Cuando se es joven, si la suerte no te ha jugado una mala pasada en tus edades tempranas, predomina la esperanza porque todavía eres una potencialidad. El panorama que se te ofrece en el horizonte es muy ancho y crees poderlo abarcar todo con facilidad. Pero eso no deja de ser una ilusión. Conforme vas efectuando tu camino por la vida el panorama se va reduciendo considerablemente (otra ilusión; ésta vez más amarga). En progresión geométrica. Paradójicamente, sin embargo, el campo de experiencia que dejas atrás en el tiempo (si tal consideración “espacial” del tiempo se puede todavía sostener) llena de alguna manera la aparente reducción del panorama. Forma parte del camino de la vida. A la belleza del horizonte interminable ha de seguir, de forma natural, la belleza de la efectualidad realizada. Pero no tanto como un camino que no hay y que sólo se hace al andar sino como una transformación que se realiza en mayor ó menor grado. Conforme la transformación tiene lugar se nos abren nuevos horizontes, antes impensables. En la antigua India, la vida se dividía en tres segmentos; la edad de 0 a 20 años correspondía al aprendizaje, entre los 20 y los 40 era la época de la reproducción y la lucha por el pan con que sustentar a ascendentes y descendentes. A partir de los 40 años comenzaba la época en que se debía cultivar la filosofía; la edad de la sabiduría que podía alimentar a la nueva generación. De esta manera se cerraba un ciclo de eterna recurrencia. Una ilustración más de la diferencia entre Oriente y Occidente. Aunque cada vez somos más conscientes de tales diferencias, por lo que las vamos limando de forma inconsciente. Al andar no se hace camino; se hace accesible una mayor proporción de integralidad.
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lunes, 22 de enero de 2007
Horizontes
Cuando se es joven, si la suerte no te ha jugado una mala pasada en tus edades tempranas, predomina la esperanza porque todavía eres una potencialidad. El panorama que se te ofrece en el horizonte es muy ancho y crees poderlo abarcar todo con facilidad. Pero eso no deja de ser una ilusión. Conforme vas efectuando tu camino por la vida el panorama se va reduciendo considerablemente (otra ilusión; ésta vez más amarga). En progresión geométrica. Paradójicamente, sin embargo, el campo de experiencia que dejas atrás en el tiempo (si tal consideración “espacial” del tiempo se puede todavía sostener) llena de alguna manera la aparente reducción del panorama. Forma parte del camino de la vida. A la belleza del horizonte interminable ha de seguir, de forma natural, la belleza de la efectualidad realizada. Pero no tanto como un camino que no hay y que sólo se hace al andar sino como una transformación que se realiza en mayor ó menor grado. Conforme la transformación tiene lugar se nos abren nuevos horizontes, antes impensables. En la antigua India, la vida se dividía en tres segmentos; la edad de 0 a 20 años correspondía al aprendizaje, entre los 20 y los 40 era la época de la reproducción y la lucha por el pan con que sustentar a ascendentes y descendentes. A partir de los 40 años comenzaba la época en que se debía cultivar la filosofía; la edad de la sabiduría que podía alimentar a la nueva generación. De esta manera se cerraba un ciclo de eterna recurrencia. Una ilustración más de la diferencia entre Oriente y Occidente. Aunque cada vez somos más conscientes de tales diferencias, por lo que las vamos limando de forma inconsciente. Al andar no se hace camino; se hace accesible una mayor proporción de integralidad.
viernes, 19 de enero de 2007
Títulos
Es sobremanera común, en el mundo de la empresa –y también en otros-, en estos agitados días que nos toca vivir, encontrarnos con gran diseminación de títulos, reales ó ficticios, otorgados ó inventados, casi siempre rimbombantes y, por supuesto, en idioma inglés. Tienen la misión poco clara de actuar como bálsamo contra los ataques dirigidos, ya sea consciente ó inconscientemente, desde adentro ó desde el exterior, contra el ego, ese animalillo que tan fácilmente nubla nuestra conciencia. La misión es poco clara porque en vez de sanar al ego, lo que hacen es aliviar momentáneamente sus dolores. No lo transforman sucesivamente en amor propio y después en autoestima. Muy al contrario, al anestesiar al animalillo, éste se desarrolla con mayor libertad porque no hinca sus garras en la conciencia. Cuando el efecto de la anestesia se evapora –lo cual sucede progresivamente con más facilidad-, el dolor es mayor porque la distancia entre la conciencia y el inconsciente se ha agrandado. Si cultivamos directamente la autoestima, lo cual no es tarea fácil porque el esfuerzo precisa de una madurez que a primera vista resulta menos atractiva, tenemos al ego controlado no con anestésicos sino por transformación, por suplantación, como la rana que se transforma en príncipe. Basta un beso de amor.
