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martes, 30 de diciembre de 2008

Toma el dinero y corre


En la actualidad, mucha gente no tendría ningún problema en afirmar que, en el campo del arte –ó los campos relacionados de la creatividad proto ó pseudoartística- lo que cuenta son las cifras económicas. Invocando un relativismo “de grandes almacenes” no tendrían ningún rubor en afirmar que El código da Vinci es superior a Der Schloss. En cambio casi nadie se atrevería a afirmar que la comida de los establecimientos de american fast food es superior a la de un modesto restaurante de cocina de mercado –y no digamos ya la de un cocinero con estrellas Michelin a sus espaldas-, caso paralelo al que exponía al principio. Aquí entra en juego el complejo tema publicitario. Lo que cada comprador compra –en ocasiones creyendo comprar otra cosa- es una cualidad que cree adivinar en determinado producto. Los organizadores de los fenómenos de masas saben muy bien qué es lo que mueve al cliente potencial a gastar su dinero. Y existen numerosas razones más relacionadas con la ilusión que con el producto: la exclusividad, el deseo de pertenencia al grupo y el valor de lo efímero, por ejemplo. Para algunos, el no haber leído en su día El Código da Vinci les supone el no sentirse integrantes de la manada y, por tanto, rechazados ó al margen de “lo moderno”. Ello hace de los best-sellers un tipo de productos de gran consumo, lo que casi siempre viene a significar baja calidad literaria, lo que significa ganancias rápidas y producto rápidamente olvidado. Es el toma el dinero y corre; la provisionalidad de nuestra situación.

lunes, 22 de diciembre de 2008

„Die Fünfte“




Hoy se celebra el 200 aniversario del estreno, en el vienés Theater an der Wien, de la beethoveniana V sinfonía. La célebre pieza ha sido siempre, desde su nacimiento, uno de los blancos preferidos –si no el que más- de los generadores de literatura asociada a los compositores y su música. Que si el destino llama a tu puerta, que si briosos corceles, que si mil batallas, desde Emil Ludwig a Romain Rolland, las imágenes más literarias que musicales han adornado algo que no necesita ningún tipo de adorno. Ya el propio secretario de Beethoven, Anton Schindler, propagó la idea, hoy día considerada falsa, de que fue el propio compositor quien le indicó la imagen del destino llamando a la puerta (lo que sí está demostrado es que Schindler falsificó los diarios de conversación de Beethoven). El discípulo del compositor Ferdinand Ries también contribuyó a la serie de clichés sobre el compositor en general y su V sinfonía en particular que todavía hoy no se han acabado de eliminar. Parece ser que toda esta literatura disgustaba particularmente a Beethoven, cosa nada sorprendente tratándose de un creador de formas puras y con una extraordinaria imaginación abstracto-formal. Es mejor dejar en la puerta de la sala de conciertos la literatura barata y comprobar que es la arquitectura, el equilibrio, la esbeltez, la estructura y la completitud lo que nos sigue maravillando de esta obra.

martes, 16 de diciembre de 2008

Catecismo Corporativo


Esta especie de esperpento de sociedad a punto del colapso que vemos por doquier y que sin embargo forma parte de la evolución natural de cualquier sistema –con sus correspondientes tiempos asociados: nacimiento, desarrollo y muerte- se hace todavía más patética cuando, con objeto de salvarse, lo único que hace es prolongar todavía más su agonía. Mientras una todavía pequeña parte de ella evoluciona lentamente abrazando nuevas concepciones otra buena parte de los sectores con más poder se aferra a las viejas con tal de salvar al máximo los muebles; muebles que antes ó después acabarán ardiendo. Y para colmo, en muchas ocasiones se coloca el disfraz de la moda de manera que acaba generando el famoso doble vínculo ó mensaje con metamensaje opuesto incluido. Las corporaciones, por demostrar que están al día y hacer caso a lo que sus carísimos consultores les indican incorporan cursos de formación en los que se enseña lo contrario de lo que desde su propia cúpula ellas mismas practican. Una versión particularmente peligrosa de lo que podemos clasificar de esquizofrenia social. Hace un mes que hemos asistido al triste espectáculo de un ministro belga que, tras ver denunciada en un blog la juerga nocturna que se corrió durante una superflua visita de trabajo a Nueva York, logró, utilizando los hilos secretos del poder, que despidieran del local a la camarera autora del blog, la estudiante Nathalie Lubbe-Bakker. Y encima, este energúmeno se permitió comentar que los blogs representaban uno de los grandes peligros de nuestro tiempo. Seguro que este personajillo, típico representante del arribismo moral de nuestra época, ha asistido a innumerables cursos en los que se destaca la transparencia como gran virtud social. Si los segmentos de la sociedad que poseen las mayores cuotas de poder son incapaces de evolucionar, los cambios vendrán de manera súbita y descontrolada. Es la diferencia entre una transición y una ruptura. Aunque por lo visto el tal ministro esté ahora en un aprieto teniendo que dar molestas explicaciones a los parlamentarios en Bruselas.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Centenarios


