Vistas de página en total

domingo, 7 de agosto de 2011

Otra vez...


Ya lo he dicho aquí en numerosísimas ocasiones: tenemos una tendencia enfermiza hacia la proyección en el “exterior” de todos nuestros trasuntos internos. Ya sea en forma de conceptos, agentes, deidades, normas, panfletos, ángeles y demonios. El místico, contrariamente al concepto vulgar de este término, no es el bobalicón que vive en un anhelado mundo ideal producto de su (buena) fe, sino el que vive plenamente en el mundo presente, el que integra y transparenta todos los filtros que desdibujan cotidianamente nuestras percepciones. Exterior es el mundo material del dualismo cartesiano, pero también exterior la noción histórica de Dios. Exteriores los conceptos de Bien y Mal, que siempre queremos separar para dejar únicamente el primero eliminando el segundo (que es como querer eliminar una sombra). Exteriores las normas de buen funcionamiento de la sociedad (¿expresión de nostalgia por un pasado coherente?): simplemente hay que seguir los dictados cuidadosamente cartografiados y llegaremos a la perfección. Y en muchas ocasiones incluso llegamos a proyectar nuestros contenidos sobre objetos naturales reales (como hacían nuestros antepasados en épocas mágicas y míticas con rayos, volcanes y ciclones) ó potenciales (nuestra obsesión actual por la posible colisión de un meteorito sobre la superficie terrestre). Las localizaciones “interior/exterior” son solamente el fruto de una dualidad; un puro espejismo. Simplemente nuestra mente crea una diferencia en base a unas percepciones y unos hábitos. Exterior e Interior se corresponden de la misma manera que arriba y abajo, que diría Hermes Trismegisto.

viernes, 29 de julio de 2011

Romanticismos

                        La parte más negativa de las posiciones comunes es su carácter insidioso. No se notan. Te encuentras sumergido en un caldo social y cultural hacia el que tus percepciones, a fuerza de contacto, han perdido ya su sensibilidad. En una conversación reciente, y al comentario de mi interlocutor –para nada proveniente del campo de las ciencias “objetivas”, debo recalcar-, de que la bioquímica determinaba tales y cuales comportamientos, alegué que sí, que la bioquímica era el correlato “externo” del asunto. Entonces mi interlocutor me miró con cara rara, como si estuviera frente a un habitante del pleistoceno con sospechosos ribetes vagamente “a-científicos”, “irracionales”, “ocultistas” o, peor aún, “religiosizantes”. Al cabo de un momento, en un nuevo comentario, mostró su solución mágica frente a la imposibilidad de conjuntar una visión chata del mundo como la que había abrazado hacía un instante con el mundo interior no reconocido por el contexto social-cultural predominante: el romanticismo. El romanticismo como posición desesperada, como regresión a los supuestos orígenes prístinos, vírgenes, ante la imposibilidad de evolución en la dirección aparentemente única que nos plantea nuestro entorno más visible, nuestra posición común (aunque mucho menos común de lo que muchos creen). ¿Tanto cuesta ver que los pensamientos, el dolor (físico ó emocional), la felicidad, el goce estético, la compasión y otras mil cosas son experiencias personales que tienen sus correlatos “externos” observables, pero subjetivas (ó intersubjetivas) y vividas únicamente en primera persona? (y que todo ello no tiene nada que ver con la supuesta irracionalidad ú ocultismo, términos todos ellos que hacen solamente referencia a otra posición común, otro cliché). Respecto a la des-integración involutiva romántica, acabo de leer una cita de Michel Focault que viene como anillo al dedo: Creo que hay una tendencia fácil y generalizada que debemos combatir: la de designar como nuestro primer enemigo aquello que acaba de ocurrir, como si siempre fuera la peor forma de opresión de la que nos tenemos que liberar. Esta simple actitud implica una serie de peligrosas consecuencias: primera, una tendencia a buscar una forma barata de arcaísmo o una antigua forma imaginaria de felicidad que la gente, de hecho, nunca tuvo. En este odio al presente hay una peligrosa tendencia a invocar un pasado totalemente mítico. Gran parte de los movimientos del New Age, dicho sea de paso, caen dentro de esta descripción.


