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sábado, 26 de septiembre de 2026

Liminalidades

 


      La liminalidad temporal aplica a aquellos períodos que se sitúan entre dos zonas cronológicamente bien definidas pero que no participan de las cualidades de ninguna de ellas. Puede referirse a un evento concreto (como la 2ª Sinfonía de Beethoven, que parte ya de los presupuestos de la haydiniana 1ª Sinfonía pero no alcanza la ruptura que supone la 3ª) o a una fase gris entre dos dos momentos de colores bien definidos. Un ejemplo clásico lo constituye la adolescencia, aquel período en que ya no aplican los modos de la infancia pero todavía no se ha constituído la adultez. Las sociedades primitivas, con objeto de marcar màs claramente los límites, plasmaban simbólicamente el cambio a teavés de los ritos de paso. Era una forma de reducir, siquiera psicológicamente, la zona gris. Los ritos de paso fueron evolucionando -a la par que otros trasuntos simbólicos a menudo constelizados alrededor de las religiones- hasta nuestros días. Hace no tantos años las sociedades representaban el paso a la edad adulta a través de ritos como la Confirmación, el Bar Mizvah o similares. Actualmente los ritos de paso ya no tienen su base en la simbología profunda sino que se construyen más bien alrededor de la superficialidad de los mitos actuales, esencialmente aderezados por la maquinaria mercantilista. ¿Cuál es la causa de esta deriva? Se trata, sin duda, de un asunto multifactorial complejo, pero me permito señalar aquí un dato troncal situado más allá de lo que normalmente se da por sentado: la desaparición del 'tiempo' en los trasuntos de nuestra Postmodernidad. El tiempo ha sido o bien substituído por el espacio o bien espacializado hasta el punto de perder su antigua y cualitativa posición en nuestra vida. La liminalidad ya no existe; en su lugar aparece un cambio de aguja en una escala o calendario que debemos celebrar porque así lo exige un chapucero y perverso guión.
P.S.: Cuando busco una imagen para ilustrar este post, el 80% de las que me aparecen corresponden al concepto de "espacio liminal". Lo que decía ....

sábado, 12 de septiembre de 2026

Rarezas

 


   Algunos instrumentos musicales normalmente ajenos a la sala de conciertos se encuentran fuertemente asociados con determinados compositores y es precisamente gracias a ellos que eventualmente visitan tales espacios.

-Cymbalom: este instrumento, originado en la Hungría del S XIX por modificación de otras especies de dulcimeros, captó la atención de Stravinsky a través de Aladar Rácz, quien tocaba en un café de Ginebra durante la Primera Guerra Mundial. El carácter mecánico del instrumento y la destreza de las interpretaciones de Rácz lograron que el compositor, que se hallaba entonces en la última fase de su denominado 'período ruso', lo introdujera en diversas obras: la farsa Renard (en donde imita el sonido de la guzla rusa), el Ragtime para 11 instrumentos, los 4 Cantos Rusos y posteriormente la segunda versión (no la tercera y 'definitiva') del ballet Les Noces. Con el advenimiento, a partir de 1920, del período neoclásico, y el cambio de residencia a Francia por parte del compositor, su interés por el cymbalom desapareció (siendo reemplazado, en parte, por su afición a los pianos mecánicos que lo llevó a efectuar sus arreglos para Pleyela).
Aunque el instrumento interesara a otros compositores, su aparición en las salas de concierto fuera de las obras citadas prácticamente se limita a la suite de Hary Janos de Kódaly y la juvenil Rapsodia nº1 de Bartók.

-Ondes Martenot: uno de los primeros instrumentos electrónicos (junto con el Theremin, basado en el mismo principio y aparecido casi similtáneamente en 1926?), fue utilizado mayormente en salas de cine y de teatro donde podía demostrar una gran variedad de posibilidades. Uno de los primeros usos sinfónicos las incluyó en la orquesta de Jeanne d'Arc au bûcher de A Honegger. Aunque aproximadamente en la misma época un joven compositor, entonces perteneciente al grupo La Jeune France, reunió no menos de 6 aparatos para un espectáculo de agua-luz inscrito dentro de la Expo Universal de Paris de 1937 que se desarrolló a orillas del Sena. El nombre de la obra era Fête des Belles Eaux y O Messiaen, su autor, incluyó algún fragmento en el Cuarteto para el Fin de los Tiempos, escrito poco después en la cautividad de Silesia. En el contexto poco propicio donde el Cuarteto fue escrito a Messiaen la orquestación de la obra le vino dada por la presencia de sus camaradas músicos, aunque en diversos segmentos de la obra, como en el primer movimiento, la añoranza de las Ondas está más que presente (los amplios glissandi del cello). Después de la Guerra Messiaen incluyó famosamente el instrumento en sus Trois Petites Liturgies de la Présence Divine y Sinfonia Turangalîla (las obras que su discípulo P Boulez clasificara de "música de burdel"). Durante los siguientes treinta años Messiaen evitó el uso del instrumento (quien sabe si el hiriente comentario de Boulez tuvo algo que ver!), pero las Ondas volvieron con la ópera Saint François d'Assise, en donde la gigantesca orquesta incluye no menos de 3 instrumentos. Hoy dia las Ondas -que han dejado de fabricarse de manera regular- le siguen debiendo a Messiaen una buena parte de su cuota de aparición en los escenarios.