Una vez más hago referencia a una notable sincronicidad. Si hace un tiempo hablé de S. Hawking y T. Quasthoff como figuras representantes de nuestra época, hoy atiendo a otros destacados personajes que también caracterizan otro aspecto del presente. Hoy cumplen 100 años dos profesionales –dos artistas creadores- que ¡todavía siguen en activo!: el compositor estadounidense Elliott Carter y el cineasta portugués Manoel de Oliveira. Nuestra actualidad, ávida de records, homenajes y galardones tiene hoy carnaza asegurada, como recientemente pasó con el también centenario Claude Lévi-Strauss. El caso Carter merece todo un comentario. Este novayorkés eternamente sonriente ha hecho añicos los jalones alcanzados por dos ilustres predecesores suyos: el octogenario Verdi escribiendo Falstaff en 1893 y un joven Stravinsky de 85 años escribiendo Requiem Canticles en 1967. Pero aun hay más. Las citadas obras de Verdi y Stravinsky, por muy llenas de vigor que nos aparezcan hoy en día, no dejan de ser la coronación de una fructífera vida (en ambas obras, además, se da cita una especie de visión madura de la vida, tragicómica en el caso del italiano, despojada en el caso del ruso-franco-americano). Elliott Carter fue un buen compositor a los cuarenta años, un destacado compositor a los cincuenta años, un maestro a los sesenta años y uno de los grandes maestros a partir de los setenta. Y no sólo la calidad de su obra ha ido en aumento a partir de la edad en que sus citados predecesores establecieron los correspondientes récords; también la cantidad ha aumentado asombrosamente. Uno de los actos estrella del homenaje que se le ofrece estos días a Carter fue el estreno - el pasado día 4- en Boston por la BSO con Daniel Barenboim y James Levine de su reciente obra Interventions, escrita para celebrar su propio centenario. Hablando de sincronicidades, ayer mismo se celebró el centenario de uno de los compositores más influyentes del siglo XX, Olivier Messiaen. Quizás si el maestro de Avignon hubiera nacido un día más tarde también hubiera asistido a esta especie de festín de longevidad creativa que celebramos hoy.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Miedo


El miedo colectivo, que amenaza a la humanidad desde sus albores, parece haberse instalado de nuevo entre nosotros. Primero lo hace de forma inconsciente, amenazadora. Eso resulta ya muy terrible para una sociedad que tiene miedo de tener miedo, o sea, de enfrentarse cara a cara consigo misma. Porque tal cuidadosa autoobservación conduciría implacablemente a una catarsis largamente evitada. De forma significativa, esta especie de instinto de evitación lo único que hace es acelerar la huída hacia delante, como la de las protagonistas del film Thelma & Louise que, aplazando lo que parece inevitable no hacen más que aumentar la probabilidad de que eso mismo ocurra. Poco a poco la cara del adversario se va perfilando con más nitidez: cada uno teme perder aquello a lo que más se aferra: posesiones materiales, comodidades, poder, hinchazón del ego y mil cosas más. En este estado de cosas hacen su aparición los salvadores automáticos de la humanidad: las sectas, que piensan por ti, los fascismos, que actúan por ti, y los chusqueros miserables que han estado anteriormente agazapados –como los flamingeants de la canción de Jacques Brel, “fascistas durante las guerras y católicos entre ellas”-, personajes estos que aglutinan tanto elementos sectarios como fascistas. Entonces es cuando el miedo cobra una dimensión desconocida, porque por un lado es alimentado desde los sustratos más profundos de la mente y por el otro afecta a la pérdida de valores también más profundos, como el sentimiento de la libertad ó la dignidad humanas. ¿Cuándo empezaremos a escuchar a Laoconte en lugar de mirar hacia otro lado mientras el ruido de fondo crece de forma amenazadora?