lunes, 18 de julio de 2011

Elección peligrosa


                        Hace unos treinta años, poco más o menos, y copciónmo parte de los hechos indicativos de la desestructuración de un modelo social, muchos de los responsables de instituciones de la más diversa índole hicieron una elección peligrosa. Prefirieron rodearse de individuos incompetentes pero afectos, desprendiéndose a la vez de los más competentes, pero con un sentido crítico más comprometido. Cuando en una jerarquía uno de los niveles muestra este tipo de comportamiento se produce un desfuncionamiento que acaba por alcanzar a todo el sistema. ¿Qué buscaban los (i)responsables con tal elección? Perpetuar, sin duda, su status evitando que los estratos inferiores bregaran por ocupar su lugar. Se cambió el equilibrio móvil por el inmovilismo forzado. Una vez consumada la elección, el pacto de no-agresión y de no-crítica siguió de forma natural. Los problemas quedaron estancados y no se pudieron solventar (o, al menos, considerar) hasta un recambio jerárquico (que ahora sí, hecho consumado, aceptó y perpetuó la elección ponzoñosa de su antecesor, buscando nuevos subordinados a-críticos afectos a la nueva línea). Y como diría Jacques Brel, et la crise arriva….et nous voilà ce soir……

sábado, 9 de julio de 2011

Movimientos


La Traslación es el movimiento que nos lleva hacia un objetivo y que por concatenación nos hace recorrer un espacio de objetos. La Rotación es el movimiento que nos centra en nuestra interioridad y nos hace partícipes de la naturaleza de los procesos. La condena de la traslación es el eterno vagar errante por no hallar el objeto deseado; la condena de la rotación es el eterno girar sin encontrar el centro inmóvil.   Los occidentales han buscado su cielo mediante la traslación; los orientales su nirvana mediante la rotación. El movimiento que se corresponde con la globalización es el de vibración, partícipe de los dos anteriores pero diferente a ellos. Resulta de la proyección unidimensional de la bidimensional rotación y da la sensación de traslación truncada, pero la Vibración es el movimiento de la resonancia, de la correspondencia, del símil, la participación, la respiración, el cosmos.

miércoles, 6 de julio de 2011

Rarezas

           
Cuando, en un contexto convencional, hablamos de alguien ó algo raro, inmediatamente nos hacemos con una imagen mental claramente negativa, asociada con comportamientos a-sociales, hechos inverosímiles ó extravagancias varias. Y raro simplemente denota poco abundante, que se sale de lo común sin llegar tampoco a ser excepcional. Si es en lo común en donde desplegamos nuestro campamento base, entonces todo lo que se salga de esta zona confortable despertará en nosotros emociones negativas. Si por lo común entendemos la mediocridad diaria –por dorada que sea- entonces lo raro puede verse como una escapatoria a la estupidez cotidiana. Cuando leyendo un libro de ideas encuentras una con la que resuenas especialmente tienes la sensación de haber encontrado un diamante ó una pepita de oro. Cuando en la misma situación encuentras la idea con la que resuenas especialmente cada dos páginas (existen autores muy interesantes, pero sumamente repetitivos), a cada nueva repetición la sensación de que el diamante pueda ser en realidad un trozo de vidrio va constantemente en aumento. En las ciencias de la naturaleza, la utilización histórica del epíteto raro conlleva un significado similar. Una atmósfera rarificada es aquella en la que existe poca cantidad de gas y, por consiguiente, poca presión. El grupo de elementos químicos lantánidos se había llamado antiguamente el de los elementos de tierras raras. Los lantánidos están diseminados por toda la superficie terrestre, pero en concentraciones más bajas que otros elementos químicos. Parece como si cada vez más lo bajo, lo feo y lo sucio fueran lo habitual y lo elevado, lo hermoso y lo limpio, lo raro (y que conste que este no es un discurso de internado de señoritas de otra época). No estoy hablando precisamente de una mera traslación hacia nuevos ejemplos que amplíen los citados conceptos. Estoy hablando, más bien, de nuestra complacencia en las regresiones. ¿Cualidades raras hoy en día? La elegancia, la discreción, la modestia, el saber-hacer y la autoestima. Amén.

