los procesos naturales de aprendizaje sean reificados. Los maestros reciben consignas sobre como enseñar cosas tan diáfanas como la sustracción numérica (“no hay que contar de arriba para abajo sino de abajo para arriba”). La aritmética es una colección de axiomas lo suficientemente sólidos (no creo que ningún superdotado de primero de primaria pueda deducir, dado el actual estado de evolución, el teorema de Gödel) como para que cada uno se construya una mecánica particular. El resultado será el mismo, pese a lo que puedan pensar los parásitos de despacho que mueven los correspondientes hilos. Este fenómeno también se observa en los exámenes con selección de prerespuestas, los llamados de tipo test. No se deja que el examinando construya un punto de vista. Se le ofrecen una serie de respuestas ideadas bajo el epígrafe de Verdadero y Falso. Es más, los falsos han sido cuidadosamente cocinados para dar la sensación de verdaderos. Esto, evidentemente, a nivel de enseñanza básica, no parece demasiado peligroso, pero lo es porque induce a pensar bajo este tipo de dualidad. Ayer mismo leía en la prensa una entrevista con un cosmólogo al que se le preguntaba si algún día se llegaría a conocer todo sobre el universo. El anciano respondía que no, que esto no eras posible, que siempre quedarían incógnitas. Evidentemente, pero no por limitación humana (que también) sino esencialmente porque nuestro conocimiento no es como un almacén donde se acumulan datos y teorías a lo largo de los siglos. Hace poco vi un reportaje sobre el mundo del futuro que iba del mismo palo. Todo era increíble y “muy futurista” pero visto bajo nuestra perspectiva del aquí y ahora, como si todo se proyectara sobre un fondo neutro objetivo, ubicuo y eterno. Periodistas y maestros: tenéis una responsabilidad gigantesca para con el futuro de la sociedad (más que banqueros, políticos y científicos; sin duda alguna).

miércoles, 20 de mayo de 2015

Tensiones


                        La existencia está basada en la tensión entre dos fuerzas antagónicas. Esta aseveración de Heráclito de Efeso, tan poco comprendida en Occidente durante milenios, constituye una de las bases de las místicas orientales. La filosofía occidental siguió más bien los pasos de Parménides de Elea, para el que solamente existían dos caminos: el que es y el que no es. Dicho de otro modo: la existencia derivaba únicamente de una esencia previa e inmutable. Pero no voy a hablar de este complejo tema. Pienso en él a raíz de dos fuerzas sociales siempre presentes a la largo de la historia. La primera es una fuerza centrípeta que tiende a reforzar bucles locales dentro de la sociedad. Es el tribucentrismo que más tarde deviene etnocentrismo. Esta tendencia impide los matrimonios extratribales (o, yendo más allá, extraraciales). También preserva modos y costumbres. ¡Cuánta gente es incapaz de probar un alimento desconocido sobre la base de que “sus abuelos nunca habían probado esto”! Evidentemente, éste es un discurso de fragilidad emocional, de miedo al cambio, que de esta manera impide la mezcla. Es la mítica pureza de raza de la que hablan ciertas ideologías. La segunda fuerza es centrífuga y está relacionada con el ansia de conocimientos. Lleva de forma natural al mundicentrismo, la expansión, la evolución y el mestizaje (¡Qué envidia he sentido siempre hacia las personas con sangre mezclada de diversas culturas!). Esta fuerza provoca los crecimientos dialécticos de la cultura. Pero cuidado. No estoy hablando de buenos y malos ni de dualismos de este estilo a los que tan acostumbrados nos tienen los medios de masas. Ambas fuerzas son necesarias (¡gracias de nuevo, Heráclito!) para crear la tensión del arco y la flecha que evita por un lado la desintegración o por otro lado el colapso. Si bien es cierto que un universo en expansión (física, biológica, noológica) requiere que en ciertos momentos las fuerzas centrípetas cedan, siquiera parcialmente a las centrífugas en pos de tal proceso.