sábado, 22 de noviembre de 2008

Fisica y misticismo




Hoy leo en el periódico una entrevista que ahonda en el tema de la relación entre la física cuántica y el misticismo oriental, tema ampliamente ilustrado con numerosos escritos desde hace ya bastantes años, desde El Tao de la Física de F. Capra (1975) hasta La Danza de los maestros de Wu-Li de G. Zukav (1979). El entrevistado afirma que la física cuántica y el budismo enseñan la misma cosa. La controversia también estuvo servida desde hace ya bastantes años, mayormente a través de numerosos escritos de Ken Wilber en los que este autor aduce, a través de su modelo AQAL, compartimentos estancos para ambos tipos de conocimientos. El mezclar los objetos –y por tanto, los espacios cognoscitivos- para ambas aproximaciones supondría una flatland, un mundo chato monodimensional. ¿Por qué entonces tanta tendencia a ligar ambos temas? Se puede explicar sencillamente si tenemos en cuenta que, en su evolución hacia estadios más avanzados, la cultura occidental –y, por tanto, la física, la espiritualidad, el arte y todo lo demás- tiende a acercarse y fusionarse con sus contrapartidas orientales. Así, el proceso que lleva al nacimiento de la física cuántica es de la misma índole que el que lleva a interesarse por un tipo de espiritualidad oriental, o que lleva en otros ámbitos a lo que Gebser denomina estadio aperspectivista. O sea, que la mecánica cuántica y el misticismo oriental no enseñan lo mismo pero el impulso que lleva a los occidentales a abrirse a ambos conocimientos sí que puede serlo.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Mediocridad


Una de las formas externamente más suaves aunque profundamente más combativas de ejercer la rebeldía consiste en dejar de alinearse con los poderosos. La pena resultante se puede adivinar fácilmente: desde el ostracismo hasta la represión propiamente dicha en grado variable. El alineamiento con el poderoso forma parte del instinto de supervivencia y hay que buscar sus raíces en un estado de conciencia bastante primitivo, el que se describe en el modelo de Beck-Cowan como meme púrpura. También se puede ver como un tipo de proyección del deseo de pertenencia propio del modelo de Maslow. Uno de los aspectos que creo más negativos de las competiciones deportivas –ya lo he apuntado alguna vez- consiste en esta tribalización (estados, países, ciudades) que acaba arrastrando a unos “hinchas” que supuestamente se identifican con una de las partes y combaten la otra. Los jugadores, debido a su profesión, suelen identificarse con una de las partes durante el combate para luego olvidarse de los alineamientos –ó mantenerlos dentro de unos límites aceptables-, hecho que en ocasiones es recriminado por los hinchas como “falta de sentimiento por los colores del equipo”. Aunque el mundo de las competiciones deportivas de equipos arrastra muchas identificaciones en masa, existe una alineación más terrible por cotidiana y más perversa porque juega con la subsistencia del individuo. Me refiero a la identificación con los “colores” de la empresa en la que trabajas. Creo que un buen profesional –desde los más especializados hasta los menos cualificados- ha de ponerse al servicio de su compañía, pero no es necesario que se alinee con ella en forma de adhesión inquebrantable. Eso lo suelen hacer los mediocres porque así se pueden engañar a sí mismos creyéndose algo que en realidad no son (y las empresas se guardan bien de mantener este status quo que siguen creyendo que les favorece). Ya sé que en una buena parte de las corporaciones son preferidas las adhesiones de mediocres que el pensamiento independiente. Acabo de leer Pasos hacia una Ecología de la Mente, suma de papers y otros escritos sobre muy diversos temas y obra más conocida de Gregory Bateson, pionero de muchas cosas, pero especialmente del pensamiento sistémico y de la visión alternativa que comporta (por si alguien hubiera sospechado sobre la procedencia de la inspiración para mis últimos y cibernéticos posts, aquí la tiene). Y hoy me ha llamado la atención su descripción de los circuitos de comunicación en el proceso de amaestramiento de animales. Bateson afirma que, para que un animal pueda ser efectivamente entrenado tienen que darse dos condiciones aparentemente contradictorias: por un lado, tiene que desplegar al máximo su inteligencia mientras que por el otro debe de limitar su inteligencia hasta un umbral el cual no puede sobrepasar. Y pone el ejemplo paralelo de un humano siendo hipnotizado. A mí se me ocurre en seguida otro ejemplo más cotidiano: el de las corporaciones. En el mundo de la empresa actual, uno debe de sacar lo mejor de sí mismo y poner toda su creatividad al servicio de su profesionalidad, pero manteniendo un claro límite que, una vez cruzado, amenaza con deteriorar los propios drivers y que, tarde ó temprano, acabará por provocar una desestabilización. Es necesario, por tanto, dejar a la entrada del trabajo aquella parte superior de la inteligencia que solamente servirá para crear conflictos internos, y usar la inteligencia solamente hasta cierto nivel, tal y como describe graciosamente un ocurrente colega.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Tipologías locales


