Algunos instrumentos musicales normalmente ajenos a la sala de conciertos se encuentran fuertemente asociados con determinados compositores y es precisamente gracias a ellos que eventualmente visitan tales espacios.
-Cymbalom: este instrumento, originado en la Hungría del S XIX por modificación de otras especies de dulcimeros, captó la atención de Stravinsky a través de Aladar Rácz, quien tocaba en un café de Ginebra durante la Primera Guerra Mundial. El carácter mecánico del instrumento y la destreza de las interpretaciones de Rácz lograron que el compositor, que se hallaba entonces en la última fase de su denominado 'período ruso', lo introdujera en diversas obras: la farsa Renard (en donde imita el sonido de la guzla rusa), el Ragtime para 11 instrumentos, los 4 Cantos Rusos y posteriormente la segunda versión (no la tercera y 'definitiva') del ballet Les Noces. Con el advenimiento, a partir de 1920, del período neoclásico, y el cambio de residencia a Francia por parte del compositor, su interés por el cymbalom desapareció (siendo reemplazado, en parte, por su afición a los pianos mecánicos que lo llevó a efectuar sus arreglos para Pleyela).
Aunque el instrumento interesara a otros compositores, su aparición en las salas de concierto fuera de las obras citadas prácticamente se limita a la suite de Hary Janos de Kódaly y la juvenil Rapsodia nº1 de Bartók.
-Ondes Martenot: uno de los primeros instrumentos electrónicos (junto con el Theremin, basado en el mismo principio y aparecido casi similtáneamente en 1926?), fue utilizado mayormente en salas de cine y de teatro donde podía demostrar una gran variedad de posibilidades. Uno de los primeros usos sinfónicos las incluyó en la orquesta de Jeanne d'Arc au bûcher de A Honegger. Aunque aproximadamente en la misma época un joven compositor, entonces perteneciente al grupo La Jeune France, reunió no menos de 6 aparatos para un espectáculo de agua-luz inscrito dentro de la Expo Universal de Paris de 1937 que se desarrolló a orillas del Sena. El nombre de la obra era Fête des Belles Eaux y O Messiaen, su autor, incluyó algún fragmento en el Cuarteto para el Fin de los Tiempos, escrito poco después en la cautividad de Silesia. En el contexto poco propicio donde el Cuarteto fue escrito a Messiaen la orquestación de la obra le vino dada por la presencia de sus camaradas músicos, aunque en diversos segmentos de la obra, como en el primer movimiento, la añoranza de las Ondas está más que presente (los amplios glissandi del cello). Después de la Guerra Messiaen incluyó famosamente el instrumento en sus Trois Petites Liturgies de la Présence Divine y Sinfonia Turangalîla (las obras que su discípulo P Boulez clasificara de "música de burdel"). Durante los siguientes treinta años Messiaen evitó el uso del instrumento (quien sabe si el hiriente comentario de Boulez tuvo algo que ver!), pero las Ondas volvieron con la ópera Saint François d'Assise, en donde la gigantesca orquesta incluye no menos de 3 instrumentos. Hoy dia las Ondas -que han dejado de fabricarse de manera regular- le siguen debiendo a Messiaen una buena parte de su cuota de aparición en los escenarios.