sábado, 9 de mayo de 2015

Telones de fondo

                     
        La post Modernidad, a la que tantos posts he dedicado de forma directa o indirecta establece, en su versión hard, que no hay verdades absolutas y que no existen hechos, sino interpretaciones (la versión soft establece que todo es relativo) y que cualquier producto de la historia se puede deconstruir en sus elementos, por lo que se deduce que cualquier producto futuro se puede construir a voluntad de cada cual y que todos tendrán su cuota de verdad relativa. Por productos de la historia se entiende cualquier tipo de producto: artístico, filosófico,  científico, cultural, natural, social. Se respira así un clima de “final de la historia” como final de la evolución. Existe una profunda contradicción dentro de todo este asunto. En ocasiones he visto referida esta contradicción en la forma de autoengaño: si no hay verdades absolutas, la postmodernidad, que no deja de ser una consideración, tampoco lo es. Así se puede llegar a la paradoja de la auto-contención (la hace poco citada paradoja del cretense). Existe otra manera de descubrir la falacia de la post-modernidad (en el fondo es la misma, pero ofrecida bajo otra perspectiva). Las supuestas verdades relativas que se pueden construir y deconstruir precisan para poderse efectuar esta operación de un fondo neutro. Este fondo neutro es una forma de verdad absoluta introducida como un poco disimulado troyano o macrodiablo de Maxwell. Alguna pared de fondo siempre ha existido, también con la Modernidad (Renacimiento-Ilustración). Con el final de la Modernidad y la subsiguiente caída de su propio telón de fondo la postmodernidad ha creído ver en el nuevo telón de fondo el verdadero punto final y  lo ha tomado así por una referencia absoluta e inamovible. Como concluyo siempre con este tema, el valor real de la postmodernidad informa sobre la decrepitud de la modernidad pero no constituye ningún estadio evolutivo. La Postmodernidad es el camino a través del cual se accede a la transmodernidad.

viernes, 1 de mayo de 2015

Confianza

                        Según una conocida aseveración popular, una vez se aprende a ir en bicicleta, ya no se olvida jamás, por tiempo de falta de práctica que pase. Lo mismo sucede con la capacidad de flotar en el agua. Aunque se pierdan facultades la técnica básica se mantiene. ¿Por qué sucede asi? Pues porque la capacidad de sostenerse sobre una bicicleta en marcha o de flotar sobre la superficie del mar dependen de una función básica de nuestra mente: la confianza. La práctica de un deporte de competición o de un instrumento musical requieren altas dosis de psicomotricidad que se adquieren con entrenamiento y que ciertamente decaen con la falta de uso. En los casos mencionados de la bicicleta y la flotación la sola constatación de que algo que parecía poco menos que imposible es absolutamente posible dispara automáticamente los bucles psicomotrices que lo actualizan. Es un poco como la puntualidad en los horarios de los trenes. La simple aceptación de la idea de que la puntualidad es importante la hace posible por polarización del sistema, infinitamente más que las cuestiones técnicas, que les son subsidiarias –aunque ciertamente en este caso es necesario dar tiempo al sistema para generar toda la complejidad que entraña-. El ejemplo da la razón a la premisa budista acerca de la posible interferencia de la mente consciente en el desarrollo de algunos procesos (que hay que hacer, no que pensar). O, como dicen en inglés: mind is a good servant but a bad master