Si construimos una matriz con algunos de los estados históricamente más representativos de la cultura europea digamos principal y las actividades culturales que podemos llamar básicas –filosofía, arte, ciencia- podemos observar claras tendencias adscritas a las diferentes tipologías locales. Por un lado tenemos a la Gran Bretaña, cuyo sentido de la practicidad ha presidido en gran medida su desenvolvimiento cultural. En la cultura anglosajona el arte ha sido mayoritariamente adorno (furniture, o ameublement) más que símbolo ó revelación. El retrato y el paisaje en la pintura han ido parejos al paisajismo musical –tan presente en la música de Elgar como en los madrigales de Morley y hasta en Los Planetas de Holst-. Y no estoy diciendo que en las Islas Británicas no hayan nacido pintores ó músicos de auténtico genio; simplemente describo el color de una situación histórica. Está claro que para tener una visión completa de un lugar y de una época es necesario no tan sólo atender a las grandes figuras sino también a todo el entramado orgánico alrededor de ellas. Presumiblemente por una razón análoga a la apuntada para el arte británico, la ciencia siempre ha sido el gran foco de ese país. La imagen del naturalista ó el astrónomo aficionado británicos se ha llegado a constituir en tópico. Y el tercer producto cultural mencionado anteriormente, la filosofía, ha girado también alrededor del polo de la ciencia. Gran parte de los más brillantes pensadores anglosajones (Ockham, F. Bacon, Hume, Russell, Whitehead, Turing) han dedicado sus reflexiones –empiricistas ó lógico-formales- hacia ó desde la ciencia. En gran contraste, en Francia el arte ha tenido un papel predominante sobre la ciencia. El arte francés es una de las expresiones en donde mejor se concilian el espíritu racionalista y el gusto por los placeres materiales que adornan el suelo galo. Una de las grandes características de Francia es su tendencia a la literatura –dicho esto sin ningún atisbo de sentido peyorativo- en cualquier orden de la vida nos hallemos. El arte, la filosofía y la ciencia en ese país tienden a ser literarios e intelectuales (en el mejor sentido de esta palabra). Si en algún punto el arte de Francia, tan dado a la mesura y a la elegancia, se ha desbocado, ha sido precisamente en su côté littéraire. Todavía hay mucha gente que siente cierto pavor ante la música de Messiaen por los títulos que utilizara el maestro para sus composiciones. No es de extrañar que muchos de los grandes filósofos franceses (desde los enciclopedistas hasta los filósofos de la postmodernidad) hayan dedicado más tiempo, en contraste con sus colegas isleños, a los problemas estéticos que a los epistemológicos. La ciencia en Francia también ha estado teñida de literatura: ¿O acaso los descubrimientos de Pasteur, Lavoisier ó Mme. Curie no están presentes en la conciencia de la colectividad como gestas novelescas en comparación con los correspondientes de Darwin, Boyle ó lord Rutherford? La posición alemana, de nuevo contrastante, ha sido la del equilibrio. En esa zona ha habido un interés histórico constante hacia el arte, la filosofía y la ciencia. Allí la historia del pensamiento no está esencialmente centrada en dar soporte a las otras actividades. Y si las filosofías empiricistas y racionalistas fueron durante un tiempo crucial en la historia europea las que tiñeron las conciencias locales británica y francesa, las de tipo idealista fueron las que colorearon el suelo alemán: Hume libera a Kant de su sueño cartesiano, pero le permite al mismo tiempo el ir más allá. Y si donde los anglosajones buscaban el sentido práctico los galos buscaban el sentido poético, los alemanes buscaban la afirmación que los liberara de la duda y estructurara su conciencia. Si quieres fastidiar a un inglés, hiere su soberbia, si quieres fastidiar a un francés, aprisiona su ego. Si quieres fastidiar a un alemán, simplemente improvisa, y lo dejarás hecho polvo. El final de una composición musical de Debussy es en muchas ocasiones imprevisible y parece disolverse, en claro contraste con los de su contemporáneo Mahler quien, inevitable herencia beethoveniana, anuncia que el final de su sinfonía se acerca un buen rato antes de que el evento efectivo tenga lugar.