miércoles, 29 de junio de 2011

Indignados


   A lo largo de la historia, la decadencia de determinada civilización que había agotado su ciclo se solapaba con la pujanza de una nueva civilización alternativa, que a la postre la sucedía. Hoy en día, cuando el mapa de las civilizaciones independientes se ha agotado y todos los habitantes del globo terráqueo formamos parte de una misma comunidad (con determinadas variantes dependiendo de la carga histórica de los diferentes pasados particulares), la única salida no abrupta a la crisis debe de proceder del interior de la propia sociedad. Y debe de proceder por integración de las diferentes variantes de que hablaba anteriormente. Y para poder cambiar, lo primero es reconocer que algo no funciona, pero no por su supuesta esencia ó ideología particular, sino por su agotamiento histórico. Ya sé que una buena parte de los componentes de los grupos de indignados que agitan ahora mismo varias ciudades mediterráneas pertenecen a la generación de los consentidos y que su gesto puede encuadrarse dentro de la estrategia de la rabieta que han practicado desde pequeños con sus padres. Su presencia se me aparece, sin embargo, como una toma de conciencia, como una bocanada de aire fresco, como han dicho algunas personalidades. Parte del stablishment actual, que en su día se identificó con el Mayo del 68, se ha olvidado ya de que entonces, como ahora, los jóvenes tomaban conciencia y, de alguna manera, denunciaban el final de una situación sin salida aparente. Para tales miembros del stablishment hay una gran diferencia entre entonces y ahora. Sí que la hay: que ahora ellos forman parte del grupo que entonces combatían. Ya lo dijo Picasso: las revoluciones nacen de pie y mueren sentadas.

viernes, 24 de junio de 2011

Equívocos

           
Hace pocos meses falleció a edad más que respetable uno de los decanos de los compositores estadounidenses, Milton Babbitt. Babbitt fue pionero del serialismo y la música electrónica en el Nuevo Mundo, pero la mayor difusión de su nombre la alcanzó en 1958 por un escrito para la entonces popular revista High Fidelity. El título original del escrito era “The composer as specialist”, pero fue cambiado sin su conocimiento al más vulgar y ofensivo “Who cares if you listen?”. En él recordaba que la época en que el hombre común podía entender las más avanzadas teorías científicas ó modelos filosóficos hacía ya mucho tiempo que había pasado a la historia. Sin embargo, nadie hablaba de decadencia ni de conspiración relacionados con este hecho, al contrario de lo que pasaba con la música más avanzada. Más de treinta años después Babbitt todavía decía que era más recordado por ser el autor de “¿A quién le importa si escuchas?” que por haber compuesto “música la cual te puede o no importar escuchar”. La confusión sigue presente en nuestros días, pero se ha ampliado a otros campos artísticos. Además del eterno problema de la catalogación de la música (todavía no existe un buen adjetivo para la música “clásica”, “seria” ó “artística”) ahora también se confunde la literatura con los best-sellers de usar y tirar y la pintura con las cosas que cuelgan en las paredes de hoteles y salas de convenciones.

domingo, 19 de junio de 2011

Sentimiento de culpabilidad


La influencia de los movimientos New Age ha llegado a hacer creer firmemente a la sociedad que el sentimiento de culpabilidad que tradicionalmente han mostrado sus individuos era algo impuesto y que había que desprenderse de él a toda costa para lograr una liberación. Y resulta que ahora empezamos a intuir que en realidad no es exactamente así. La visión materialista que dominó durante mucho tiempo (la mitad del XIX y una parte del XX) la intelectualidad europea (y que ahora todavía domina el pensamiento popular) quería hacer de este sentimiento una construcción por parte de las fuerzas dominantes del sistema ideado con objeto de ejercer el poder sobre el depauperado individuo. Este tipo de pensamiento –como tantos otros capítulos de la condición humana- presenta una componente inmadura que asigna unas categorías –en este caso la de los poderosos y los débiles- y que instrumentaliza el pensamiento profundo como pura manipulación de los primeros sobre los segundos. Lo cierto es que sea cual sea el paradigma dominante habrá un grupo que intentará dominar al resto. La minimización de este fenómeno solamente se puede lograr mediante la educación y concientización del máximo volumen de individuos. Todo ello dista mucho de decir que el sentimiento de culpabilidad no se haya instrumentalizado por parte de ciertos grupos con objeto de ejercer un control, un poder (las jerarquías de la Iglesia Católica, sin ir más lejos). Y esta instrumentalización incluso ha dado lugar a lo que los grupos New Age critican, es decir, la anulación del individuo (la alienación, en suma, obtenida a través de los más variados paradigmas sociales y de pensamiento). Una gran dosis de culpabilidad como la que describo es sobremanera perniciosa, pero una falta total de ella –lo que ahora se nos presenta cotidianamente- es igualmente perniciosa, porque ha destapado lo que hay detrás: un egotismo que no parece tener límites. Hay que liberarse, por tanto, de la culpa que no deja avanzar, pero hay que evitar ignorar esta parte de la conciencia que nos equilibra. En una escena de Zelig, el mutante personaje encarnado por Woody Allen es psicoanalizado por la terapeuta interpretada por Mia Farrow. Zelig, trocado por la presencia de la psicoanalista en un congénere, pretende querer abandonar la estancia para ir a la ciudad, en donde el Dr Freud imparte un curso sobre masturbación. –“¿Sentimiento de culpabilidad?” pregunta la Dra Eudora Fletcher. –“No, no; yo voy al curso avanzado”, asegura el paciente.