martes, 28 de abril de 2015

Pretéritos (In)definidos

                         Una de las características más peculiares de la Postmodernidad es la ausencia de sentido evolutivo o histórico en sus planteamientos. La Postmodernidad considera así que ha llegado al fondo (¿absoluto?) de cualquier cuestión estética, ética o filosófica. De esta manera, cualquier producto aparecido durante la evolución histórica es susceptible de ser deconstruido en sus componentes “prístinos” y exhibido delante de un fondo objetivo y vacío de contenido. Se habría llegado así al final de la historia, y cada cual construiría a voluntad sus narrativas, artísticas, filosóficas, científicas o del tipo que fuera. La consideración de cada época para con épocas anteriores conforma muy significativamente uno de sus aspectos básicos. Así, la razón de ser del Renacimiento fué el redescubrimiento de la Antigüedad Clásica, cuyo legado escrito había pasado mayormente a lo largo de la edad media recluído en monasterios. En música, el interés por las obras del pasado se remonta a menos de doscientos años atrás, cuando Mendelssohn dirigió la pasión según San Mateo del “redescubierto” JS Bach en 1821. Unas pocas décadas atrás, los clásicos vieneses (Haydn, Mozart, Beethoven) habían iniciado el estudio de la música de Bach y Haendel pero más como modelo del cual extraer lecciones, especialmente de contrapunto y fuga. Schubert fue un profundo admirador de Beethoven como éste lo había sido de Mozart, pero ambos consideraban a sus ídolos como contemporáneos y no como representantes de una época anterior (de hecho, Schubert falleció solamente un año más tarde que Beethoven). El primer compositor que consideró su situación histórica en referencia a sus predecesores fue, claramente, Brahms. Esta consideración estaba en parte asociada a su interés en la renovación de formas periclitadas (así el passacaglia que aparece en su cuarta sinfonía) y la imagen -que siempre lo acompañó en vida- de compositor “del pasado” en contraposición a las “músicas del futuro” de Wagner y Liszt. El postromanticismo (modernismo, Belle Epoque), a pesar de su conciencia de final de época (o quizás en parte debido a eso) incidió en el retorno al pasado (el “retorno a Mozart” de R. Strauss, el “retorno a Schubert” de Mahler, el “retorno a la naturaleza” –con un sempiterno fondo wagneriano- del Modernismo). Cuando, después de la I Guerra Mundial, aparecen el neoclasicismo y los nuevos objetivismos, a pesar de la ruptura que suponen respecto del pasado inmediato, un aspecto permanece: el interés por un cierto tipo de pasado (no remoto ni primigenio como en el modernismo sino el más concreto de la música barroca y clásica). La vanguardia post II Guerra Mundial decreta de nuevo un olvido del pasado inmediato del cual solamente reivindica e impone el dodecafonismo, ahora convertido en serialismo. El dodecafonismo, en un intento de superar por un lado la tonalidad y por otro los desarrollos, prohibía la repetición de una de las doce notas de la escala antes de que hubieran aparecido, de alguna manera, las otras. El serialismo parametriza todos los elementos musicales en pos de una unidad interna que llega a ser inapreciable por el auditor. En los años 60-70 la vanguardia post-bélica se ablanda y, a falta de un desarrollo o una evolución concreta a la que adherirse, la postmodernidad entra en escena, llegando a la crisis actual. ¿Cuándo llegará de nuevo la evolución en forma de trans-Modernidad?

martes, 21 de abril de 2015

Tautologías

                        "La vida acaba poniendo las cosas en su sitio" es una de aquellas frases familiares que, aun expresando una tautología, nos hace reflexionar. Es por ello que a pesar de que su contenido sea nulo de acuerdo con la teoría de la información, hace resonar en nosotros una sabia evocación. Existen otras frases similares, algunas muy sutiles: “las cosas son como son” (la vida, realidad radical, difícilmente se puede referenciar), “son cosas del destino”, “le había llegado su hora”… Es evidente que la lógica representa un subconjunto particular del pensamiento y no una radiante meta olímpica. Hace 2500 años un pensador griego, Epiménides de creta, formuló –ciertamente, avant la lettre- una paradoja que acabó –después de muchos siglos de bromas- situando la lógica en un punto de relatividad. Es la conocida paradoja –o contradicción interna- del cretense que afirma que todos los cretenses son unos mentirosos. Hace menos de un siglo, Gödel y Tarski demostraron que un sistema axiomático aritmético o lógico no se puede autocontener y necesita de un metaespacio para sustentarse. Esta es una idea que choca con la creencia analítica de Aristóteles de que el todo está constituído por las partes o fundamentalismo. El llamado Trilema deMünchhausen representa de forma efectiva esta conclusión. Lo más curioso: el fundamentalismo físico fue oficialmente abandonado hace casi un siglo, pero aparentemente pocos se han dado cuenta. La lluvia de noticias sobre la búsqueda del bosón de Higgs y su sobrenombre oficioso de la partícula de Dios dan sobrada cuenta de ello.