miércoles, 10 de enero de 2007
Interior/Exterior

En su tratado Psychologische Typen Carl G. Jung clasifica a los seres humanos como introvertidos cuando el objeto de su recorrido vital se halla en el interior y de extravertidos cuando dicho objeto se halla en el exterior de ellos mismos. Evidentemente, dicha clasificación se refiere a la parte consciente del proceso. Porque el recorrido exterior no tiene sentido sin una asimilación interior y a su vez el recorrido interior es estéril si no va acompañado de una práctica exterior. Para el introvertido, la lucha diaria por la subsistencia supondrá, por regla general, mayores esfuerzos que para el extrovertido. Para éste último, por el contrario, la digestión de un evento trágico, que lo pondrá automáticamente en contacto con su interior, será un proceso más delicado que para el primero. Para el introvertido la necesidad de aventuras externas suele ser menor porque de alguna manera considera que lo que puede hallar afuera también está adentro, mientras que para el extrovertido la necesidad de interiorización es menor porque también de alguna manera considera que su camino vital sólo tiene sentido si se “llena” de experiencias. La relación de lo externo con lo interno precisa de una constante retroalimentación que sitúe y guíe en todo momento el curso de la parte complementaria. Un científico –por muy teórico que sea- sin capacidad de observación de lo externo difícilmente dispondrá de un punto de partida estable. Pero si este científico es incapaz de generar nuevas percepciones a través de su visión interior, será siempre más funcionario que científico. Utilizo el término “funcionario” con el sentido habitual que la cotidianeidad le otorga. En la Historia ha habido grandes funcionarios como Kafka, Einstein ó Satie (aunque la fase de funcionario de éstos dos últimos no duró mucho). Kafka, como muchos artistas, compensaba su insatisfactoria cotidianeidad con la actividad creativa. Esto nos lleva directamente a la consideración de la descompensación existente en numerosas ocasiones entre las vidas interior y exterior de artistas creadores ó intérpretes hipersensibles. El cliché quiere que los grandes intérpretes sean en su desenvolvimiento extraprofesional unos divos caprichosos con grandes residuos de infantilismo. Personalmente creo que los residuos de infantilismo los padecemos, en mayor ó menor grado, todos los adultos. Lo que sucede es que estos residuos crecen más fácilmente en un entorno de estrés emotivo y además se alimentan de la relación que muestra el intérprete con sus cualidades, que en tales ocasiones poseen unas dosis de conciencia mágica cercanas al mundo infantil. El intérprete notable con la conciencia evolucionada es preferible al intérprete notable con la conciencia poco evolucionada. En el mundo de la conciencia evolucionada, el binomio interior/exterior no es más que otra forma de dualidad ya superada.
jueves, 28 de diciembre de 2006
Harry Potter y la Falacia Pre-Trans

A los niños les encanta ver una y otra vez el mismo film hasta que se saben de memoria el más mínimo detalle. De esta forma hacen totalmente suya la historia que ven hasta literalmente fundirse con ella. Gracias a esta conocida tendencia he podido ver unas 500 veces, de forma fragmentaria, una aventura de Harry Potter. En esta historia de fondo peterpaniano nos encontramos una vez más con padres bondadosos muertos y padrastros malévolos vivos y molestando a la inocencia infantil con sus racionalistas ataques a la magia y a la imaginación. Al igual que Peter Pan, Harry Potter es un monstruo más horripilante que cualquiera de los que aparecen en sus aventuras. Niños que no quieren evolucionar, que confrontan su supuesta inocencia con el vil mundo de los mayores. Es una forma de ver el mundo, no peor que otras, pero sí, evidentemente, menos evolucionada. El padrastro malvado probablemente es tan malvado como el perverso Dr Caligari, que no es otro que el bondadoso director del manicomio en donde está recluido el loco que explica la historia del famoso film. Una vez más, la falacia pre-trans. Los cuentos de hadas son muy útiles, pero su utilidad es del mismo tipo que la del chupete. A partir de cierta edad el chupete está mal visto, aunque en ocasiones se buscan substitutos de todo tipo. Existe un tipo de cuento más evolucionado, la historia moral ó la fábula. Bajo este punto de vista considero La Cenicienta ó El traje Nuevo del Emperador (¡genial¡) más cercanos al mundo del adulto que las historias de mayores perversos y niños buenísimos. Muchos estudiosos (la junguiana Marie-Louise von Franz entre ellos) han estudiado con profundidad el significado psíquico de los cuentos de hadas. No puedo añadir nada nuevo. El paraíso no se encuentra al principio de la evolución, sino al final, después de despertar de todos los sueños, que nos envuelven a todas las edades.