domingo, 26 de octubre de 2008

Contenidos, procesos


Volviendo a la cibernética del intérprete musical pienso en las muchas reformas que ha habido en España en cuanto a las leyes de enseñanza durante los últimos (¿150?) años, en las que, tras recorrer a velocidades supersónicas parajes de lo más diverso, aparentemente se ha regresado a escenarios visitados anteriormente…pero muchas cosas se han perdido por el camino. En lugar de reforzar el loop del aprendiz de intérprete, promocionando el esfuerzo y valorando adecuadamente sus frutos, la actual tendencia, diseñada por intérpretes frustrados convertidos en resentidos burócratas, consiste en el adormecimiento de la conciencia. Hace un tiempo oí textualmente decir que “hoy en día lo importante para un estudiante de violín ya no es tocar bien el concierto de Mendelsohn, sino tener una idea clara de la esencia y significación de dicha obra”. Una vez más, lamentable. El intérprete tiene la idea clara de la esencia y significación de una obra desde un punto de vista subjetivo y tal idea nace precisamente de la resonancia a que en otras ocasiones hacía referencia. Que además disponga de un intelecto capaz de racionalizar esta idea es otra historia. Solamente un reducido porcentaje de instrumentistas –y el número de cantantes se puede contar con los dedos de una mano- dispone de esta capacidad, por otra parte innecesaria en su ejecución. Todo el tema entronca con algo mucho más general: se ha llegado a hacer de la enseñanza una pura transferencia de información. Se ha hablado mucho de contenidos y muy poco de procesos (aunque esta palabra –y sólo la palabra, sin claras asociaciones- ya se está poniendo demasiado de moda en determinados foros). Siempre he creído que gran parte de la deformación mental que padece el grueso de la población en su consideración de las ciencias experimentales como guardianas de las verdades últimas de la vida se debe a la manera como recibió sus nociones durante la enseñanza secundaria. El mundo de la física, la química ó la biología se describe en estos ámbitos (y, por desgracia, se sigue haciendo en los ámbitos universitarios, debido a un problema de contenidos) como un conjunto de leyes que se descubren ó deducen, y no como el resultado de la acción del pensamiento humano a lo largo del tiempo. Cuando se explica un conocimiento específico en un campo determinado ni se discute su origen. No se promueve la captación gestáltica de un paisaje –proceso relacionado, sin duda, con la formación de un bucle cibernético- y su aprendizaje tiene lugar como si se tragara una pastilla contra la acidez gástrica.

martes, 21 de octubre de 2008

Aplazamiento


El hace ya años inevitable crash financiero que el sistema está experimentando es el resultado del desbocamiento de un driver que –utilizando una vez más el lenguaje cibernético- está positivamente acoplado a su circuito de retroalimentación. Me refiero al afán por aumentar las riquezas materiales. Ya lo dice el refrán: cuanto más se tiene, más se quiere. La acumulación de riqueza material, de manera fabulosamente irónica, no produce tranquilidad sino todo lo contrario. Todos los mecanismos de compensación psíquica se disparan para advertir de que hay algo que no funciona (en otra época esto se llamaba mala conciencia). Y la víctima, lejos de interpretar esos signos como frenos, los interpreta como aceleradores. Y ya tenemos el acoplo positivo ó autoreforzante que lleva al colapso. En este caso hay muchos aspectos que una vez más nos hacen reflexionar. Primero, el tema de la otredad: nos dedicamos a escindir y lanzar lejos nuestro las causas denostando a los responsables directos del desaguisado, olvidando que los responsables somos todos los que formamos parte del sistema (lo cual no quiere decir ni mucho menos que apruebe sin más las medidas de reflotación que se están adoptando para salvar a los ladrones de guante blanco y al sistema al cual pertenecen). Segundo, y tal como decía hace un tiempo, la insensata visión de dos bloques socio-políticos antagónicos pugnando por tener la razón se desvanece. Hoy en día tanto el socialismo como el capitalismo entendidos a la manera tal y como se llevaban a la praxis hace cincuenta años están más que liquidados (¡tanto el uno como el otro, Mr Fukuyama!). Tercero, las limitaciones de un espacio de pensamiento: el espacio físico impone unos límites (los límites en la sostenibilidad de que tanto hablamos, por ejemplo), pero los espacios de pensamiento también los poseen. A pesar de que los hayamos querido ampliar hasta su máxima elasticidad mediante una palabra mágica que ahora nos pasa la correspondiente factura: aplazamiento.