jueves, 16 de abril de 2015

Certezas

El método científico, aproximación al estudio de la naturaleza extendido a fortiori al estudio de las humanidades, constituye una herramienta fundamental para poder acceder al avance tecnológico que la sociedad (especialmente la occidental y sus consiguientes áreas de influencia) ha experimentado en los últimos 500 años. El método científico no puede ser discutido ni criticado, pero, por supuesto, sí puede ser acotado y referenciado so pena de caer en lo que ya hemos caído desde hace más de 200 años: en un epísteme de infalibilidad. El escepticismo, la duda, son parte de las condiciones esenciales a la hora de aplicar el método, aunque la duda nunca puede desaparecer. No hay verdades infalibles en la ciencia. Existen grados de certeza y adecuaciones temporales, eso es todo (eso ya es muchísimo!!). Ni los postulados de Euclides ni la lógica de Aristóteles ni la invariancia galileana, por poner tres ejemplos básicos y fundamentales para el avance de la ciencia, han resultado ser verdades absolutas. Han sido “simples” adecuaciones. ¿Cómo avanza entonces el conocimiento científico? Pues por adecuaciones evolutivas, que en ocasiones representan el abandono de un paradigma consolidado, pero que de alguna manera es comprehendido por el siguiente como caso particular. ¿Cuál es entonces la clave, el marcador del grado de desarrollo evolutivo? Ese constructo tan frágil, escapadizo y fugaz al que llamamos tiempo.

miércoles, 8 de abril de 2015

Otinprivano


                   Las condiciones climatológicas en Kepler-62e eran más suaves de lo que hasta entonces habían supuesto los astrónomos terrestres. Su inclinación orbital era ínfima, por lo que en ninguna latitud de este planeta existían prácticamente las estaciones. En cualquier época de su año (notablemente más corto que el terrestre) la temperatura y grado de insolación se mantenía estable. Esto, naturalmente, creaba grandes diferencias entre los polos y el ecuador, mayores aún que las terráqueas. Su tenue atmósfera se encargaba de igualar tales diferencias. El volumen de aire desplazado provocaba así suaves flujos de viento que hubieran hecho las delicias de Stefan George y Arnold Schönberg quienes hubieran podido al fin sentir el aire de otros planetas. En Kepler-62e los poetas podían escribir plácidamente, sin arrebatos. Todo era suave, desde el azul tornasolado del cielo hasta el ocre anaranjado del suelo. En Kepler-62e había un inmenso océano y un inmenso continente surcado por suaves riachuelos de colores pastel. De hecho parecía un paisaje pintado por Tiepolo o Fragonard, pero sin figuras humanas. No había figuras humanas porque en Kepler-62e la forma de vida predominante eran las algas azules, verdes, liláceas y rosáceas, que se encargaban de modificar su atmósfera para poder dar paso, algún muy lejano día –aunque las recurrentes tormentas magnéticas que tenían lugar en Kepler62, la estrella progenitora, fueran capaces de acelerar levemente el proceso- a formas de vida más evolucionadas. Mientras tanto, el grado de conciencia afincado en tan rococó planeta era muy primario. Nada ni nadie en Kepler-62e podía sospechar que, a una distancia aproximada de unos 1200 años luz, es decir a dos pequeños saltos de gorrión en unidades astronómicas, un pequeño planeta con un grado importante de evolución de conciencia estaba cambiando substancialmente y de forma vertiginosamente  acelerada.

Per a la Rosa, els quadres de la qual -com el de la imatge- si que contenen formes conscients de tota mena
Per en Lluís, que em segueix a través de totes les estacions des de fa molts anys