martes, 19 de diciembre de 2006
Artilugios

En los últimos meses he tenido ocasión de visitar diversos centros de enseñanza primaria. En todos ellos el "laboratorio" ó "taller" ó "lo-que-sea" de informática adquiere cualidades de sancta santorum. El ritual, como es de suponer, lo celebran los educadores, no los niños. Creo que los niños se manejan perfectamente con los ordenadores, artilugios con botones, mandos a distancia y teléfonos móviles. Los mayores no tanto, y por ello proyectan tan fácilmente sus frustaciones sobre los niños. Los mayores quieren que sus niños, de mayores, sean premios Nobel ("il sera pharmacien parce que papa ne l'etait pas"). Yo prefiero que mi hija sea ella misma, pero que alcance suficiente madurez emocional como para situarse en una zona de elevado nivel de conciencia que le permita sobrevivir con dignidad. Por eso preferiré explicarle ideas que funcionamiento de artilugios. Yo le explicaré a Kant y a Einstein mientras ella me asesore de cómo caray se utiliza el teléfono móvil. De esa manera evitaremos al Gran Hermano.
miércoles, 15 de noviembre de 2006
Vivencias

El artista creador materializa una experiencia previa. Pero tal experiencia ¿Cuándo y dónde ha tenido lugar? Muy probablemente se trata de una experiencia originaria, situada fuera del plano mental y, por tanto, situada fuera de la contingencia espacio-temporal. Esto suena a misterioso. Y lo es. El arte más perdurable es misterioso, como tantas cosas en la vida. Cuando se repite una y otra vez que la música expresa sentimientos se está confundiendo el océano con un vaso de agua. La música se forma en nuestra conciencia como lo hacen las percepciones, las sensaciones, los sentimientos, las vivencias, las formalizaciones, los razonamientos, las intuiciones, las ocurrencias ó las reflexiones. En el caso de la literatura esta experiencia proviene de la esfera externa en más ocasiones que cuando consideramos otras manifestaciones artísticas. Por pocas dotes y bajo nivel de energía psíquica de que se pueda disponer de cara a la expresión literaria creo que es corriente que el primer impulso que se manifiesta a este respecto -consciente o inconsciente, más o menos oculto- se puede relacionar con una vivencia externa que acaba encontrándose y fusionándose con su contrapartida interna. Racconto la mia vita anche se mi metto a sprimere la storia di un pesce, dice Fellini, maestro de la mistificación. Cuando un mortal está realmente dotado al respecto es capaz de hacer desaparecer el andamio (ó integrarlo de una manera estética dentro de su construcción hasta el punto de hacerlo virtualmente desaparecer, como hace precisamente Fellini), ofreciendo entonces una perspectiva universal que puede cautivar al receptor, haciéndolo participar en una catarsis más o menos colectiva. La experiencia, interna ó externa, se halla en la propia base del fenómeno estético. Aunque esta experiencia interna no sea vivida como contrapartida a una experiencia externa tiene suficiente valor como para engendrar, por medio de la materia, la obra artística. No como paliativo de esta realidad externa –como afirmaba Freud- sino como fuente que abre la conciencia a nuevas posibilidades de desarrollo.