domingo, 12 de junio de 2011

Per la Reyes




No serà falaguer, l'estiu, i la tardor
-saps prou com l'estimàvem-
serà potser en excès melangiosa.
Quan s'escurcin els dies te'm faràs més present
perquè el silenci fa més densos
els records, i més íntim el temps
que ens és donat per viure'ls.
A ulls clucs et veuré: tot serà tu
per la cambra, pels llibres, en la fosca.
Després passaran anys i esdevindràs translúcida
i a través teu estimaré el futur
potser sense pensar-te ni sentir-te.
Arribaràs a ser una part tan íntima
de mi mateix, que al capdavall la mort
se t'endurà de nou quan se m'endugui.



Miquel Martí i Pol

jueves, 2 de junio de 2011

Aquí y ahora

                        Como sucede con cualquier otra simplificación, resulta un poco complejo resumir las diferencias entre la música del S XIX y la del S XX e identificar cuáles son los elementos que distinguen la “dionisiaca” música del XIX de la “apolínea” música del XX (por utilizar la dicotomía utilizada por Nietzsche). De hecho, más que comparar de forma analítica entre entre grupos cerrados lo significativo sería considerar la evolución global de la cual ambos grupos son instantáneas (trabajo ímprobo que dejo para otro día). La diferencia mayor en cuanto al ethos de ambos grupos viene dado por su relación con el ser y el existir. La música del XIX representa una búsqueda constante de una meta no muy bien definida. En ocasiones esta meta se asocia con un retorno al supuestamente prístino origen (Romanticismo) o también con un supuesto reposo que sólo es dado junto con la extinción (Romanticismo de nuevo; los ideales de este movimiento en música se extienden en la historia mucho más que los correspondientes en literatura). Y esta digamos función psicológica viene asociada a la digamos estructura armónica de la música. Durante el XIX el desarrollo de la armonía y el llamémosle empobrecimiento de la función rítmica fueron los procesos más destacables. Si atendemos a la evolución de la estructura rítmica de la música podemos afirmar que la explosión acaecida en este terreno durante el Renacimiento (ya preludiada en el Ars Nova) y su posterior imbricación en la rítmica motórica barroca (fiel estructura gemela del inmenso mecanismo de relojería newtoniano) que a su vez fue suavizada durante el clasicismo, verdadero punto de equilibrio entre melodía, armonía y ritmo, condujo a un colapso hacia finales del XIX por hiperdesarrollo de la armonía a expensas de otros elementos. De esta manera la inestabilidad asociada a la búsqueda constante antes descrita se expresa a través de modulaciones no resueltas y ampliación del cromatismo, con la consiguiente debilitación del sistema tonal. La música del XX, por contra, representa una afirmación, un hallazgo constante del aquí y ahora que se logra básicamente o bien a través de una estasis armónica o bien a través de un ritmo irregular. Gran parte de la música de la primera mitad del XX (Stravinsky, Hindemith, Messiaen) utiliza recursos de este tipo (simultaneidad de progresiones, escalas con alto grado de simetría, escalas modales). Pero es que una buena parte de la música de la segunda mitad del XX también afirma el aquí y ahora bien por abundar en lo que se ha venido en llamar tiempo vertical ó instantáneo (Stockhausen) ó por incluir, de manera aperspectivista, una suma de procesos con apariencia borrosa (Ligeti, espectralistas). La música del XXI, como sucede en todo proceso dialéctico, nos obsequiará con la síntesis de los elementos otrora dicotómicos. Un temprano ejemplo lo puede constituir el minimalismo y la process music, donde el proceso es considerado dentro de un esquema estático repetitivo.