viernes, 3 de abril de 2015

Verano



                        Los calores estivales ya habían llegado. Y aunque Guillermo estuviera en su salsa, el resto de parroquianos de la plaza mayor se sentían agotados a causa de la falta de sueño, del ruido estival, de la machaconería con que los medios de comunicación explotaban el menor flujo de noticias de que disponían en la canícula, además de otros temas más profundos. Ernesto recordaba especialmente, en tal época del año, su infancia y, de forma sutil pero marcada, mezclaba trazos del pasado con ensoñaciones y sensaciones que en realidad nunca habían existido. Cualquiera de tales puntualizaciones comenzaba invariablemente con un “-antes,….”que ponía los pelos de punta a Pablo, quien usualmente siempre rebatía a su parroquiano sin grandes esfuerzos. José Antonio se encargaba de interpretar los pensamientos de Ernesto en clave analítica mientras que Guillermo creía que era difícil hacer comparaciones por cuanto el punto de vista personal evoluciona sin cesar. José Antonio no podía estar más de acuerdo con Guillermo en su apreciación pero también sugería la posibilidad de comparaciones no personales. “Observad, por ejemplo, las primeras páginas de los periódicos de los días 19/4/1955; 7/4/1971; 10/4/1973;  27/5/1976; 3/2/1976. Durante esos años, ciertamente, las personalidades que hicieron avanzar el pensamiento, las ciencias y las artes, tenían una consideración general. Si algún lector de tales periódicos no tenía ni idea de quién era tal personalidad, iba al diccionario a buscarlo, disimulando su desconocimiento. Ahora –y aquí doy algo de razón a Ernesto-, la situación ha cambiado enormemente. No existe un único paradigma al que se le busquen los agujeros como tan genialmente hicieron aquellos superdotados. Por otra parte la gran masa ha perdido el complejo de sentirse inculta. Es más, el mercantilismo salvaje ha logrado llegar a hacerla sentir orgullosa de ello. El culto al personaje notable se ha substituído por el culto mítico a la ‘celebridad efímera del freacky que twitea’. Hemos confundido la igualdad de votos –el valor supremo de la democracia- con la igualdad de opiniones, cosa que…”
-Pablo, que se había ido poniendo rojo mientras escuchaba el repetitivo discurso de José Antonio, no pudo permanecer callado más rato:
-“¡Siempre que sueltas tus tesis elitistas te olvidas de que la voz de la masa tiene un poder y que la gente puede hacer lo que le dé la gana, que ya son mayorcitos!”
-“Pues no parece que la gente sea tan mayorcita, siendo como es tan extremamente manipulable”
-“¡Pero es que todos estamos atados de pies y manos! ¡Dame la receta para dejar de ser manipulado!”
-“Haya paz”, sugirió Guillermo. “¿Es que sólo sabéis pelearos, vosotros tres? En la vida hay cosas por las que vale la pena seguir, ¿no?
-“Pablo”, siguió afectuosamente José Antonio, “tu has sido maestro durante la mayor parte de tu vida profesional. Creo que hace muchos, muchos años que averiguaste que formar a un menor no consiste en rellenar su mente con contenidos, como hacen con las ocas los productores de foie-gras”
-“Tienes razón” dijo Pablo.”Eso lo creen los burócratas tecnócratas parásitos que pueblan los despachos oficiales. Pero este error, basado en una reificación de un proceso y en la asunción de la lógica y la racionalidad como únicos y absolutos caminos, se esparce por el grueso de la sociedad como una mancha de aceite.”
-“Pues a eso voy”, siguió José Antonio. “Simplemente te quería dar a entender que el proceso de aprendizaje y de maduración no tiene por qué acabar en la edad adulta. Es un proceso que, si dejas que fluya, puede durar toda la vida. Y el aprendizaje del adulto tampoco tiene que ver únicamente con la adquisición de nuevos conocimientos sino especialmente con la aparición de nuevos puntos de vista. Un poco como el viaje que planteaba Guillermo”.
-“Mirad, es que yo, ¿sabéis? soy un poco incrédulo y desconfiado por naturaleza”. Ernesto no participaba hacía rato de la discusión. “Si alguna cosa no la entiendo no la asumo por defecto”.
-“Esa es la excelsa labor del maestro”, y diciendo estas palabras Pablo se llegó a emocionar rememorando la maravillosa profesión a la que había dedicado los esfuerzos de toda una vida. “Hacer que alguien con un nivel de comprensión determinado pueda asumir cosas de un nivel inmediatamente superior. Los burócratas parásitos creen a pies juntillas que toda la ciencia se puede deducir, que todos los secretos del lenguaje están contenidos en sus palabras y que los tests de inteligencia sirven para algo serio”.
“-La sociedad actual –prosiguió José Antonio- tiene una labor intelectual por hacer muy  importante. Esta labor debe ser capaz de armonizar técnica, ciencia, arte, pensamiento. Y esta labor es eminentemente compleja, es decir, orgánico-sistémica. Fijaros la falta de armonía de la humanidad para con su nicho ecológico. Por doquier aparecen y se multiplican todo tipo de alergias, intolerancias y cosas peores. Estoy convencido, Ernesto –añadió José Antonio antes de que su amigo volviera a la carga- de que el progreso tecnológico y la armonía con el mundo no son incompatibles. Ahora bien, el progreso tecnológico unido a la regresión de conciencia y al atontamiento ngeneralizado puede llegar a ser letal”.
Guillermo propuso a sus contertulianos ir hasta la calle de al lado a buscar unos helados cuando de repente…..