lunes, 13 de noviembre de 2006
Paisajes

La mayor parte de los artistas adscribe sus realizaciones dentro de un determinado “paisaje” que se suele repetir a lo largo y ancho de su obra. Dependiendo del correspondiente género artístico, dicho paisaje adquiere diversos nombres: arco dramático, para géneros artísticos croniques, trazo ó rasgo, para géneros atemporales. Muchos grandes directores cinematográficos presentan claros arcos dramáticos que se repiten en sus sucesivos filmes. Así, el arco dramático berlanguiano, en que un personaje ó un grupo de ellos, con el fin de mejorar sus condiciones de existencia, organiza un gran happening que hace que al final dichas condiciones empeoren, o el arco dramático wilderiano, en el cual un personaje hace la vista gorda con su conciencia y flirtea con actitudes inaceptables para él con objeto de obtener ciertos beneficios, hasta que, hastiado, renuncia a la mejora y es rescatado psíquicamente. Determinados compositores también muestran una clara predilección por ciertos arcos dramáticos sonoros. De los quince fragmentos que integran las cinco -hoy injustamente poco recordadas- sinfonías tripartitas de Arthur Honegger solamente uno, el final de la segunda, finaliza con una dinámica situada más allá del mezzoforte. Finalicen de forma sombría, juguetona, apaciguada ó esperanzada, el resto de los fragmentos acaba en piano ó pianissimo, efecto recalcado en el caso de la quinta sinfonía –di tre re-, en que un leve toque de timbal pp finaliza los tres movimientos. El efecto del arco dramático es muy notable, teniendo en cuenta otra característica esencial de los fragmentos sinfónicos honeggerianos: el lirismo un poco rudo expresado en ff por medio del tutti orquestal. En ocasiones la gradación de planos sonoros es progresiva (literalmente perdemos altura a mayor ó menor velocidad), pero en algunos casos es abrupta, como en la tercera sinfonía, con objeto de reflejar un gran contraste anímico, o en el primer movimiento de la quinta, en que un plano sonoro en crescendo hasta el ff desaparece súbitamente para dejar paso a un segundo plano que parecía estar allí anteriormente, pero que no podíamos escuchar debido a la presencia del primero (como la luz del sol ocultando la de las estrellas).
Otro compositor del S XX con predilección para con cierto tipo de paisaje sonoro es György Ligeti. Buena parte de sus estudios pianísticos, así como numerosas piezas orquestales, finalizan en el registro más agudo en pp. Da la sensación como de transición ó escape hasta otra realidad a la que no se accede a través del oído. En cierta manera este final destroza la sensación de espacio global objetivo que podíamos haber tenido hasta ese momento. Existe un paralelo en el mundo de la danza: la coreografía original de Maurice Béjart para “Symphonie pour un homme seul” de Pierre Schäffer/Pierre Henry, en la que los bailarines “escapaban”, en cierta manera, a su plano de existencia habitual, abandonando el escenario por su parte superior por medio de cuerdas colgantes.
viernes, 10 de noviembre de 2006
Arias & Barcarolles

En cierta ocasión el presidente americano D. Eisenhower –que, por otra parte, no estaba demasiado versado en música culta, como se encargó de recordar L. Bernstein con su ciclo de canciones Arias y Barcarolas- reconoció que “el jazz es nuestro mejor embajador”. Es una frase que le honra. La lástima es que, si bien el jazz puede ser uno de los mejores embajadores de USA –como lo podrían ser los papers que se generan en las mejores universidades del país-, de hecho no es –no son- los más efectivos. El embajador más efectivo de USA es el cine. Pero no un cine cualquiera (que de todos los hay), sino el cine más convencional, el de usar-y-tirar, en suma. Este producto llega a millones de espectadores en el planeta que lo consumen como quien masca un chicle y luego lo tira. Pero este consumo deja huella, aunque inconsciente, en la mayoría de ocasiones. De repente, un sector de la población empieza a actuar de forma imitativa, como presa de la alienación. Lo malo del caso es que lo que se imita es simplemente un cliché, aunque pueda corresponder a una cierta realidad. Es como si nos diera por imitar a los antiguos romanos pero para acceder a ello no consultáramos a Tito Livio ó Julio César, sino a Cecil B. de Mille. Viendo ahora Ben Hur adivinamos más el look de los años milnovecientoscincuenta que el de los años cincuenta a secas. Los rasgos más directamente imitables son los que corresponden a la vestimenta –últimamente nos hemos visto invadidos por gorras de baseball ó por gorros de lana mientras la temperatura externa no desciende de 15º C, lo cual constituye todo un sacrificio en pos de la imitación-, pero el peligro mayor consiste en la imitación de otros clichés, como el del sueño americano, el del triunfador/perdedor, el del colonizador que lleva la felicidad al colonizado –éste ya se halla en declive, por suerte-, o el de la violencia como liberadora de la psique. En Estados Unidos, como en cualquier otro lugar del mundo, existen todo tipo de cosas, como todo el mundo da por supuesto en cuanto piensa un poco. ¿Por qué, entonces, la palabra América sigue poseyendo esa aura unidimensional que tanto encandila?
jueves, 2 de noviembre de 2006
Uniformes
Los uniformes unen a los miembros de cierta corporación, pero también los separan de los miembros de otras corporaciones. En algunas ocasiones esta separación se hace imperativa. Un ejemplo lo encontramos en el mundo del espectáculo. El hecho de que normalmente en el entorno de los conciertos los intérpretes se presenten ante el público con un atuendo que los distinga del mismo refleja la condición perspectival por la cual intérprete y público se hallan en distintos ángulos de tal perspectiva, el extremo emisor y el extremo receptor. Ello no significa que un punto de vista sea el activo y el otro el pasivo; ambos son activos a su manera, ambos poseen diferentes modos de percepción Cuando el número de intérpretes se eleva, el uniforme tiende no sólo a separarlos del público, sino también a unirlos corporativamente, igual que la afinación común tiende a unirlos en un único sistema acústico. Hace treinta años, siguiendo cierta mentalidad de la época, en ocasiones se ofrecían conciertos en los que los intérpretes lucían ropa informal, como el público. Esto parecía tan poco natural como lo que me ocurrió hace unos veinte años, cuando en un concierto privado y mientras saludaba observé, con cierta sorna, que el público, al igual que yo, lucía smokings y trajes de noche. El hecho de separar por medio de uniformes, sin embargo, también se ha aplicado, con mucho éxito por cierto, en actividades menos benéficas hablando en términos generales. Así, en el campo de batalla, antiguamente, el uniforme ofrecía, a rápido golpe de vista, la información necesaria para poder decidir entre la actitud amiga ó la enemiga, ensalzando de tal manera las fronteras territoriales ó tribales y ocultando las más profundas, ensalzando una vez más, por tanto, la renoiriana gran ilusión. La sublimación de esta actividad viene constituida por los deportes de equipo, que también agrupan y separan, pero en un marco que, al menos en teoría, debiera resultar más recreativo y distendido. Llevado hasta su extremo el uniforme puede también convertirse en la expresión de un cliché, que como siempre bloquea toda posibilidad de experiencia ulterior.
domingo, 15 de octubre de 2006
Records

Como ésta es la entrada del presente blog que hace la número 100, debería festejarlo al modo usual y celebrar un gran evento con gran derroche de narcisismo y ditirambos. Es muy significativo que hoy en día se le dé tanta importancia a premios, aniversarios y récords. Son tres modos diferentes, pero con cierto substrato común, de disipar la ansiedad –cartesiana ó no- omnipresente en nuestra época. Premios, aniversarios y récords nos aseguran que nuestra perspectiva se mantiene, que todavía podemos lograr cosas nuevas siguiendo los pasos de nuestros mayores, que nuestro espacio está rastreado, pero todavía queda algún resquicio donde encontrar una migaja. Precisamente el récord es celebrado como una bandera que se planta en un terreno cercano a nuestra percepción, pero todavía inexplorado. Al valedor de un récord en ocasiones se le concede un premio. Pero lo que nos fascina ahora de los premios tiene cierto aire de proyección inconsciente. Deseamos de forma más o menos inconsciente los premios para nosotros, si ello no es posible para un paisano y si así tampoco acertamos, para un individuo que viva en el mismo continente que nosotros. Y si eso también falla siempre nos queda el glamour –cualidad en alza- cocinado en los medios de comunicación. Y de la misma forma que rastreamos nuestro espacio –sin plantearnos la existencia de otras dimensiones-, rastreamos también nuestro pasado y cada año nuestras bases de datos generan la lista de efemérides y aniversarios a celebrar. Feliz entrada número cien.
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